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Olga Xirinacs Autora de 'Natura' (Ed. Ganzell) Cultura

«La poesía subsiste y aquí en Tarragona se hace mucha, pero siempre será minoritaria»

La escritora tarraconense acaba de publicar su último poemario, un trabajo de recuerdo y homenaje a su paisaje vital

Actualizada 11/12/2019 a las 21:36

—En este nuevo poemario la naturaleza está presente en varias formas, como la flora, el relieve o los fenómenos meteorológicos. ¿Es un libro de añoranza a todas estas cosas?

—Siempre me ha gustado mucho ir a la montaña. Me lo inculcaron mis abuelos. Vivo en ciudad, pero los veranos largos, y siempre que he podido, he ido. Allí aprendí a mirar las flores, las plantas, todo en detalle y, ahora que no lo puedo tener, porque no me puedo desplazar, lo añoro tanto que buena parte de este libro es una gran añoranza. El poema que se llama Adiós, montaña, adiós , retrata la observación de todo eso, desde que llegábamos a la primavera, y hacíamos una contemplación lenta. Lo he guardado todo a la memoria, y cuando lo necesito, lo recuerdo.

—Cuáles son sus paisajes vitales?

Parece que, por haber nacido delante del mar, tendría que ser este. Y, si me lo sacaran, seguramente diría del mar lo que estoy diciendo de la montaña. Sin embargo, no sé por qué, la alta montaña siempre me ha atraído mucho. Es dura y se hace pagar, en cierta manera no se deja conquistar fácilmente, y quizás esta cosa tan grandiosa hace que la quieras tener para ti, o al menos contemplarla y decirle que bonita que eres .

—En qué circunstancias personales han sido escritos, estos poemas, y de qué manera se ven reflejadas?

—Hay un poco de todo. Se puede encontrar alguna cosa juguetona, canciones infantiles rescatadas. Yo había aprendido de mi abuela, pero mis nietos todo eso ya no lo sabrán, porque como ahora las familias se disgregan, ya no se hace el traspaso de las cosas vividas. También hay una parte del hecho de que estoy enferma. Aunque se me vea bien, la cosa va por dentro, y tengo conciencia, de eso. A los enfermos nos mantienen en un equilibrio, nos dan medicamentos y podemos ir durando. Y, mientras tanto, también podemos escribir. En el libro hay una serie hecha durante una quimio, en la que el aparato dispensador de líquidos iba haciendo una especie de compás, y yo lo aproveché para ir escribiendo en una llibreteta, convirtiendo una cosa desagradable en un pequeño poema que quizás te haga sonreír. Tú querrías que la vida fuera así, pero es al revés: generalmente, la vida es dura contigo, aunque tú te vuelvas dulce con la vida.

—Leyéndola uno tiene la sensación que Usted juega con los versos, hace lo que quiere según lo que necesita. ¿Es así como entiende la poesía?

—A mí, me enseñaron que los poemas no hace falta que sean siempre rimados a cada línea. Estos están muy pensados, son aquello que dicen versos libres . Pero estos son más difíciles de hacer, porque tienen que tener un ritmo interno de manera que, al acabar la línea o el verso, hayas dicho aquello que quieres, armoniosamente, sin disonar en ninguna línea. Es como con la música, hay que hacer que suene bien, articuladamente y por dentro, hasta el final. Como si fuera una prosa, pero escrita en líneas, y más trabajada. El poema es esencia, la prosa, necesidad de explicar más sobradamente.

—La poesía lo ha acompañado desde bien pequeña. ¿Qué relación tiene, con el género?

—empecé a escribir al colegio. Yo tengo ochenta y tres años y, como estaba después de la guerra, a las monjas les hacían hablar en castellano, pero eran maestros del tiempo de la República y me corregían los poemas en catalán. Después, los abuelos y padres compraban mucha literatura, y yo ahora tengo una biblioteca de 10.000 libros, que siempre me han acompañado. A mis veranos en Rubí había el señor Llacuna, que fue mi maestro poético y, hasta que no me encontró una cosa bien hecha no paró. Por eso yo siempre digo que hay que hacer caso cuando te dan una indicación, porque entonces ya vas encauzado. Más adelante, la necesidad de explicar me llevó a la novela y los cuentos, pero la poesía ha sido el sustrato de toda mi vida hasta ahora.

—Usted ha escrito poesía para niños. ¿Como voz el trabajo que se hace con la poesía en las escuelas?

—Pienso que en el colegio la poesía está muy bien enseñada, pero después llega un momento que parece que se pierde. Sin embargo, también hay adolescentes románticos que escriben versos, yo conozco unos cuantos. Quizás queda todo en la intimidad o se esparcen por las redes sociales. Además, ahora hay escuelas de letras. Antes, cada uno tenía que ser maestro de sí mismo. Pienso que la poesía subsiste y, aquí, en Tarragona se hace mucha, y de eso estoy contenta. Ahora, siempre será minoritaria.

—Usted ha publicado decenas de poemarios. ¿Cuándo mujer un libro por acabado?

—No acabaría nunca un libro, porque siempre iría añadiendo cosas. Pero hay que cerrarlos porque el editor marca unas páginas. La edición es cara y poesía se escribe mucha, pero que se compre ya es otra cuestión. Me parece que la gente no se gasta demasiado dinero en poesía. Pero sin embargo, nos vamos atreviendo a seguir escribiendo libros y algunas editoriales también se atreven a publicarlos.

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