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Artur Tomàs celebra que ha vivido el último siglo de la ciudad de Tarragona

Siempre acompañado de su inseparable péndulo, cada día hace sonar las campanas de la Catedral

Artur Tomàs, en una reciente entrevista y en una imagen de archivo.

Artur Tomàs celebra que ha vivido el último siglo de la ciudad de TarragonaCedida

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Artur Tomàs i Mercader nació el 18 de agosto de 1918 en el número 15 de la calle Cós del Bou, en el corazón de una ciudad de Tarragona que no llegaba a los 30.000 habitantes. Mañana, sábado, es un día muy esperado por él. Hace tiempo que le ilusiona llegar al siglo de vida. Acompañado siempre de su inseparable péndulo, mantiene una actividad frenética.

«Aquí no se mueve y quiere decir que estoy bien de la cabeza, pero si lo pongo a la derecha da vueltas porque en este lado tengo una herida de guerra», comenta satisfecho, para añadir que, con el péndulo, «también encuentro averías mecánicas, agua y puedo detectar la salud de una persona poniéndolo encima de una fotografía».

Tomàs nació en el transcurso de la Primera Guerra Mundial, vivió la Segunda República y combatió en la Guerra Civil, en la que fue prisionero por el ejército franquista. Años más tarde, Tomàs experimentó el tráfico de la dictadura hacia la democracia y, actualmente, el proceso que vive Cataluña. Su experiencia personal le permite resumir el último siglo, aunque lo que más le gusta es hablar de los rincones ocultos de Tarragona y de su vivencia en el frente de guerra.

Tomàs explica a quién se lo pida pasajes de la historia de Tarragona que ha conocido en primera persona a lo largo de cien años o de aquellos de los cuales ha tenido noticia. Cada día se dirige hasta la Catedral para hacer sonar las campanas a la hora del ángelus. «Ahora ya no subo hasta arriba del todo porque son trescientos peldaños», dice con una expresión optimista, una de sus características vitales.

La Gestapo y Gran Bretaña

Este vecino centenario de Cos del Bou es una hemeroteca viviente de Tarragona, pero en determinados ámbitos prefiere mantenerse prudente. Preguntado por cuál ha sido el mejor alcalde de la ciudad en los últimos cien años, la respuesta no pudo ser más evidente. «Prefiero no manifestarme», dijo. Sí que sacó todos sus recursos al ser preguntado por el personaje de Tarragona del cual guarda mejor recuerdo. «Josep Sentís i Porta, un joven que todos los años iba a París para aprender música y fue el primero que hizo música para películas en Francia,» comentó a Tomàs, quien recuerda que «el padre de Sentís tenía un horno en Cos del Bou». Siguiendo con la biografía, Tomàs explicó una anécdota que acabó con la imposición de una condecoración por parte de Gran Bretaña.

«En París, la Gestapo registró su casa pensando que era un espía inglés. Él vivía en el número 8 Bis y los espías en el 8. A medida que se hacía el registro, encendió todas las luces, hecho que, como era de noche, alertó a los residentes del número 8, que se salvaron». En agradecimiento por este gesto, «Sentís fue condecorado».

Volviendo al Cos del Bou y a la casa donde el padre de Sentís tenía el horno, Tomàs comentó que en aquel edificio «vivía la familia Reyes, el periodista Lluís Maria Mezquida y, arriba de todo, el arquitecto Josep Maria Jujol tenía una especie de despacho, aunque residía en la Mitja Lluna».

Persona que siempre ha sido vinculada a su calle y a las actividades culturales que se hacen –este año ha sido Canoner d’Honor de les Festes de Sant Roc-, recuerda que en el solar donde actualmente está el edificio suyo del Grup Jove «se hacían correbous» y «Cos del Bou y Baixada Pescateria fueron durante muchos años el mercado central de Tarragona, donde se hacía toda la actividad comercial, y el nueve se hizo para desconcentrar la ciudad.»

Preguntado por qué Tarragona le gusta más, Tomàs no tiene ninguna duda y se adentra en el pasado. «Cuando era joven, todo era diferente porque jugábamos en la calle antes de ir a comer, a la familia había más hermandad y los vecinos nos ayudábamos, cosa que hoy no sucede como en aquellos años».

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