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Ola de incendios en Australia
Fotografia des de primera línia dels incendis.

«Mi pareja y mi hijo de dos meses estuvieron 3 días cerrados en casa»

Fotografia des de primera línia dels incendis.

Anna López

«Mi pareja y mi hijo de dos meses estuvieron 3 días cerrados en casa»

Tres tarraconenses residentes en Australia explican cómo están viviendo el incendio más grave de la historia del país oceánico

Actualizada 16/01/2020 a las 22:09

Las lluvias de los últimos días en Australia han aliviado, en parte, los incendios que vive el país oceánico. Sin embargo, los diferentes fuegos siguen quemando el territorio y, a estas alturas, ya han calcinado 11,2 millones de hectáreas, han matado a 29 personas y millones de animales y han destruido más de 2.500 viviendas.

Una de las personas que ha sido más cerca del fuego es Anna López, una fotoperiodista reusense que el pasado septiembre decidió ir a Australia para satisfacer su gusto de viajar. Actualmente está viviendo en una isla de Queensland, lejos de los incendios, pero desde que llegó al país oceánico estuvo viviendo en Yamba, en la región de New South Wales, una de las zonas más afectadas. López explica que con su furgoneta se iba moviendo por la zona y que, en varias ocasiones, cogió la cámara y se decidió a acercarse a los pequeños incendios más próximos. «Hablando con la gente que vivía en el bosque me pareció muy fuerte que algunas personas estuvieran tan tranquilas. Me decían que estaban acostumbrados a los fuegos porque es un país que sufre mucha sequía y que, aunque estos incendios eran más masivos, tenían tanques con agua preparados», relata la fotoperiodista.

Desde que llegó, los incendios fueron aumentando y, asegura, la mayoría de la gente estaba asustada. «Había días que no veías ni el sol por la cantidad de humo que había en el aire. La carretera que comunica Sydney y Brisbane estuvo cerrada bastantes días. Era todo muy caótico», asegura López. La reusense también lamenta que, a primera línea de fuego, podía ver canguros huyendo de las llamas con los pelos quemados. López reconoce que en una de estas excursiones cerca de los incendios se quedó atrapada en un pueblo en que sólo se podía acceder por una carretera, la cual cortaron, y se tuvo que quedar tres días. «Uno de estos días fuimos a pasear por el lugar donde había quemado y me impactó mucho porque el suelo quemaba, literalmente, se me deshicieron los zapatos, veías cómo los árboles iban cayendo chamuscados. Aquí también me asusté, era muy peligroso. Veías los animales escapando de las llamas. Era todo muy triste, nunca había visto nada igual», explica.

Desde el gobierno, según López, no se está gestionando bien la catástrofe. «Es cierto que todos los bomberos están dedicando su esfuerzo a apagar el fuego y también está llegando mucha ayuda y voluntarios de otros países, pero por Fin de Año, por ejemplo, no se cancelaron los fuegos artificiales de Sydney y se hicieron fiestas en todas partes cuando creo, sinceramente, que este dinero se podría haber destinado a seguir luchando contra los incendios», piensa la reusense.

Gerard Curto, un cocinero de Sant Carles de la Ràpita, también está viviendo en Australia, pero más alejado de los incendios masivos. Vive en Melbourne, a 130 kilòmetres del fuego más próximo, pero sin embargo asegura que la semana pasada llegó el humo por primera vez a la ciudad. «A las 12 del mediodía la ciudad era negra, no se veía nada», apunta Curto, que lamenta que «desconocemos cómo afectará a todo eso en temas de salud, sobre todo a personas mayores, bebés y personas con asma, a los quienes recomendaban que no salieran a la calle». «Esta mala calidad del aire provocó que mi mujer y mi hijo, recién nacido hace dos meses y medio, se tuvieran que encerrar en casa durante tres días», explica Curto, reconociendo que fueron los más «fastidiados». El sancarlense celebra también la gran cantidad de donaciones que han recibido en las zonas más afectadas, así como los voluntarios que han ido a ayudar. «En este sentido hay mucha cooperación. Actualmente han iniciado una campaña que te pide que cuando tengas vacaciones vayas a los lugares más afectados para dar apoyo al comercio y a la hostelería de la zona», explica Curto. «Hubo un momento en qué sí que barajamos la opción de marcharse, o al menos que mi pareja, que es francesa, y mi hijo, volvieran a Francia», asegura. Por otra parte, Curto destaca la «incertidumbre» y el «nerviosismo» que sufría la población. Además, dice, «salían políticos a hacer declaraciones pero no inspiraban mucha confianza y veías que no tenían el control de los incendios porque no tienen los medios». Finalmente, Curto observa que «aquí molestó mucho que el presidente del gobierno estaba en Hawai de vacaciones cuando había gente que lo ha perdido todo».

Rocio Misol también está viviendo en Brisbane, en el estado de Queensland. Es de Torredembarra y, después de vivir en Inglaterra decidió ir a trabajar a Australia para seguir aprendiendo inglés y conocer el país. Misol celebra las lluvias de estos últimos días, pero lamenta el hecho de que no sean suficientes para acabar con el fuego. Realmente podemos hacer vida normal porque aquí estamos a una hora de distancia y, de momento, el aire todavía no está contaminado. De todos modos ha llegado un poco de niebla provocada por los incendios y recomiendan que estés en alerta», explica. Misol apunta que los australianos «están frustrados porque el gobierno defiende que los incendios no son causados por el cambio climático, pero realmente sí. Les da mucha rabia no poder hacer nada para acabar con la catástrofe y quien puede no lo hace». «Cuando hablas con la gente de aquí lo pasas mal porque te pones en su piel. Lo peor es la incertidumbre porque no sabemos qué pasará, si se extenderá, si podremos seguir aquí en el país, etc», asegura la torrenca. De todos modos, Misol es optimista y remarca que «esta semana estamos felices porque llueve, al menos un poco.»

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