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Pla mig de les plaques del Centre d'Atenció i Seguiment de Drogodependències (CAS) de Tarragona.

El alcohol sigue liderando la demanda de tratamiento en el centro de adicciones de Tarragona

Plano medio de las placas del Centro de Atención y Seguimiento de Drogodependencias (CAS) de Tarragona.

El alcohol sigue liderando la demanda de tratamiento en el centro de adicciones de Tarragona

La cocaína y la heroína son las otras dos sustancias que más atención requieren al caso, con un total de 607 usuarios en el 2017

Actualizada 20/08/2018 a las 10:42

El alcohol sigue siendo la sustancia psicoactiva que más demanda de tratamiento genera en el Centro de Atención y Seguimiento de Drogodependencias (CAS) de Tarragona, serie de la cocaína y la heroína, que pespuntea un 6% con respecto al 2016. Con datos del 2017, la demanda por consumo de cannabis se mantiene estable en los últimos años. El año pasado el centro recibió 1.040 demandas de tratamiento, de las cuales 607 empezaron tratamiento (un 60%). 360 fueron primeras visitas y 247, reinicios. Con respecto al alcohol, con 246 casos, la mayoría de demandas (un 66%) se concentra entre los 30 y 60 años. «A partir de los 30 empiezan a ser conscientes de que tienen un problema», ha explicado a ACN la coordinadora del centro, la psicóloga clínica Blanca Carcolé, que cree que los jóvenes de ahora «ya llegarán, si no cambian las costumbres». En esta línea, alerta de que consumos como los que hacen algunos jóvenes, «de mucha cantidad en un espacio de tiempo muy corto, pueden tener consecuencias orgánicas bastante rápidas».

Carcolé ha explicado que el alcohol lidera las demandas de tratamiento porque es una sustancia «barata» que «forma parte de las relaciones y tradiciones culturales». Se diferencia del tabaco, una sustancia con la cual hay «una política muy represiva en beneficio de la salud». «Probablemente tendríamos que hacer las mismas políticas legislativas que hacemos con el tabaco para que eso cambiara, pero es impensable en Cataluña», lamenta Carcolé. Para sumar fuerzas a esta lucha, se hace prevención de riesgos en el ámbito sanitario, de bienestar social o juventud. «Se tiene que trabajar transversalmente, porque|para que si no, no hacemos nada», ha apuntado.

«Las adicciones no se hacen en dos días pero, con el alcohol, cuanto más joven empieces y más cantidad consumas, más pronto tendrás problemas», ha apuntado a la psicóloga. Hoy por hoy, los usuarios que llegan al CAS para seguir un tratamiento contra la adicción del alcohol tienen «un problema más antiguo» y, en muchos casos, menos recursos económicos, por haber perdido trabajos.

Con respecto a la cocaína, la demanda de tratamiento se mantiene estable. Hay 147 atendidos, un 46% de los cuales tienen entre 30 y 39 años. Con respecto al 2016, la franja de edad de entre los 20 y los 29, ha aumentado un 8%. «Suele ser gente joven, que están trabajando y se inician en espacios de fiesta, de fin de semana y pérdida de control», apunta a la psicóloga. «El lunes tienen muchas dificultades para ir a trabajar, tienen gastos económicos muy importantes, y a veces el consumo de cocaína viene acompañado de un consumo perjudicial de alcohol, de riesgo». Así, se acaban tratando las dos sustancias a la hora.

En el último año, ha habido un 6% más de demanda de tratamientos por adicción en la heroína. En total, son 123 usuarios en este tratamiento, en más de ocho más en el tratamiento conjunto de heroína y cocaína. La demanda mayoritaria viene de personas de 30 a 50 años (70%), y ha aumentado el doble el número de usuarios mayores de 50 años con respecto al 2016. Un 9% de los inicios de tratamiento se concentra en edades de entre los 20 y los 29 años. Los profesionales no tienen ninguna hipótesis que pueda explicar este leve repunte de usuarios, generalmente con un perfil con muchos menos recursos, por una sustancia que resulta más barata que la cocaína.

Pilar Romera, trabajadora social al caso, explica que los usuarios con problemas con la heroína, una población más envejecida, suelen tener una problemática social asociada, desde falta de vivienda, inserción laboral, problemas judiciales o enfermedades. Por todo ello, el tratamiento se centra en múltiples aspectos. Los profesionales explican que mejorar otros ámbitos de su vida personal puede hacer mejorar sustancialmente el tratamiento. «El trabajo facilita consolidar procesos terapéuticos, disponer de una vivienda, también», explica Romera, que afirma que, desgraciadamente, «cada vez hay más población sin viviendas, o en pisos ocupados, que no se pueden empadronar y que se quedan fuera del círculo de apoyos sociales».

Después del alcohol, la cocaína y la heroína, la sustancia que más demanda de tratamiento genera es el cannabis, con unos 40 usuarios. El 42% de las demandas provienen de personas de entre 20 y 29 años.

