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Stanislav R., l'acusat de l'assassinat i una temptativa de violació de la jove Meritxell Vall, en l'inici del judici.

El acusado de asesinar a Meritxell Vall en la Budellera, confiesa, pero niega que lo agrediera sexualmente

Stanislav R., l'acusat de l'assassinat i una temptativa de violació de la jove Meritxell Vall, en l'inici del judici.

El acusado de asesinar a Meritxell Vall confiesa que la apuñaló varias veces

El hombre, que se enfrenta a la prisión permanente revisable, dice que iba bebido y drogado y que entró en pánico cuando ella dijo que lo denunciaría

Actualizada 14/03/2018 a las 17:53

El acusado de matar a la joven tarraconense Meritxell Vall en una tienda de campaña el año 2015 en la zona de la Budellera en Tarragona, Stanislav R., ha reconocido que la agredió con un cuchillo en el juicio que ha empezado este miércoles en la Audiencia de Tarragona. El procesado ha explicado que, la noche del 9 de octubre, mantuvieron relaciones sexuales consentidas, pero que al acabar ella empezó a llorar y le dijo que lo denunciaría a la policía. Entonces, el acusado ha dicho que entró en «pánico» porque nunca había tenido problemas con la justicia y ha admitido que le clavó varias cuchilladas en la cabeza y en la espalda.

Stanislav R. ha añadido que no recuerda mucho los hechos porque iba «muy bebido» y se encontraba bajo los efectos de la marihuana. También ha asegurado que no tenía intención de matarla y que en ningún caso la intentó violar. Precisamente, la confirmación del delito sexual determinará la aplicación o no de la pena de prisión permanente revisable, tal como pide la fiscalía. Por primera vez, la fiscalía de Tarragona ha solicitado esta figura delictiva por el presunto asesinato de la chica, a más de cinco años de prisión por una tentativa de violación.

El acusado vivía en un campamento situado a una distancia de un kilómetro del asentamiento donde se había establecido Meritxell Vall, de 32 años, próximo al campo del Nàstic. Según ha relatado delante de los magistrados, se conocían por un amigo en común y se veían a menudo por la zona o por la ciudad. Stanislav ha afirmado que la chica «siempre caminaba desnuda» por la zona y que aquella noche, en que él iba bebido y drogadicto, mantuvieron relaciones sexuales «normales y corrientes».

«Yo no la obligué en nada», ha defendido al joven respondiendo a la preguntas de la fiscal. También ha negado que desvistiera a la chica por la fuerza. El procesado ha detallado que, al cabo de un rato, la víctima salió de la tienda, empezó a llorar y gritar y que «lo denunciaría a la policía». Preguntado por como interpretó él esta reacción, el procesado ha manifestado que ella le dijo que mantener relaciones sexuales con él «había sido un error».

El individuo, que tiene 35 años y es de origen eslovaco, ha argumentado que oyó pánico de las consecuencias legales que eso le podría haber supuesto, por lo cual cogió un cuchillo de entre los utensilios de cocina que ella guardaba y la agredió al menos dos o tres veces, sin poder recordar cuántas con precisión. «Tenía tanto pánico que no sabía qué hacer, pero no la quería mata», ha defendido. Según su relato, los dos cayeron al suelo y ella perdió el conocimiento, por lo cual la llevó hasta la tienda, la tapó con un saco de dormir o una manta y volvió a su campamento.

A preguntas del ministerio fiscal, el procesado ha explicado que sabía que la chica estaría en el campamento aquella noche porque se habían visto durante la mañana. Sin embargo, ha dicho que desconocía que estaría sola porque solía haber gente extranjera «que viajaba». El hombre ha negado una vez y otra que lo hubiera intimidado previamente con un arma para mantener relaciones sexuales, tal como sostiene la acusación pública. También ha confirmado que aquella fue la primera vez que habían intimado.

Durante la vista se han exhibido dos cuchillos -uno de los cuales roto-, pero el hombre no ha reconocido ninguno como la supuesta arma del crimen. En este sentido, ha apuntado que lo que utilizó creía recordar que era mayor. El hombre también ha justificado que aquella noche perdió el teléfono móvil y ha reconocido que tiró su ropa tacada de sangre en un aparcamiento y que se llevó dos teléfonos del campamento de la chica -uno de los cuales lo rompió y, el otro, lo tiró en un parque-. El abogado de la defensa no ha formulado preguntas y la declaración se ha dado por finalizada al cabo de poco más de una hora.

La madre localizó el cuerpo sin vida de Meritxell
Después del interrogatorio del acusado han declarado una quincena de testigos. Los primeros han sido la madre y la pareja de esta, que localizaron el cuerpo sin vida de la chica después de que, preocupados al no tener noticias de ella, se acercaran al campamento donde vivía. La madre ha relatado el hallazgo entre lágrimas y ha explicado que rápidamente dieron aviso a los Mossos d'Esquadra. Según su declaración, las dos hablaban a menudo a través de aplicaciones de mensajería instantánea, y Meritxell Vall se encontraba «contenta y feliz» porque había empezado a trabajar de modelo en Reus el día 7 de octubre.

