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Pla mitjà d'una terrassa a mig muntar, a la plaça de la Font de Tarragona.

La reapertura de la restauración reanima las calles del centro de Tarragona

Plano medio de una terraza a medio montar, en la plaza de la Font de Tarragona.

Dues noies fent un cafè en una terrassa de la plaça de la Font de Tarragona.

La reapertura de la restauración reanima las calles del centro de Tarragona

Dos chicas haciendo un café en una terraza de la plaza de la Font de Tarragona.

Primer pla d'una restauradora netejant una taula al carrer August de Tarragona.

La reapertura de la restauración reanima las calles del centro de Tarragona

Una restauradora limpiando una mesa en la calle August de Tarragona.

La reapertura de la restauración reanima las calles del centro de Tarragona

Los establecimientos recuperan el pulso pero todavía a medio gas

Actualizada 23/11/2020 a las 13:33

El primer día de reapertura de bares y restaurantes ha reanimado las calles del centro de Tarragona en el primer día de la fase de desescalada. Más gente por la calle que los últimos días, primeros cafés en las terrazas después de cinco semanas y restauradores preparando las cocinas para las primeras comidas. Sin embargo, a un ritmo inferior de lo que es habitual. Algunos propietarios lamentan que con el teletrabajo muchos de los clientes que tenían todavía no los recuperarán mientras que otros afrontan con esperanza los próximos meses, a pesar de las dificultades acumuladas durante la pandemia. Entre estos están los comercios, que esperan que si hay más gente en la calle también tendrán más clientes.

Clientes y restauradores se han reencontrado este lunes . «Lo echaba de menos», ha reconocido Soda Seck, mientras hacía un café con leche en la plaza de la Font. «La ciudad cambia mucho cuando las terrazas tienen gente», ha añadido. Otro consumidor, Pere Lapeyra, cada día toma un café en una panadería de la calle Comte de Rius. «Hasta ahora hacía cola y sacaba el vaso de plástico pero ahora ya puedo estar aquí en la terraza, y es fantástico», ha afirmado.

Aun así, en la primera mañana no han estado muchas las personas que han aprovechado la reapertura de bares y restaurantes. Marta Ferré, hija de la propietaria de la cafetería Capuccino ha apuntado que esperaban «mucha más gente». «Necesitamos que toda la gente de la ciudad nos ayude, hemos estado tres meses cerrados este año», ha recordado.

El establecimiento sirve comidas y cenas, pero Ferré no es muy optimista con las comidas al atardecer. «Nos dejan abrir hasta las nueve y media, y ojalá la gente cambie el chip, pero no creo que entre semana la gente se siente a cenar a las siete de la tarde», ha razonado. Con todo, confía que el fin de semana, aunque sea a base de tapas, los clientes coman más pronto. También echará de menos los visitantes de localidades vecinas el fin de semana, puesto que el confinamiento perimetral se mantiene. Entre los clientes, en cambio, comprensión con la medida. «El toque de queda me parece bien. En invierno se de noche a las séis y encuentro que es buena idea continuar cerrando los locales a las diez», ha dicho Seck. Para Lapeyra, lo principal es «que han desbloqueado la economía de mucha gente».

Otro aspecto intrínseco en invierno es el frío. Con el descenso de la temperatura los clientes tendrán menos ganas de estar en la calle y en el interior, con las restricciones de aforo, caben menos personas. Por eso, ya este lunes, algunos propietarios se apresuraban a instalar estufas en las terrazas.

Inaugurar y cerrar
Uno de los establecimientos que peor ha pasado el cierre de las últimas semanas es El Racó de la Raquel, una cafetería y panadería que inauguró el negocio el 15 de octubre, pero que al día siguiente tuvo que cerrar por las restricciones. «Queremos que poco a poco la gente nos vaya conociendo. Confiamos que todo el mundo volverá a salir a la calle y a consumir y tenemos la esperanza que la cosa mejore», ha afirmado Margarita, una de las propietarias. En su caso el cierre nocturno no la afecta, puesto que de entrada ya tenían previsto cerrar a las nueve de la noche.

Justo al lado, Meritxell Ascaso, propietaria de Ca la Meri, recogía y limpiaba las tablas de los primeros clientes del día. «Se ha notado la bajada. Nosotros tenemos mucha gente del Ayuntamiento y la delegación de la Generalitat y hacemos muchos almuerzos, pero como hay muchos que teletrabajan lo notamos», ha valorado. Además, confía que los trabajadores no cojan el hábito de hacerse la comida en casa y llevársela al trabajo, sino que sigan yendo al restaurante. En su opinión pero, la medida que más perjudica a los restauradores es la limitación de aforo. «La distancia entre mesas hace perder mesas a mucha gente», con lo cual, también la posibilidad de acoger a más clientes. Ascaso también se ha quejado de la falta de ayudas al sector por parte de la administración. De momento tan solo ha recibido 250 euros del Ayuntamiento de Tarragona: «lo que nos han dado hasta ahora es limosna».

Finalmente, otro sector muy tocado por la pandemia, el comercio, también espera que la reapertura de bares y restaurantes, de retruque, les beneficie. Con más gente en la calle, más opciones que entren a los establecimientos. Magda Ribot, propietaria de una tienda de ropa, confía más en los clientes fieles. «Sí que hay más ambiente en la ciudad pero más ventas, de momento, no. Quizás están todos en el bar», ha ironizado. Ribot ha analizado que como la gente hasta ahora apenas ha salido de casa, tampoco ha necesitado ropa nueva. Una tendencia que espera que cambie de cara Navidad.
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