Diari Més

«Hemos hecho una piña»

Monitores y usuarios de la Asociación El Puente de Tarragona se confinan durante el estado de alarma

Una usuaria y un profesional de la Asociación El Pont de Tarragona dibujando.

«Hemos hecho una piña»ACN

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Los usuarios y profesionales de la Asociación El Pont de Tarragona se han confinado para minimizar el riesgo de contagio por coronavirus. A raíz del decreto del estado de alarma, los 25 residentes -mayoritariamente personas con discapacidad intelectual- se han agrupado en dos hogares residencia y los trabajadores sólo salen para ir a dormir en otro piso de la entidad. Ya han superado las dos primeras semanas de confinamiento y, según dicen, el esfuerzo vale la pena.

«Hemos hecho una piña y estamos consiguiendo que ningún usuario se haya contagiado», expresa Carolina Fernández, gerente técnica del servicio. Por ahora, los usuarios lo llevan lo bastante bien y sólo uno de ellos ha necesitado salir a la calle. Se han adaptado las actividades diarias y se les ofrece apoyo psicológico.

La crisis sanitaria ha roto las rutinas de los usuarios de la asociación. Los talleres ocupacionales donde trabajan han interrumpido la actividad y eso ha obligado a programar alternativas durante el día, como clases de zumba, lectoescritura y cocina. También se han flexibilizado las llamadas a familiares o amigos para minimizar la angustia que les supone no tenerles cerca.

Ante la crisis sanitaria establecieron que los profesionales pasarían todo el día con ellos en los hogares y que sólo saldrían para ir a dormir a otro piso de la asociación. Así, si no van a los respectivos domicilios, consiguen reducir el riesgo de contagio. »Ha ayudado mucho habernos confinado con ellos porque así ven que todos nos lo tomamos seriamente. Es muy bonito, ahora somos como una gran familia y nos damos apoyo», subraya Fernández.

La ayuda psicológica es constante a través de las mediaciones y tutorías. Para minimizar la angustia, han optado por reducir el consumo de noticias y han estructurado las rutinas diarias, ya que uno de los aspectos que más les cuesta gestionar es la temporalidad. Y es que la incertidumbre del tiempo que durará el confinamiento, los inquieta. En este sentido, la responsable del centro sostiene que, si la situación actual no se alarga más de un mes y medio o dos, no habrá consecuencias emocionales graves. Sin embargo, si se alarga, no descartan que algún usuario pueda sufrir algún brote.

Tienen herramientas para solucionar esta problemática, como la opción de salir a la calle durante un rato para «coger aire», tal como ya han hecho con un usuario que lo necesitaba. También los ayuda el hecho de que los pisos disponen de una terraza y un jardín pequeño. «Las personas con discapacidad nos dan una lección porque lo absorben todo muy rápido y tienen una capacidad de aprendizaje y de supervivencia que supera la nuestra», valora Fernández.

El lunes, parte de la plantilla hará el cambio de turno y pondrán en marcha una nueva ronda de confinamiento. Mientras tanto, el gerente de la entidad se ocupa de garantizar el aprovisionamiento de alimentos. Este responsable se encarga de hacer la compra y de depositarla en las oficinas, donde se mantiene dos días en cuarentena y se implementan medidas de prevención. «Estamos muy sanos y, a medida que van pasando los días, vemos que estamos consiguiendo el objetivo: que ningún chico se haya contagiado», resalta Fernández.

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