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Daniel Crespo Muñoz De Altafulla a Reykiavik, Islandia Tarragonins pel món

«El agua caliente en el sur huele a huevos podridos y se te queda en la piel»

Daniel Crespo se marchó a Islandia con la intención inicial de realizar un viaje de larga duración, pero se ha acabado afincando

Actualizada 28/06/2019 a las 13:42

—¿Cómo ha sido su trayectoria profesional hasta ahora?
—Mi trayectoria profesional ha sido nula hasta ahora, ya que cuando acabé mi primera carrera y me marché a Islandia. En vez de buscar trabajo relacionado con el ámbito de la ingeniería civil, decidí cambiar el área de mis estudios.


—¿Qué motivos le llevaron a marcharse de casa para ir a vivir al extranjero?
—Me marché con mi hermano gemelo en agosto 2014 después de estudiar un curso de 40 horas de islandés al Instituto Nórdico de Barcelona. La intención inicial era hacer un viaje largo en torno a la isla, pero a nuestra profesora de islandés, Frida, nos facilitó mucho tomar la decisión de ir a vivir allí una temporada y seguir estudiando el idioma a la universidad. Como los dos habíamos acabado nuestros estudios en Barcelona y no teníamos muchas oportunidades de trabajo profesional, decidimos marcharnos.

—¿Cuál fue su primera impresión del país al llegar?
—Siempre recuerdo llegar a mi primera casa, de noche, y abrir por primera vez el grifo. El agua caliente en el sur de la isla hace mal olor, como a huevos podridos, ya que se calienta con energía geotérmica. Cuando no estás acostumbrado, el olor parece estar por toda la casa e, incluso, se queda en la piel después de ducharte. Tardé bastante tiempo pero te acabas acostumbrando, naturalmente.

—¿Fue muy sorprendente el cambio o fue, más o menos, tal como se lo había imaginado?
—Realmente fue más o menos como yo lo imaginé. Con respecto al tiempo, antes de marcharse anticipé inviernos horribles y veranos mediocres, y acerté. El ritmo de vida en Reykiavik, para mí, es muy parecido al nuestro, y el carácter de los islandeses también es comparable, aunque son un poco más reservados cuando no te conocen y mucho más excéntricos.

—¿Cuáles son las principales diferencias entre Reykiavik y su casa?
—Una cosa que me choca, pero no me sorprende teniendo en cuenta el clima islandés, es que no hacen vida en la calle. En general, te mueves de un lugar a otro pasando el mínimo de tiempo posible en la calle y tienes la sensación de ir de casa en casa (muchas de las cafeterías, restaurantes, e incluso bares de noche del centro de Reykiavik son casas).

—¿Cuáles son los lugares más característicos de su nueva ciudad de acogida?
—Reykiavik no es una ciudad grande y en el centro está todo lo que más o menos hace falta visitar (el lago Tjörnin, el Parlamento, la iglesia Hallgrísmskirkja...), así que mucha gente obvia la zona del zoológico y el jardín botánico que está situada a un par de kilòmetres del centro y vale la pena visitar, especialmente en verano. El área de la estación de aguas Perlan que conecta a través de uno de los pocos bosques de la isla con la playa Nauthólsvík también es imprescindible.

—¿Qué destacaría de la manera de trabajar del país? ¿Las conductas son similares o diferentes a las del Estado español?
—El ritmo de trabajo es comparable aunque se preocupan más por la calidad del ambiente de trabajo. Respetan mucho las pausas y los horarios, de llegada pero también de salida, y en general no anteponen el trabajo a la vida privada. La actitud de con respecto al trabajo es muy más relajada e informal.

—¿Cómo se está viviendo la crisis en su país de residencia?
—El trabajo en Islandia no es un problema, especialmente en el sector servicios. El paro es muy bajo o inexistente. Donde se notan más la crisis, los recortes y la falta de recursos, está en el sector de la vivienda y a la sanidad pública. Con respecto a la vivienda, está gravemente afectado por el turismo y el de nueva construcción es muy caro para mucha gente, especialmente jóvenes.

—En estos momentos en que las cifras de paro en España no paran de crecer, ¿cree que el país donde vive actualmente es un buen lugar para que los más jóvenes puedan buscar y encontrar trabajo?
—No. Islandia es un país particular y las oportunidades no son las mismas que en otras grandes ciudades europeas. Además, la experiencia me ha demostrado que no todo el mundo puede acostumbrarse al país.

—¿Desde que llegó ha vivido o le ha pasado algo curioso de que no se hubiera imaginado nunca?
—Después de pasar mi primer invierno, donde la falta de luz es muy notable, pensaba que las 24 horas de sol en verano serían una especie de recompensa, pero tampoco se fácil acostumbrarse a esta situación. Es difícil dormir por la noche cuando en la calle parecen las seis de la tarde (eso es especialmente notable en junio).

—¿Qué es lo que más echa de menos de casa?
—Aparte de la familia y los amigos, la vida en la calle y los bares. En Islandia hay muchas cafeterías, pero no tienen ningún bar como los que conocemos aquí.

—¿Qué costumbre del país actual se llevaría hacia Cataluña?
—No sé si costumbre, pero la sensación de vivir en un pueblo que funciona como una capital europea. Y también que los trámites burocráticos son especialmente rápidos.

—¿Tiene intención de volver pronto?
—Mi intención es empezar ahora mi carrera profesional aquí, así que no tengo pensado volver, de momento.
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