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Anna Bellmàs Sanz De Tarragona a Bruselas Tarragonins pel món
L'Anna a la Grand Place, la plaça més famosa de Brussel·les.

«Me apasiona trabajar por el intercambio cultural»

Anna en la Grand Place, la plaza más famosa de Bruselas.

Cedida

«Me apasiona trabajar por el intercambio cultural»

Anna Bellmàs se marchó hace un año y nueve meses a Bruselas, contratado por la Agència Catalana de Turisme para promocionar Cataluña
  • Redacció

Actualizada 13/11/2019 a las 18:15

—¿Cómo ha sido su trayectoria profesional hasta ahora?
—Después de cursar el Grado en Gestión Turística y Hotelera en la Universidad Ramon Llull trabajé en la Agència Catalana de Turisme. Enseguida me di cuenta de que me apasionaba trabajar promocionando mi país y ayudar en la creación de un modelo turístico sostenible y de calidad. Poco tiempo después conseguí una beca del Ministerio de Industria, Turismo y Agenda Digital y tuve la oportunidad de cursar un Master en Turismo Internacional en Madrid, y posteriormente trabajé en la Embajada de España en Argentina. Después se me presentó la oportunidad de promocionar Cataluña en Bruselas.


—¿Qué motivos la llevaron a marcharse de casa para ir a vivir al extranjero?
—Desde que tengo memoria, he tenido interés por viajar, descubrir nuevos rincones y ver otras formas de vivir. Creo que por eso decidí estudiar Turismo, me apasiona poder trabajar en un sector que hace posible el intercambio cultural y el descubrimiento más allá de nuestro entorno habitual.

—¿Cuál fue su primera impresión del país al llegar?
—Llegué justo en uno de los inviernos más fríos y nublados de los últimos 50 años. Durante mis primeros 2 meses hubo un total de 12 horas de sol, lo que hizo que mi primera impresión fuera negativa. Vale a decir que, con el cambio de tiempo y la llegada del verano, empecé a apreciar la ciudad.

—¿Fue muy sorprendente el cambio?
—Fue muy sorprendente. Venía de vivir un año en Argentina, país de una cultura totalmente opuesta a la belga, más cerrada y europea. Además, al cambiar de hemisferio, pasé de vivir en pleno verano a uno de los peores inviernos registrados en los últimos años.

—¿Cuáles son las principales diferencias entre Bélgica y su casa?
La principal es la multiculturalidad. Partiendo del hecho de que Bruselas es una región bilingüe (tanto el francés como el flamenco son idiomas oficiales), no es sorprendente ver y escuchar estos dos idiomas en cada esquina. Si a eso añadimos el alto número de expatriados que trabajan en las Instituciones Europeas y los turistas que visitan la ciudad, el número de idiomas y culturas presentes en las calles es abrumador. Y es que no olvidemos que la capital europea está considerada como la segunda ciudad más cosmopolita del mundo, sólo por detrás de Dubái.

—¿Cuáles son los lugares más característicos de Bruselas?
—La Grand Place, que es el centro histórico. Fue descrita por Victor Hugo como «la plaza más bella del mundo», recomiendo visitarla tanto de día como de noche por su iluminación. También el Atomium, una estructura de 102 metros de altura que emula los nueve átomos de un cristal de hierro, aumentados varios billones de veces.

—¿Qué destacaría de la manera de trabajar del país?
—No puedo destacar mucho, ya que trabajo mayoritariamente con catalanes, pero sí que me he dado cuenta de que los belgas son extremadamente puntuales. No llegan nunca ni un minuto tarde, pero tampoco llegan antes de la hora. Si una reunión está prevista para las 5 de la tarde, un belga llegará 10 minutos antes, aprovechará para ir al lavabo o dar una pequeña vuelta, para así llegar exactamente a las 5 a la reunión.

—¿Desde que llegó ha vivido o le ha pasado algo curioso de que no se hubiera imaginado nunca?
—Cuando fui de excursión a Amberes, en Flandes, me sorprendió que la gente no me entendiera cuando hablaba francés. Me di cuenta de que Bélgica está realmente dividida por dos identidades regionales con dos idiomas totalmente diferentes entonces. La región de Flandes sólo habla neerlandés, y la región de Valonia sólo habla Francés.

—¿Qué es lo que más echa de menos de casa?
—Estar cerca de la familia y los amigos. Sin embargo, hay vuelos muy económicos que me permiten viajar a casa a menudo. También echo muy de menos el buen clima tarraconense y la comida. En Bélgica a menudo cuesta mucho encontrar productos de proximidad que encontraríamos fácilmente en cualquier mercado catalán y la calidad desgraciadamente no es la misma.

—¿Qué costumbre del país actual se llevaría a Cataluña? —Los puestos donde venden las famosas patatas fritas belgas o frietjes. Además de ser deliciosas, son el mejor remedio para animarte el día aunque este nublado, llueva o nieve.

—¿Tiene intención de volver pronto?
—A finales de año se me acaba mi contrato, entonces lo decidiré. Todo dependerá de las oportunidades laborales que se me presenten.
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