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El responsable de la Policia Científica de la Regió Policial del Camp de Tarragona, Josep Dávila, ahir al laboratori de la comissaria de Campclar, on realitzen procediments per trobar empremtes.

El responsable de la Policia Científica de la Regió Policial del Camp de Tarragona, Josep Dávila, ahir al laboratori de la comissaria de Campclar, on realitzen procediments per trobar empremtes.

Un objecte manipulat pels delinqüents al lloc dels fets.

policía científica, objeto delincuentes

Un objecte manipulat pels delinqüents al lloc dels fets.

Un objecte manipulat pels delinqüents al lloc dels fets.

policía científica, objetos delincuentes

Un objecte manipulat pels delinqüents al lloc dels fets.

Imatge del sistema informàtic que analitza les empremtes.

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Imagen del sistema informático que analiza las huellas.

Una de les fitxes policials amb els dos palmells de la mà d'una persona detinguda.

ficha policial, policía científica

Una de las fichas policiales con las dos palmas de la mano de una persona detenida.

En busca de las huellas del crimen

«En un delito grave buscamos de todo, un pelo, un pañuelo, cualquier cosa es importante», indica la efe de la Policía Científica de Mossos en la Región

Actualizada 05/09/2018 a las 17:17

En la Región Policial del Camp de Tarragona hay una cuarentena de agentes dedicados a poner nombres y apellidos en las huellas que los delincuentes han dejado en el lugar de los hechos. La tarea de la Unidad Territorial de la Policía Científica abarca desde los robos con bastante hasta los casos más graves de homicidios, secuestros o agresiones sexuales. La más mínima distracción del criminal la acaba conduciendo a la cárcel gracias la actuación de este grupo, sumado a la tarea de la Unidad de Investigación de Mossos. «En un delito grave buscamos de todo, un pelo, un pañuelo tirado en el suelo, un ticket, cualquier cosa es importante para nosotros. Llegas al lugar de los hechos y como en un primer momento no tienes información, empiezas a recoger todo lo que crees que puede servir para la investigación, quizás es de una persona que sólo ha pasado por allí, así que después vas descartando,» indica a Diari Més el jefe de la Policía Científica en la región, el subinspector Josep Dávila, un experimentado agente que antes de asumir el mando de la unidad tarraconense había estado al frente del área científica de los servicios centrales de Mossos en materia de inspecciones oculares (la primera tarea al llegar al punto del suceso) y en incendios.

La tarea de los agentes se inicia en el escenario principal del hecho delictivo. «En los homicidios, son vitales las primeras horas de investigación. Si en un primer momento no encuentras huellas, ni pelo, ni ningún indicio, después todo se va complicando», reconoce el subinspector. Esta unidad funciona como una máquina perfectamente ajustada: en un breve lapso de tiempo desde que se ha producido un crimen, pueden llegar a conocer al autor y proceder a su búsqueda (aunque se tienen que dar una serie de condiciones concretas que, como es obvio, no siempre concurren). «Captamos las huellas del lugar del homicidio con la cámara de fotos, vamos hacia la comisaría, introducimos la información al sistema, este compara las huellas con otros ya almacenadas y el programa nos ofrece una serie de resultados de huellas que se asimilan mucho, hacemos la comprobación y ya podemos saber quién es», desgrana Dávila. Los diferentes cuerpos policiales del Estado disponen de un sofisticado sistema informático donde se almacenan miles de huellas de ciudadanos que han sido fichados por todo el país. Con el fin de concluir, con total garantizaba, que un individuo detenido con anterioridad es el autor de un nuevo acto delictivo, varios agentes de la comisaría tarraconense trabajan analizando los diferentes resultados que el sistema informático establece como altamente similares. Los policías buscan entre 8 y 12 puntos de coincidencia en las crestas papilares (los relevos|relieves de los dedos) de las dos huellas (la nueva que todavía no tiene un autor identificado y la que ya estaba almacenada con nombres y apellidos). Una vez se alcanzan los puntos de coincidencia, se puede concluir que se trata de la misma persona. Las huellas que los agentes no consiguen identificar, quedan almacenadas al sistema, por si en un futuro, Mossos o cualquier otro policía del Estado, encuentra una coincidencia.

El sistema verdaderamente funciona: hace unos meses, una agente de la unidad, Silvia, consiguió interrelacionar, con la huella de un nuevo detenido, hasta 20 huellas anteriores de robos con fuerza que permanecían sin identificación. El delincuente no sólo fue juzgado por el ilícito en qué fue pillado, sino que se lo pudo acusar de la otra veintena de hechos anteriores.

Delito perfecto, temporalmente
Un delincuente primigenio se puede burlar en un primer momento este sistema de investigación de huellas, ya que la base de datos sólo cuenta con la identidad de las personas que han sido fichadas anteriormente. La policía tiene acceso a las huellas del DNI, pero sólo en contadas ocasiones y por investigaciones muy concretas. ¿«Hay un delito o un crimen perfecto? No lo sé, está claro que si una persona lo hace y no la hemos encontrado, para él es perfecto, pero puede ser perfecto ahora y, seguramente, mañana no. Es posible que otro día acabe detenido por cualquier otro delito, le cojamos las huellas y cuando las introducimos al sistema salten las otras que también son suyas, que hasta ahora eran anónimas», explica el responsable policial. «Lo mismo pasa con las muestras de ADN, imagínate que una persona comete una agresión sexual y nunca ha sido detenida con anterioridad, pues no tendremos su ADN para interrelacionarlo, pero si esta persona vuelve a agredir otra vez, y en esta ocasión se lo puede detener, la anterior agresión sexual que estaba sin resolver le caerá, porque el sistema lo detectará» ejemplifica Dávila.

