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Gerard Quintana Autor de 'Entre el cel i la terra' (Columna Ed.)
Gerard Quintana aquest dimarts a Tarragona.

Gerard Quintana

Gerard Quintana este martes en Tarragona.

«Soy un escritor que ha hecho de músico durante treinta y cinco años»

El debut literario de Gerard Quintana es una historia enlazada que transcurre en Barcelona entre los años cincuenta y el final de siglo

Actualizada 03/04/2019 a las 12:04

—¿Cómo lo tengo que presentar?
—Como un escritor que ha hecho de músico durante treinta y cinco años, o como un músico que disimulaba que quería ser escritor.


—¿A día de hoy se siente más escritor que músico?
—Siempre me he sentido más escritor que músico. Empecé con la música porque escribía. Una gente de Gerona se juntaron y querían a alguien que les escribiera las letras de las canciones, y me vinieron a buscar porque había estudiado Periodismo, colaboraba con alguna revista y con unos compañeros teníamos un fanzín. Escribí varias letras y al final me quedé como cantante de la banda. Estudié Periodismo porque pensaba que así podría escribir. También hice interpretación en el Institut del Teatre de Barcelona, porque como gran tímido que soy, necesitaba el reto de subir al escenario. Pero siempre hice teatro de texto, la palabra era mi sitio y mi espacio. En Gerona, durante la infancia y la juventud, estuve viviendo encima de la librería de mi tío, la librería Geli. Con él tenía muy buena sintonía y a lo largo de la vida me hizo una especie de guía de lectura, sin ser yo consciente. El olor de libros era el olor de casa. Nunca he dejado de escribir, pero ser escritor me parecía muy pretencioso, habiendo libros tan inmensos.

—¿Por qué ha decidido dar justamente ahora el paso?
—Porque ahora me siento preparado para hacerlo. Siempre había dicho que para escribir antes tenía que vivir, era mi excusa. Quería tener un bagaje y una mirada lo más rica posible. Me pareció que los cincuenta años eran una frontera verosímil, y cuando llegué a esta edad sonó un despertador interno.

—¿Y cómo ha sido esta experiencia? ¿Ha podido disfrutar?
—Fue un acierto. He disfrutado muchísimo. Tanto, que me cuesta encontrar alguna otra cosa con que haya disfrutado tanto.

—¿Ni siquiera con todo lo que le ha dado la música?
—No es comparable. Con la música compartes desde el primer momento, pero escribir es un acto de soledad muy bestia. Sólo te acompañan los personajes, y acabas estableciendo una relación muy potente. Escribir no es comparable con nada. Pero también es peligroso, porque acaba siendo obsesivo, estás tan bien que no tienes ganas de volver a la realidad. También lo entiendo como una posibilidad de vivir dos veces, la ficción puede acabar siendo más libre e interesante que la realidad.

Entre el cel i la terra se nos ha presentado como una historia de amor.
—Yo lo plantearía como un canto a la libertad de unos personajes que van más allá de los límites y que no se mueven en las convenciones. Es posible amar de muchas maneras y amar al mismo tiempo. El protagonista de la novela decide no ser el que le tocaría, sino venir a Barcelona y vivir su sueño. Allí conocerá a dos mujeres, Neus y Ángeles, que representan dos formas de amar. Eso los marcará a los tres, y tendrán que afrontar una vida y un modelo de familia que seguramente no es el que se habían propuesto. Después, una segunda generación, la del Bru y la Clara, irá más allá. ¿Cuáles son las formas del amor y sus límites? ¿Hasta dónde somos capaces de ampliar estos límites con respecto a la vida, el amor y la propia libertad? Todo eso también está presente en los referentes literarios de la historia, empezando por Feuilles d'herbe de Walt Whitman, que marca este relato, y que es una ruptura con la poesía clásica, un canto a la libertad sin reservas.

—Encontramos también numerosos referentes musicales, que configuran casi una playlist para escuchar en paralelo a la lectura. ¿Cómo hizo la elección?
—La música me ayuda a explicar los personajes, su momento interior y su mirada. En la elección hay una intención, las referencias clásicas son de músicos que rompieron, ejercieron su libertad y le pidieron el máximo. Lo mismo pasa con las piezas de jazz. Hay mucho cuidado a la hora de escoger cada canción, qué edición o qué versión suena. Después, también hay una cierta reivindicación: vivimos en una sociedad en que, para aprender el lenguaje musical, tenemos que abandonar la escuela. ¿Por qué la música está menos valorada que otras disciplinas artísticas? Me rebelo y la hago protagonista.

—Los hechos históricos son otro hilo de la trama.
—También es premeditado. Tenía la voluntad de explicar la historia desde la mirada de los protagonistas. Eso se juntó con la conciencia de estar viviendo un momento histórico brutal, porque empecé a escribir poco antes del 1 de octubre. Quería hacer dialogar el lector desde su presente, con esta carga histórica tan potente, con el pasado más reciente. Por ejemplo, no es casual que la historia empiece poco después de la Huelga de tranvías del 51, la primera gran revuelta popular que planta cara al franquismo y que no nace de un liderazgo político, sino que viene de abajo, y que casa mucho con el presente, en qué se quiere decapitar líderes y gobiernos sin darse cuenta que la base, el motor, es el pueblo.
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