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Tarragona
23.46 º
9.36 Km/h
Traçat principal del tramvia de Tarragona, amb el desdoblament als carrers del Mar i Reial.

Trazado principal del tranvía de Tarragona, con el desdoblamiento en las calles del Mar y Real.

Cedida
Una de les poques imatges que existeixen dels cotxes.

Una de las pocas imágenes que existen de los coches.

Cedida

120 años de la desaparición del único tranvía que ha tenido la ciudad

Los coches, con capacidad para doce personas, iban sobre raíles y eran tirados por caballos que habían de superado un fuerte desnivel
  • Carles Gosálbez

Actualizada 29/12/2016 a las 21:12

El año que finaliza celebra una de aquellas fechas importantes en una población de larga trayectoria. El de ahora hace 120 años fue testigo de un hecho en la historia de Tarragona que no ha vuelto a repetirse: la desaparición del único tranvía que ha tenido la ciudad. En 1896, la compañía que gestionaba el servicio decidió cerrar sus puertas para no poder hacer frente al coste económico. El tranvía, tirado por caballos, fue el primer sistema de transporte colectivo de la ciudad.

Tres kilómetros y trescientos metros de raíles hicieron posible posible enlazar la zona marítima con la Catedral, a través de un recorrido que enlazaba la calle Real con la plaza de las Coles. Fue como la primera versión del mítico trayecto Nàutic-Catedral de hace unos años. Tranvías de Tarragona se constituyó el 14 de abril de 1883 y el primer presidente fue Joaquim Rius i Montaner (Conde de Ríos).

La vida del tranvía tuvo corto recorrido. Inició su actividad en 1883, unos meses despres de la constitución de la empresa, tres años antes de la creación del Club Gimnástico, y setenta después de la finalización de la Guerra del Francés que arrasó Tarragona y redujo la población a poco más de 2.000 habitantes. En 1883, Tarragona iniciaba su recuperación económica y dio pasos de gigante para modernizarse. El censo ya era de 20.000 personas y los tarraconenses querían competir con ciudades como Barcelona en materia de avances tecnológicos. El tranvía llegó a la capital catalana en 1872.
En los años de más esplendor, el tranvía dispuso de doce coches. Cada unidad podía albergar una docena de pasajeros. La mengua capacidad de los vehículos –medían 3,4 metros de largo– motivó que las autoridades permitieran la utilización de una plataforma exterior por parte de los usuarios, con la finalidad de incrementar su aforo. En el periodo de máximo esplendor, el recorrido por la Parte Alta discurría por Cuerpo del Buey, Bajada Pescadería, Santa Anna, plaza del Foro, Mercería y plaza de las Coles. Los caballos tenían que hacer un gran esfuerzo superar el desnivel del terreno, especialmente en la calle Apodaca y una vez llegados los coches a la plaza de la Fuente.

Las vías del tranvía llegaron a Tarragona por mar, procedentes del puerto belga de Amberes. Los cocheros y las caballerías se situaron en la calle Jaime I. El presupuesto destinado a la construcción de todo el complejo y la compra de material y animales ascendió a 300.000 pesetas de la época.

Aunque parece que algunas decisiones adoptadas en materia de transporte urbano son modernas, el tranvía de Tarragona ya puso a la disposición de los clientes billetes sencillos, de ida y vuelta y abonos de diez y cuarenta viajes. El año 1887, la empresa aprobaron la creación de una tarifa nocturna para aquellos coches que circulaban más allá de las 22 horas.

El primer viatje
El primer viaje, en forma de prueba, discurrió entre la calle del Mar y la plaza de los Carros. Días después, los caballos ya arrastraron los coches hasta Cos del Bou. La empresa acordó añadir un nuevo tramo al trazado principal, con el objetivo de enlazar la línea que discurría por Apodaca con la estación de ferrocarril. Sin ningún tipo de duda, la orografía de la ciudad fue el fenómeno de que planteó más dificultades al proyecto, junto con el hecho de que las calles donde se asentaron los raíles eran del suelo, motivo que generó que los ejes de los coches sufrieran frecuentes averías. El primer accidente tuvo lugar dos meses después de la inauguración en la calle Pons d'Icart, donde en la corva se tropezaron con dos tranvies.

Que la vida del tranvía de Tarragona sería corta ya lo dejó entrever a una persona foránea de visita a la ciudad. Dejó escrito que los caballos que tiraban del tranvía estaban tan famélicos que se le marcaban las costillas. No le faltó la razón. Pocos meses después, Tranvías de Tarragona cesaba en su actividad.

En los años veinte del siglo pasado hubo un nuevo intento por dotar en Tarragona de un servicio de tranvía. El alto coste económico del proyecto hizo que no llegara a buen puerto.
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