El CAS también trata adicciones en el tabaco, a pesar de que de una manera minoritaria, porque estos tratamientos también se ofrecen en otros entornos. En el 2017, atendieron a 15 usuarios, la mayoría de los cuales de entre 50 y 59 años.

Dirigirse al CAS 
Los usuarios que acuden al CAS lo hacen cuando arrastran consecuencias del consumo, sean orgánicas, por presión familiar y social, o por medidas judiciales. «La demanda es, básicamente, que quieren dejar de sufrir», ha explicado Carcolé. «Cuando venden obligados, intentamos trabajar la relación con el vínculo, y eso puede durar meses», detalla Romera, que subraya que es clave para los profesionales asegurarse que la persona «llegue a conectar» y «asumir que tiene un problema que no puede resolver solo».

El centro de Tarragona atiende a un «elevadísimo» número de personas que siguen el tratamiento como alternativa a medidas penales, de privación de libertad o condenas de trabajos en beneficio a la comunidad. «Supone ofrecer un tipo de intervención, cuando la pena está relacionada con el consumo o alguna sustancia, que creemos más positiva que la prisión», afirma la trabajadora social del CAS.

De nuevo, solucionar otros conflictos del entorno puede asentar las bases del tratamiento y encarar el éxito. «¿Si no tiene casa, no tiene trabajo, emocionalmente cómo puede abordar la problemática que tiene? ¿Qué le ofrece la vida para hacer este cambio?», cuestiona la coordinadora del centro. Los tratamientos pueden alargarse varios años, en los que las recaídas son posibles.

Con una lista de espera habitual de entre uno y dos meses, el CAS programa un grupo de acogida en que se inicia un proceso para el cual el usuario que ha dado el paso de pedir tratamiento no quede pendiente de la primera visita y lo acabe dejando. Por otra parte, también se ofrece atención individual, familiar, de pareja y grupales, con otros usuarios.

Adicción y trastorno psicopatológico
En los últimos años, el perfil de los usuarios del CAS ha cambiado. Los profesionales señalan que, mientras que antes se podía hablar de toxicómanos y alcohólicos de manera exclusiva, ahora hay una patología dual, en la que la adicción en alguna sustancia se suma a un trastorno psicopatológico. Los datos apuntan que se trata de entre el 65% y 85% de los usuarios atendidos en Tarragona.

La aparición de patologías duales -imputados a los cambios de la sociedad, las drogas, los consumos y los perfiles- ha hecho que los profesionales hayan cambiado también su manera de trabajar, y se hayan tenido que especializar en el nuevo diagnóstico. Así, no se pueden limitar a tratar sólo la adicción en las sustancias, sino que tienen que ir más allá, y tratar trastornos de personalidad -principalmente-, del estado de ánimo o de ansiedad. Los pacientes con patología dual son atendidos en dos redes, la de Salud Mental y la de Adicciones.

Dispensador de metadona
El CAS de Tarragona ofrece desde el 2010 un servicio de dispensación de metadona en comprimidos. En el 2017 pasaron por este servicio 511 usuarios, de los cuales 189 son nuevas inclusiones en el programa en el curso del año, un 5% menos que el año anterior. De estos, 102 siguen el servicio desde farmacia, ya que pueden mantener una vida más normalizada.

Una mayoría de hombres, en situación de paro
De los 607 usuarios que se tratan al caso de Tarragona, un 77% son hombres. En los dos sexos, la sustancia que predomina en la demanda de tratamiento es el alcohol, seguimiento de la cocaína, la heroína y el cannabis. Los inicios de tratamiento por benzodiacepines –cuatro casos- sólo se dan en las mujeres. Carcolé considera que una mayor presencia femenina se puede deber al incremento de conciencia de la enfermedad, al hecho de que se conocen más los recursos y, al mismo tiempo, la mujer deja de estar «escondida» en ámbitos en que hasta ahora lo estaba más.

Con respecto a la situación laboral, la mayoría de los usuarios se encuentran en situación de paro (42,3%), mientras que un 32,6% trabajan, un 16,6% son pensionistas o tienen una incapacidad y un 3,6% son estudiantes. Según el nivel de instrucción, un 30% de usuarios tienen estudios primarios, un 30% graduado escolar o ESO, un 18,9% bachillerato o ciclos formativos de grado medio y un 4,4% estudios superiores.

El CAS 
El CAS de drogodependencias de Tarragona ofrece tratamiento ambulatorio especializado a las personas con problemas por consumo de drogas y a su familia desde el año 1985. El centro está integrado por un equipo profesional de tres psicólogas, dos médicos especialistas en psiquiatría, un médico, una trabajadora social, dos diplomadas en enfermería, un auxiliar de enfermería y una administrativa. Atiende a los habitantes de las comarcas del Tarragonès, el Baix Penedès y el Alt Camp, comarcas que suman más de 395.000 personas.
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