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Denuncia

Unos 40 niños de Campclar se quedan sin refuerzo por el fin del Casal Obert

La Fundació Casal Amic busca alguien que pueda financiar la actividad, después de que la Generalitat haya dejado de costearlo

Imagen de archivo de una de las aulas donde los niños del barrio recibían, hasta junio, formación extraescolar.

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Cuarenta niños de entre 4 y 12 años de familias con pocos recursos, del barrio de Campclar, dejarán de recibir, en el próximo curso, las clases de refuerzo, entre muchas otras actividades, que los ofrecía de forma gratuita la Fundació Casal l'Amic, las tardes de los días laborables. «Hace un año que buscamos financiación para continuar, pero nadie quiere poner el dinero para mantener el Casal Obert», explica preocupada a Diari Més, Sara Antler, educadora social de Casal l'Amic, una entidad muy arraigada en los barrios de Ponent por su tarea en materia de prevención de situaciones de riesgo en la infancia y la adolescencia desde 1983.

Este último año, con el cambio de normativa de los Centros abiertos –espacios que dan apoyo, estimulan y compensan las carencias socioeducativas de los pequeños–, Casal l'Amic, al ser una fundación privada, dejó de recibir financiación pública por parte de DGAIA (Direcció General d'Atenció a la Infància i l'Adolescència) de la Generalitat. El último curso han subsistido como han podido, pero la entidad ya no puede sostenerlo más. «Sinergia Social, la coordinadora de entidades a la cual pertenecemos, ha estado buscando convocatorias de organismos y empresas que destinan dinero a proyectos sociales, pero no hemos podido conseguir-lo», relata a la educadora.

El fin de la financiación radica en el hecho de que la administración catalana ha priorizado los Centros Abiertos de titularidad pública. De hecho en Tarragona hay seis gestionados por el Ayuntamiento, en diferentes puntos de la ciudad, si bien, existe una diferencia sustancial entre los públicos y el servicio que ofrece Casal l'Amic, según explica la educadora Antler: «Ellos atienden a niños de familias con expedientes de riesgo de exclusión social, dijéramos que son los que necesitan ayuda de Servicios Sociales, nosotros, en nuestro Casal Obert, trabajábamos con familias que viven en situaciones un poco precarias y se trataba de ayudarlas para evitar que les abrieran un expediente de riesgo de exclusión», apunta.

Repaso escolar individualizado

Los niños que hasta ahora acudían cada tarde al centro tenían la oportunidad de hacer los deberes de la escuela en grupos muy pequeños, de 10 integrantes, lo que permitía una atención mucho más individualizada. «Las familias que teníamos no podían permitirse pagar un repaso, nosotros los ayudábamos a hacer las tareas y a resolver sus dudas. Estamos hablando de padres que, en muchas ocasiones, no saben cómo pueden ayudar a sus hijos a hacer los deberes», expone a la educadora, quien remarca, especialmente, la atención que realizaban a los pequeños en una situación más precaria: «Si no llevaban material, porque no tenían, nosotros mismos les poníamos deberes, como al resto», desgrana.

Además de la tarea escolar, los pequeños también recibían formación en materia de civismo –el trato del mobiliario urbano–, convivencia y hábitos saludables. Por otra parte, varias jornadas a la semana aprendían informática y practicaban deporte gratis, en la sede del Club Rugby Tarragona. «Hay que recordar que el deporte no es un lujo, es un derecho de los niños, y es obvio que sin recursos económicos, los padres no pueden permitirse pagar una ficha en cualquier club deportivo», remarca la educadora, quién no esconde su preocupación por la situación.

Tal era el reconocimiento de este servicio entre las familias del barrio que, al inicio del pasado curso, recibieron 80 solicitudes para acceder, si bien, sólo pudieron aceptar a 40 niños y niñas.

Alguien con recursos que lo salve

Una vez cerrada la posibilidad de que la Generalitat o el Ayuntamiento de Tarragona lo financien, la única opción que resta a Casal l'Amic es que alguna empresa, entidad o persona a título individual (un mecenas), salve esta actividad para permitir a los niños seguir recibiendo este empuje extra durante su etapa formativa. «No es un servicio que cueste demasiado. Prácticamente sólo son los sueldos de los tres educadores (media jornada durante 9 meses), ya que acostumbramos a trabajar con mucho de material reciclado», concluye Antler, esperando que alguien los pueda ayudar a volver a levantar la persiana en septiembre. Se puede contactar con la fundación, llamando al teléfono 977 55 28 34.

Atika Souiyakh

«Tenía dos hijos de 6 y de 12 años. Youseph, el grande, tiene problemas de hiperactividad e iba un poco por detrás de los compañeros de clase. Aquí lo han ayudado con las matemáticas y, además, ahora le encanta leer. Cuando era pequeño yo todavía lo podía ayudar con los deberes, pero ahora que iba a 6º de primaria, había muchas cosas que yo no entendía, sobre todo de Catalán. Además, les enseñan a tratar y a hablar con respeto a los adultos, es una cosa que hemos notado. Le ha ido tan bien el Casal que dice que, cuando sea grande, quiere ayudar a niños jóvenes con problemas».

Pedro Perona

«Mi hijo de 8 años aprendió a leer en el Casal. Leían cuentos, hacían los deberes y le enseñaban muchas cosas. No puedo comprender cómo es posible que nos lo quiten. Como padre, me indigna que les quiten esta oportunidad, los niños son el futuro y tienen que aprender. Nosotros somos gente trabajadora, nos dedicamos a la venta ambulante, a la chatarra... No nos podemos permitir pagar un repaso particular y no quiero que esté en la calle aprendiendo cosas que no tiene que aprender. Estoy pensando recoger firmas para evitar que lo cierren».

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