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Una de les portes de metall que han pogut sabotejar i on, actualment, viu una família.

Los vecinos de Sant Salvador denuncian empleos|ocupaciones fuera de control en el barrio

Una de las puertas de metal que han podido sabotear y donde, actualmente, vive una familia.

J. A. Torreblanca
Dues portes reforçades en una mateixa planta, que no han obert.

Los vecinos de Sant Salvador denuncian empleos|ocupaciones fuera de control en el barrio

Dos puertas reforzadas en una misma planta, que no han abierto.

J. A. Torreblanca

Los vecinos de Sant Salvador denuncian ocupaciones fuera de control en el barrio

En quince días ha habido dos nuevos forzamientos y, en algún caso, incluso han podido reventar la puerta reforzada que instalan los bancos para evitarlo

Actualizada 23/08/2018 a las 20:28

«Tú taconea mucho y pon el reguetón bien alto, a ver si se cansan y se marchan». Son las indicaciones reales que una mujer le ha dado a su hija, harta de los ocupas del piso de abajo. La situación se produce en el Bloque 5 de la zona alta de Sant Salvador. Son un total de 43 edificios de entre cinco y seis plantas, agrupados en 15 bloques , donde prácticamente en todos hay o ha habido personas ocupando pisos, mayoritariamente en propiedad de entidades bancarias. De hecho, en las dos últimas semanas se han sucedido, como mínimo, dos nuevas entradas ilegales a los Bloques 5 y 11.

Los residentes de toda la vida, personas mayores ya jubiladas, prefieren no buscarse problemas y optan por resignarse. «No queremos discusiones. Buen día, buena noche y bastante,» explica la presidenta de una de las comunidades. Pero lo cierto es que son ellos los que acaban pagando el gasto eléctrico de estos hogares, ya que la mayoría se enganchan a los contadores comunitarios. «Es la luz, pero también es la contribución, porque en algunas comunidades, si hay 20 vecinos, como en esta, quizás sólo 10 pagan las cuotas», asegura la presidenta.

Algunos de los bancos propietarios han optado por empezar a instalar en los últimos meses unas puertas metálicas reforzadas, con cierre de arriba abajo y con la cerradura escondida, para evitar sabotajes. En algunos casos ha resultado efectivo y los pisos quedan vacíos a la espera de ser vendidos, pero en otros, algunas personas han conseguido forzar-lo, cambiar la cerradura y volver a ocuparlos. Y no sólo eso: una vez perpetrada esta difícil gesta, supuestamente, comercian con las llaves del piso que han liberado.

«Nosotros sabemos que, a la familia que hay ahora, le cobraron para darles las llaves de la puerta forzada. Antes había otra mujer ocupante el piso», apuntan a dos vecinas del edificio. Aparte, según relata un propietario de los bloques centrales, también es habitual ver a individuos saltar por las ventanas de las viviendas vacías, desde la calle, en caso de que no puedan abrir la puerta. «Lo hacen al principio, hasta que consiguen forzar la puerta», desgrana.

Sin agua potable
En estos momentos, en el Bloque 2, situado en la parte más alta de la zona, hay hasta tres familias en situación irregular. «A uno de ellos, lo vemos cada mañana como va a la fuente a buscar el agua, porque la tienen cortada, claro», explican dos jubilados que se sientan al fresco en los bancos de la calle, delante del bloque en cuestión. «Lo que no me explico es que, después, en estos mismos, los ves enauno con la tablet electrónica de estas tan caras y al otro con un coche que aparca aquí delante. Que yo sepa, llevar un coche cuesta dinero», reflexiona uno de los abuelos.

«Algún vecino también se ha encontrado en el caso que se ha marchado una temporada a su tierra y al volver se ha encontrado la casa ocupada. En eso no hay derecho», se lamenta un residente del Bloque 8. «En esta comunidad, ahora mismo por suerte, no tenemos ninguno ocupa, si viene uno, lo acabamos echando», apunta tajante el hombre mayor. «Nosotros no estamos en contra de qué vivan aquí, pero si yo estoy pagando una contribución y una comunidad, quiero que todos la paguen. Hay muchas personas que están pidiendo alquileres sociales y van pagando lo que pueden», añade el propietario.

De hecho, una de las vecinas que accede a hablar con este diario se vio con un aviso de embargo en la mano, ahora hace unos meses. «No quería marcharme de ninguna manera de mi casa, estoy sola y con una hija. Ahora me están gestionando un alquiler social. Lo que nos enfada es que aquí hay gente acupando que no quiere pagar nada. Tienen que pagar como todo el mundo. Somos un barrio de gente trabajadora donde todo el mundo va pagando el alquiler o la hipoteca honradamente, trabajando mucho», apunta a esta residente.

Pequeñas peleas con ocupas
Aunque la mayoría de los vecinos entrevistados aseguran que la convivencia con las diferentes personas ocupas es normal, sin grandes problemas, algunos residentes de los Bloques 1 y 2 sí que apuntan en pequeñas peleas y discusiones entre los ciudadanos que viven de forma legal en los pisos y algunos ocupas. «De vez en cuando, hay alguna pelea, ayer mismo se discutieron dos de los bajos», explica un vecino del Bloque 2. La sensación general de la gente que ha vivido en estos edificios desde que se acabaron de construir, hace más de 40 años, es de tristeza. «Estábamos siempre todos juntos en la calle, hacíamos cenas y fiestas, pero ya hace años que la cosa» ha «cambiado», dice resignado el mismo residente del Bloque 2. «Se ha degradado mucho esta zona, pero nosotros ya somos mayores y no podemos recoger las cosas de un día para otro y marcharnos a otro sitio. «¿Donde tengo que ir yo», apunta entristecida a una abuela del Bloque 12.
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