El padre de la chica, Jordi Vall, se ha mostrado molesto con el Ayuntamiento, con las organizaciones humanitarias y con el tanatorio de Tarragona. En el caso del consistorio, porque lo considera el «responsable administrativo» de aquel campamento que en la red se definía, ha dicho, como «un lugar|sitio de prostitución y de drogas» del cual su hija no tenía nada que ver. También ha reprochado a la administración que nunca nadie se pusiera en contacto con él. Vall ha criticado también que entidades como Càritas y la Cruz Roja «estén protegiendo una serie de pòtols en los cuales mujeres comida, beber, mantas y de todo, y a cambio te roban, te extorsionan y te matan».

Además, el padre ha querido denunciar públicamente una situación «vergonzosa» que vivió en el tanatorio de Tarragona el día del funeral, después de que el juez autorizara el entierro del cuerpo. Según el padre, la responsable del equipamiento le comunicó que los restos de su hija «apestaban» mucho y qué debido en la calefacción sólo pondrían el ataúd». «Me cayó todo el mundo encima y dije que, pasara lo que pasara, tenían que subir los restos de mi hija con la caja en la capilla. Me quedé con las ganas de pedir que lo abrieran, porque creo que no estaban», ha lamentado.

Durante la vista han declarado diversos amigos y conocidos de la joven. Una amiga suya de la infancia ha manifestado que, pocos días antes de los hechos, la chica le había transmitido que en aquel tiempo no mantenía relaciones íntimas con ninguna persona y que tampoco quería tener. Algunos testigos también han indicado que la víctima tenía la menstruación en el momento de los hechos. La sesión ha finalizado con la declaración de varios trabajadores y voluntarios de la Cruz Roja que, en alguna ocasión, habían ofrecido ayuda al procesado.

El delito sexual, clave 
Después de esta primera jornada, está previsto que el juicio continúe los días 15, 16, 19, 20, 21 y 22 de marzo. Este miércoles el acusado ha negado la agresión sexual, pero hará falta conocer cuáles son los indicios que estudiaron a los investigadores y los forenses. Si se puede probar el delito, al hombre lo podrían condenar a la pena de prisión permanente revisable.

Según la fiscalía, la madrugada del 10 de octubre, el procesado, sabiendo que la chica se encontraba sola viviendo en el campamento y aprovechando tanto la «nocturnidad» del momento y las circunstancias «de aislamiento» del lugar, lo cual producía una «anulación de las capacidades de defensa» -remarca el fiscal-, se dirigió hacia la chica y atentó contra su libertad sexual.

«Se abalanzó repentinamente y la amenazó al menos con un arma blanca que llevaba para este fin, sacándole de manera violenta la ropa que llevaba, arrancándole los pantalones con la ropa interior y las zapatillas, un top y un fular que llevaba ademán, realizándole tocamientos diversos,para a continuación intentar penetrarla sin éxito debido a la resistencia de la víctima, llegando a eyacular en el exterior de la zona vaginal», relata el escrito de acusación

Acto seguido, según el ministerio público, el acusado, con «clara intención de evitar que la víctima pudiera llegar a delatarlo y que, por lo tanto, estuviera descubierto», con el arma blanca que llevaba y «con la finalidad de acabar con su vida, le clavó múltiples cuchilladas por el cuerpo mientras la víctima intentaba defenderse sin éxito, aumentando de manera deliberada su padecimiento, ocasionándole una gran cantidad de heridas incises por arma blanca, a nivel de región torácica anterior y posterior, y del brazo izquierdo, produciéndose la muerte a causa de un shock hipovolémico provocado por la hemorragia de múltiples heridas de arma blanca».

El cuerpo de la víctima fue localizado una semana más tarde en el interior de una de las tiendas de campaña, cabe a las siete de la tarde del 17 de octubre, en adelantado estado de descomposición, desnudado, en posición decúbito lateral izquierdo, sobre un colchón y tapado con un edredón. El cadáver presentaba una veintena de lesiones incises y, cerca, los agentes de la policía científica localizaron un teléfono propiedad del hombre.

Primera petición de prisión permanente revisable
El procesado fue detenido por los Mossos d'Esquadra el 1 de diciembre del 2015 en Tarragona y, dos días después, el juez decretó su ingreso provisional en la prisión. El ministerio público lo acusa de un delito de violación en grado de tentativa por el cual solicita una pena de cinco años de prisión y de un delito de asesinato por los cuales solicita la pena de prisión permanente revisable. Es la primera vez que la fiscalía de Tarragona solicita la pena privativa de libertad más elevada que prevé el Código Penal

En el delito de asesinato el fiscal aprecia que concurren la alevosía, el ensañamiento «aumentando deliberadamente e inhumanamente el dolor» y la voluntad de evitar que se descubra la comisión de otro delito. Además, introduce un punto del artículo 140 del Código Penal que determina la prisión permanente revisable: la circunstancia de que el hecho fuera «subsiguiente» a un delito contra la libertad sexual que el autor hubiera cometido sobre la víctima.

En concepto de responsabilidad civil, el ministerio fiscal solicita que el procesado indemnice a los padres de la víctima con 100.000 euros cada uno.
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