Diari Més

El Comedor Social de Bonavista cambia de estrategia para seguir ofreciendo comidas

El equipo que comanda a Raquel Quílez cocina para las personas acogidas en el pabellón del Serrallo

Dos miembros de Cruz Roja recogen alimentos para llevarlos al pabellón del Serrallo.

El Comedor Social de Bonavista cambia de estrategia para seguir ofreciendo comidasGerard Martí

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La pandemia por coronavirus ha obligado a modificar el sistema de trabajo del Comedor Social de Bonavista, tarea que efectúa la Asociación Socioeducativa Juventut i Vida. El comedor tuvo que cerrar sus puertas por la aparición de la COVID-19 con el fin de evitar contagios entre los usuarios y los voluntarios que atienden este servicio solidario, pero en el interior sigue una actividad frenética. La responsable del comedor social, Raquel Quílez, informó ayer lunes en esta redacción de que «ahora estamos más organizados porque tenemos que atender mucha urgencia social y hacerlo de manera distinta a como hasta ahora». «Hace quince días el comedor cerró por seguridad», recordó Quílet, quien comentó que «ni haciendo turnos podíamos garantizar cumplir con la distancia de separación entre personas para evitar posibles contagios». El Comedor Social de Bonavista atiende, en circunstancias normales, a más de trescientas personas. El número de usuarios está creciendo a causa del coronavirus.

Con el comedor cerrado, la alternativa que puso en marcha a la responsable del establecimiento fue «repartir alimentos en las casas de los usuarios cada quince días». Además, «hacemos servicios de urgencia sociales» y otras personas acuden a buscar el paquete con los alimentos en la sede del comedor, pero de manera ordenada de manera tal que no haya más de cinco personas a la hora de recoger los productos.

Uno de los servicios que ofrece Juventut i Vida consiste en cocinar para las cerca de una sesentena personas sin techo que hay en el pabellón de deportes del Serrallo, donde han sido alojadas por el Ayuntamiento de Tarragona, y los voluntarios. «Preparamos la comida y la cena de lunes a domingo y venden personas de Cruz Roja a recoger los productos cocinados en el Comedor Social», dijo Quílez, quien añadió que al mediodía «es manjar caliente» y por la noche «bocadillos, galletas y leche», entre otros alimentos. En total, las tres personas que ahora mismo están en el Comedor Social preparan cerca de una sesentena de comidas diarias. «Trabajamos con servicios mínimos», apuntó Quílez, «pero tenemos el apoyo de mucha gente». Por otra parte, en el Comedor Social también se preparan paquetes con alimentos que se entregan mediante las peticiones que se hacen a los Servicios Sociales. A las personas que los solicitan «les damos día y hora para que vengan a recoger los paquetes, de manera que nunca haya más de cinco personas en la puerta». «Todo lo hacemos con las máximas medidas de seguridad, tanto para los usuarios como para nosotros,» dijo.

Raquel Quílez dio las gracias «a la gente del barrio, que nos está ayudando mucho; en Mercadona, que nos mujer excedentes y alimentos frescos para cocinar; el Banco de Alimentos, que nos facilita productos como arroz y legumbres para hacer los paquetes que destinemos a las familias, y el Consumde la Canonja que, mediante la policía local, nos trae alimentos cada día».

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