Diari Més

Un incendio deja a la vista la otra cara de la ciudad: xaboles cerca del Francolí

La Katarzyna, de origen polaco, vive al lado del río desde que llegó a Tarragona, hace dos años

La Katarzyina al davant de la seva xabola i sobre les restes de l'incendi, que va tenir lloc el diumenge passat, a la vora del Francolí.

Un incendio deja a la vista la otra cara de la ciudad: chabolas cerca del FrancolíCristina Aguilar

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El incendio que tuvo lugar el domingo pasado cerca del Francolí y que quemó una zona de matorrales, dejó a la vista la otra cara de Tarragona: un conjunto de chabolas habitadas por personas como la Katarzyna, polaca de 29 años que llegó a la ciudad con el objetivo de construir una nueva vida. La joven vive con su novio y otro amigo, también de Polonia, y los tres se ganan la vida recogiendo chatarra.

El incendio estuvo a punto de quemar su xabola, ubicada en tantos solos unos metros de donde se inició el fuego, que acabó con dos construcciones que no se salvaron de las llamas. Se trata de un terreno de matorrales y cañas, que se ha secado muchísimo en las últimas semanas, a causa de la falta de precipitación y las altas temperaturas. La Katarzyna vive en esta zona desde que llegó a la ciudad, ahora hace dos años y tres meses. «Llegué a España para cambiar mi vida radicalmente. Tenía el objetivo de encontrar trabajo, pero no hay trabajo de ningún tipo», lamentaba la joven. La primera xabola que habitó, ubicada cerca de las vías del tren, también sufrió un incendio. Llevaba tan sólo tres meses a Tarragona, y por culpa de las llamas perdió toda la documentación y los papeles, que no ha conseguido recuperar. «No encuentro trabajo porque no tengo papeles, y no me hacen los papeles porque no encuentro trabajo. Es el pez que se muerde la cola», expresaba.

En Polonia dejó su familia y la adicción a las drogas, motivo por el cual salió del país. «No me gustaba la vida que llevaba, necesitaba un cambio, y un buen día decidí dejarlo a pesar de marcharse», explicaba. Desde entonces no ha vuelto a Polonia, y aunque todavía no ha construido su vida de nuevo, ha podido dejar las adicciones. La situación que vive en la ciudad reconoce que no es la que se esperaba, pero tiene fuerza y esperanzas para seguir luchando. «Evidentemente tengo familia en Polonia, también en Holanda o en Gran Bretaña, pero no quiero recurrir a su ayuda. Tengo dos manos para trabajar, y conseguiré salir de esta situación por mí misma», aseguraba. Lo único que desea, sin embargo, es que no vuelva a quemar su xabola. «Cuando miro los restos del incendio me pongo muy triste, porque habíamos construido las chabolas con nuestras manos, y ahora ya no tenemos nada», expresaba.

En una de las chabolas quemadas vivía un hombre mayor, de unos 70 años, que se ha tenido que marchar. En la otra, dormía el amigo de la Katarzyna, que se ha trasladado con ella y su novio con una tienda de acampada. Un parasol, tres sillas y una pequeña mesason todos sus bienes, porque el incendio también acabó con sus platos, vasos, ollas y una bañera. El que sí les queda es la compañía de sus dos perros, que por fortuna no estaban en el terreno cuando aparecieron las llamas.

Los domingos reciben la visita de la Cruz Roja, que les dan, según explica la joven, un bocadillo de tortilla de patatas y una botella de agua. Para ducharse, hacen uso de las fuentes de los parques o se acercan hasta la playa, pero ya no pueden ir porque en verano se prohíbe la entrada de los perros. «Me gustaría que una asistente social me ayudara a arreglar el tema de los papeles y a intentar encontrar trabajo», manifestaba la Katarzyina, todavía visiblemente afectada por el incendio.

Detall de les restes de les xaboles cremades a l'incendi.

Un incendio deja a la vista la otra cara de la ciudad: chabolas cerca del FrancolíCristina Aguilar

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