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Denise Fresard, Paula Varas, Marina Canton i Francisco Alvear, parlant sobre la situació de Xile.

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Denise Fresard, Paula Varas, Marina Canton y Francisco Alvear, hablando sobre la situación de Chile.

Los chilenos que viven en Tarragona: entre la preocupación y el optimismo

Viven desde la distancia la difícil situación que vive el país y explican cómo se ha llegado aquí y cuál creen que es la solución

Actualizada 18/11/2019 a las 09:05

Miedo, preocupación y tristeza. Pero también euforia y optimismo. Con estas palabras Paula Varas, Marina Canton, Denise Fresard y Francisco Alvear definen cómo viven la crítica situación de su país, Chile, desde la distancia. Miedo, preocupación y tristeza, por la vulneración de derechos humanos que está sufriendo su pueblo. Euforia y optimismo, al ver que las cosas pueden cambiar con la respuesta de la gente ante la represión. La capital, Santiago de Chile, y prácticamente todas las ciudades del país se han convertido en un espacio de lucha por los derechos de todos los ciudadanos. Una revuelta iniciada principalmente por estudiantes pero que ha recibido el apoyo de la mayor parte de la población.

Alvear, que hace 15 años que vive en Cataluña y es profesor de universidad y activista social, explicó que «Chile es un país capitalista y ha creado un sistema económico que se basa en el endeudamiento a todos los niveles». «Hasta que llega un momento en que la gente no puede pagar y se empobrece, hecho que ha provocado unos niveles de delincuencia nunca vistos en Chile», añadió Fresard, que es escritora y sólo hace 7 meses que está en Tarragona.

El aumento de esta pobreza ha ido acompañado del crecimiento de la corrupción, sobre todo entre los cargos políticos. Los cuatro chilenos explicaban que se ha privatizado la sanidad, se han privatizado las pensiones, también el agua y la educación. Todo eso y muchos comentarios de burla de algunos ministros del gobierno chileno con respecto a las dificultades que sufre el pueblo, ha hecho que la gente sienta que se ríen de ella, se canse y salga a la calle para defender sus derechos. Alvear explica también que «todas las empresas privadas que ahora tienen el poder de todos los sectores que se han externalizado están en manos de los políticos, que lo único que quieren es lucrarse económicamente, que es la lógica del mercado, y no le puedes decir al sistema capitalista que renuncie a ganar». Y añadió: «Toda la lucha social chilena del último tiempo apunta al fin de este modelo económico basado en el lucro».

Varas, consejera de Nueva Ciudadanía en el Ayuntamiento de Tarragona advirtió que «nos estamos dando cuenta que España está viviendo un proceso de inicio similar, que está privatizando los servicios y que la gente que piensa que será mejor no sabe que, al fin y al cabo, quien pierde es la misma gente». Canton, que es ilustradora y hace 3 años que vive en Tarragona, asegura que cuando oye a políticos y opinadors españoles a favor de la externalización de las pensiones y de un modelo similar al chileno le entran «sudores fríos». «Realmente sufro, porque mi abuela cobra 300 euros mensuales», añadió. Canton explicaba que «no puede ser que estos servicios básicos estén en manos de alguien que ganará dinero, porque no pensará en la gente sino que pensará en él mismo».

Para entender que significa vivir en Chile actualmente, Varas explicó que «el país, durante el golpe de Estado, sufrió muchas violaciones en los derechos humanos y, con la llegada de la democracia, producto de la movilización popular, en lugar de cambiar al modelo y buscar el Estado del bienestar, que es lo que esperaba la gente, se profundiza hacia peor en aquel modelo, momento en que se empiezan a privatizar todos los servicios públicos del Estado». Al respecto, Canton dijo que «la actual constitución chilena es la del año 1980, es la de Pinochet, la de la dictadura». «Para mí, la constitución no sólo fue una herramienta para legitimarse Pinochet, sino que también fue una forma para dejarlo todo bien ligado», añadió Canton.

Según Varas, el pueblo se cansa cuando se da cuenta de las injusticias que está sufriendo, y una de ellas es cuando «se descubre que hay una colusión entre las empresas farmacéuticas para poner un precio para ellas enriquecerse, hecho que después pasa con más productos, como el papel higiénico o el pollo». Al respecto, Fresard aseguró que «el capitalismo se basa en la teoría del libre mercado, pero en otros países la colusión está penada, porque cuando todos los empresarios se ponen de acuerdo en los precios no hay competencia, y eso es un delito, menos en Chile, ya que el presidente Lagos así lo decidió».

Con respecto a la revuelta del pueblo hacia el gobierno y la autoridad, Fresard aseguró que «esta explosión social que aparece ahora, no surge de un día para el otro, viene de hace años». También aseguró que muchas asociaciones se han ido reuniendo pacíficamente durante mucho tiempo para hacer frente a las injusticias, y Canton añadió que revueltas, aunque no tan significativas como la actual, ha habido siempre. Alvear concluyó que, como también pasa aquí, «hay un divorcio entre la clase política y la ciudadanía». Y añadió que, desde su punto de vista, «lo que se está viviendo es lo más parecido a un estado pre-revolucionario». Varas defendió también que «el gobierno se ha equivocado al intentar detener esta movilización popular a través de la represión, porque el pueblo se ha plantado delante».

La solución
Según Canton, «primero de todo hace falta aplicar medidas de contingencia urgentemente, como el aumento del sueldo mínimo o acabar con la privatización de las pensiones, entre otros». «A largo plazo, creo que se tiene que hacer una asamblea constituyente que reforme la constitución porque si lo hacen los políticos actuales nada cambiará», añadió. Según Fresard, «el gobierno tiene el poder y el apoyo del ejército, y no les importa que la gente salga a la calle como está haciendo, porque prefieren reprimir que hacer las reformas necesarias. La única posibilidad es que los militares tuvieran la decencia de no ponerse del lado del poder, sino de la gente». Para Alvear, «la solución sería la dimisión del presidente Santiago Piñera».
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