Encontrar el rastro no es tan sencillo
Identificar indicios en el lugar de los hechos, más todavía si se trata de un delincuente acostumbrado, no es tan simple. Los agentes realizan en el escenario del suceso una primera investigación con reactivos químicos para revelar las huellas, pero a menudo, esta tarea requiere de un trabajo minucioso, que se realiza en los laboratorios policiales. En la comisaría de Campclar, los agentes reciben objetos de todo tipo, precintados, con el fin de encontrar cualquier rastro válido. Ayer, el agente David trabajaba en el análisis de una bolsa que había sido utilizada recientemente en un robo con fuerza en un supermercado del territorio. Mediante una sustancia reactiva, un tinte químico y luz ultravioleta en diferentes longitudes de ola, el policía conseguía revelar, no sólo la huella, sino toda la palma de la mano, como se puede comprobar en una de las imágenes que ilustran este artículo. Es como una cadena: la patrulla llega al lugar de los hechos, preserva que nadie toque los objetos, llega la Policía Científica, recoge todos los indicios que podría haber tocado el delincuente y, entonces, muchas de las cosas nos llegan aquí para revelar las huellas. Una vez las tenemos, las pasemos a los compañeros para que las introduzcan al ordenador y puedan buscar a los candidatos», indica el agente David, de la unidad tarraconense.

Un laboratorio con dichos humanos
El laboratorio de la científica es un emplazamiento muy luminoso, pero su interior guarda elementos bastante tenebrosos. En la gran mesa de trabajo, al lado de los objetos para analizar, descansan en un rincón dos pequeños potes llenos hasta arriba de una sustancia transparente, con dos dedos humanos en su interior. Y es que en estos momentos, los agentes trabajan en la identificación necrodactilar de dos personas muertas, que fueron encontradas en un adelantado estado de descomposición y no fue posible coger sus huellas para identificarlos. «En casos de putrefacción adelantada o quemados, en la mayoría de cadáveres podemos recuperar la huella si todavía tienen materia. Se pueden recuperar los dibujos de los dedos mediante un proceso químico», aclara el subinspector.

Dávila explica con orgullo que esta unidad, cuando señala a alguien como autor de un hecho, es porque verdaderamente tiene numerosas pruebas que lo constatan. «Yo no he perdido nunca ninguno de los casos de homicidio ante la justicia», indica este agente que inició su trayectoria profesional a la Policía Científica el año 1995.
Actuaciones que marcan
La mujer y los dos niños pequeños asesinatos por el padre en la calle Real

El agente Dàvila recuerda todavía con especial tristeza los hechos que ocurrieron el octubre de 2010 al barrio del Puerto de Tarragona. Un hombre magrebí, con orden de alejamiento, asesinaba a su mujer de 26 años y a sus dos hijos de dos y seis años, en el piso donde residían, situado en la calle Real. Los había apuñalado a los tres en numerosas ocasiones y para ocultar los hechos, los había colocado a la bañera, tapándolos con tiza. «Para sacarlos de la bañera tenían que tener cuidado de no crearles más lesiones para que después el médico forense pudiera estudiar las heridas que les habían hecho», expone. «Encima había la mujer, pero no sabíamos si ellos estarían o no. Todos pedíamos que no estuvieran, pero cuando sacamos a la madre, vimos que debajo estaban ellos. No dejamos de ser personas y a pesar de que eres profesional, no es nada agradable», apunta.
La psicóloga asesinada en el ascensor por un robo con fuerza

El subinspector recuerda la rápida respuesta de las diferentes unidades de Mozos ante el asesinato, el 28 de abril de 2016, de la psicóloga B.T. en el ascensor de su vivienda, a la calle Fray Antoni Cardona Grau. La mató para hacerse con los 350 euros que la mujer de 54 años, madre de dos hijos menores de edad, llevaba. La siguió cuando entraba al portal del edificio y subió con ella al ascensor, allí dentro, la agredió hasta ocasionarle la muerte. Los agentes consiguieron detener al hombre horas después, aquella misma tarde. «Se revelaron huellas del hombre en la sangre que tenía que la víctima. No es lo mismo encontrar las huellas en el ascensor, que pueden ser de cualquier que ha subido, a que nos encontramos huellas en la misma sangre, esto quería decir que eran del autor. Las analizamos rápidamente y eran de aquella persona», apunta Dàvil
 
El hombre de Santa Coloma que mató su mujer e iba a por los hijos

El jefe de la Policía Científica llevó la investigación del hombre que el enero del 2012 asesinó a cuchilladas a su mujer de 33 años y posteriormente la escondió a las buhardillas del domicilio familiar, en un sofá-cama, rodeada de edredones. «La primera información que teníamos es que este hombre quería subir a Sabadell para matar también a sus dos niños», recuerda con el semblante serio, el agente. «Hicimos todo un despliegue para buscar los niños y detenerlo antes de que llegara a la casa de sus padres. Los compañeros de Sabadell lo encontraron y lo arrestaron», desgrana. «Los agentes de Tarragona nos hicimos cargo del registro al domicilio de Sabadell porque ya habíamos iniciado el caso. Cuando salíamos del cacheo, se nos tiró de cabeza, esposado, por el agujero de las escaleras y se mató. Por suerte había el secretario judicial que vio que los mossos no habíamos hecho nada», explica.
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