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Núria Pradas Autora de 'Tota una vida per recordar' (Columna) Literatura
Núria Pradas és autora de més d'una cinquantena de llibres.

«El trabajo de las mujeres en el mundo de la animación era|estaba muy delicado y poco agradecido»

Núria Pradas es autora de más de una cincuentena de libros.

Cedida

«El trabajo de las mujeres en el mundo de la animación era muy delicado y poco agradecido»

La escritora barcelonesa ha ganado el Premi Ramon Llull con una historia sobre la lucha de una joven para convertirse en animadora de Disney

Actualizada 25/03/2020 a las 20:22

—Su novela transcurre en Los Ángeles de los años 30 y, más concretamente, en los estudios de animación de Disney. ¿Qué la lleva a Usted hasta allí?
—El tema me lo dio mi hija, que es ilustradora y animadora. Ella me habló de cómo, en los inicios del mundo de la animación, les costaba a las mujeres llegar a ser animadoras. Primero pensé que era un tema que me quedaba lejos, pero me puse a investigar y me pareció que veía una novela.

—Nos situamos en un momento clave de los estudios, la producción y estreno de ‘Blancanieves’, el primer largometraje de animación. ¿Qué significó para la industria del cine?


—Significa el nacimiento de lo que hoy día entendemos como animación. En aquella época, en los estudios Disney se hacían cortos de Mickey, que eran cortometrajes con unos movimientos muy sincopados, colores muy estridentes y siempre con la intención de dar risa, con payasadas. En la novela hablo de Disney como un personaje con muchos claroscuros, pero también muy iluminado, un gran genio que se propuso equiparar el cine de animación con el cine en vivo, haciendo un largometraje donde se hablara de todo, y no fueran sólo cinco minutos divertidos. Cuando lo propone, en todos los diarios se habla de «la Locura de Disney». Aseguran que aquello es imposible, que nadie aguantará una hora y media. Pero fue la gran revolución. A partir de entonces, todo fue posible.

—Su protagonista es una mujer que quiere abrirse paso en un mundo de hombres. ¿Qué papel jugaban las mujeres a la industria de la animación en aquel momento?
—Muy secundario. En el libro explico como la protagonista, que es muy jovencita, se marcha de su casa a Nueva York en plena depresión económica y se va a Los Ángeles a estudiar con una beca en el Chouinard Art Institute, que era una de las escuelas de arte más importando de los Estados Unidos, y quiere entrar a trabajar como animadora. Pero la primera respuesta que recibe es que no hay mujeres animadoras. La novela explica su lucha, como va aprendiendo los oficios a través de los departamentos donde trabajaban las mujeres, y como poco a poco se va haciendo realidad su sueño (aunque la vida también le pone trabas, y no sólo en cuestiones laborales).

—Era un oficio muy artesano.
—El trabajo que hacían las chicas de tinta y pintura era muy delicado. Los animadores trasladaban sus dibujos a unas hojas de celulosa, plastificadas, llamadas cielos , y ellas, por la parte de detrás del dibujo, tenían que repasar las líneas con tanta precisión que no ocultaran ningún detalle, ni una pestaña. Después, aplicaban el color que se vería en la animación. Era un trabajo absolutamente necesario, pero muchas veces los mismos animadores desconfiaban de ellas o se enfadaban, porque decían que al pasar a tinta se perdían cosas. Además de ser desagradecido, estas chicas no tenían ninguna esperanza de crecimiento laboral. Pero también tenemos que tener en cuenta que estamos en el momento de la Gran depresión, y que trabajar en los estudios Disney, aunque fuera haciendo estos trabajos un poco secundarias, ya era un grande qué: en la calle, la gente hacía cola en los comedores populares.

—La novela nos presenta Disney un poco alejado del mito del genio bondadoso que todos tenemos en la cabeza.
—Sí, yo pienso que a menudo los genios tienen esta doble cara. Walt Disney pasó de unos estudios absolutamente familiares, con ocho personas, a una gran empresa de ochocientos empleados, donde ya no estaba el Tío Walt. La gente empezó a reclamar y quejarse de las diferencias de sueldo, que no hubiera una política de salarios clara, que las horas extras se pagaran según la generosidad del jefe... una serie de cosas que en aquel momento Disney no supo entender ni digirió. Sobre todo cuando sus animadores, aquellos que había visto crecer dentro de Disney, se le pusieron en huelga para reclamar unas condiciones laborales mínimamente decentes. Disney habla de traición, de comunismo, y no se puede negociar. A su hermano lo tiene que enviar de viaje para poder negociar él con los huelguistas.

—Finalmente, tengo que preguntarle cómo está viviendo, como autora, este paro en un momento tan importante para los escritores como es la previa de Sant Jordi.
—Con cierta decepción, claro, porque tenía muchas presentaciones programadas. Esta época es el momento de dar a conocer la criatura en los lectores, están las primeras firmas... es muy importante para nosotros. Pero el libro acaba de salir y las librerías han cerrado. Además, Sant Jordi no se celebrará el 23 de abril. El primer día fue un golpe fuerte, y lo está siendo también para los compañeros con libros que tenían que salir y se les han detenido. También para todo el sector. A pesar de todo, intento mirarlo con esperanza, nos tendremos que poner las pilas, estamos todos embarcados en esta crisis y tendremos que poner remedio, hacer el Sant Jordi cuando se pueda. Si no, habrá gente que no podrá levantar el chiringuito. El sector tiene que revivir de alguna manera.

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