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En Tarragona hay casi treinta grandes carteleras ilegales

El Ayuntamiento ha impuesto multas en diez de ellas cuando se cumple un año y medio de la aprobación de la nueva ordenanza
  • Josep Maria Llauradó

Actualizada 14/01/2019 a las 08:07

El Ayuntamiento de Tarragona ha empezado, desde la aprobación en julio de 2017 de la nueva ordenanza de instalaciones y de actividades publicitarias, un total de 42 expedientes por carteleras ilegales. Anuncian supermercados, tiendas o productos y, en la mayoría de los casos, informan a los vehículos que circulan por las autovías que atraviesan la ciudad de la distancia de que los separa de una destinación comercial. Este tipo de publicidades, de grandes dimensiones, están prohibidas en todo el término municipal a no ser que estén en la parcela donde se desarrolla la actividad.

De los 42 expedientes abiertos, en 14 casos, según fuentes municipales, se han podido retirar. De entre los 28 restantes, en 10 se está haciendo el procedimiento de imposición de multas a las respectivas empresas publicitarias (que pueden ir de los 300 a los 3.000 euros). Con respecto a los otros 18 expedientes, se está pendiente de alegaciones o bien de comprobar que se hayan retirado.

La voluntad del área de Urbanismo del Ayuntamiento de Tarragona es la de retirar «todas las carteleras» que sean ilegales», pero también apuntan que los procedimientos administrativos de estos expedientes son «largos» ya que las empresas pueden presentar alegaciones, después recurso de reposición, y hasta agotar la vía judicial.

El conseller de Urbanismo, Josep Maria Milà, destaca que la ordenanza antigua, en vigor desde el año 1988, ya no permitía este tipo de cartelera en el centro de la ciudad, pero sí en polígonos industriales. Ahora, esta prohibición se ha extendido a todo el término. Tres grandes carteleras se encuentran, por ejemplo, tras la zona urbanizada –pero abandonada– del Plano Parcial 9, junto a los barrios Parque Riu Clar, la Alborada y la Floresta. Miran a la autovía y al centro comercial de las Gabarras, y son ilegales aunque ya se han consolidado como parte del paisaje. La nueva ordenanza sólo tiene una excepción: sesenta carteleras concessionades por el mismo Ayuntamiento y que les caduca la licencia en un año y medio. Cuándo este periodo finalice –así como todas aquellas que ya tenían licencia antes de la aprobación de la ordenanza y de la moratoria previa– se tendrán que retirar. De esta manera, la ciudad se volverá libre de carteles de grandes dimensiones.

En caso de que no se retiren, el Ayuntamiento tiene que afrontar gastos importantes, según destaca Josep Maria Milà, de manera subsidiaria, ya que todas las estructuras se tienen que transportar y guardar en almacenes. La sanción, una vez finalizado el expediente, se impone no sólo a la empresa que gestiona los anunciantes, sino también al propietario del suelo, para ahorrar de esta manera evasión de responsabilidades.

La nueva ordenanza, que cumple ya un año y medio en vigor, fue consecuencia directa de la polémica generada a raíz de un tótem publicitario instalado en el 2015 en un solar abandonado del barrio de Parque Riu Clar. La asociación de vecinos se quejaba pocos meses después de que la estructura, de diecisiete metros de altura, generaba inseguridad, tanto por el hecho de que se movía en temporales de viento como también porque jóvenes intentaban subirse. La propiedad intentó dilatar al máximo el procedimiento administrativo hasta que en el 2017 el Ayuntamiento ordenó su retirada por falta de licencia. Antes, de manera subsidiaria, el consistorio tuvo que desenchufar la luminaria de la estructura, un hecho que molestaba especialmente a los vecinos. No fue hasta el mes de julio de 2018 que efectivamente el tótem fue retirado después de varias protestas vecinales.

En la exposición de motivos de la nueva normativa, el Ayuntamiento de Tarragona aseguraba que «responde a la necesidad de mejorar la convivencia entre la actividad publicitaria exterior, de un lado, y la protección del entorno urbano, el bienestar vecinal y la conservación del patrimonio cultural de la ciudad, del otro. Actualmente en determinados ámbitos urbanos se ha dado una sobreexplotación publicitaria del espacio público que ha derivado en una degeneración visual de la imagen de la ciudad y su urbanismo», se puede leer en el texto.
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