Diari Més

Natàlia Valls: Del Pla de Santa Maria a Dubái (Emiratos Árabes)

«La sociedad de los emiratos es patriarcal pero cada vez hay más mujeres con poder»

Natàlia Valls trabaja en el ámbito de los recursos humanos en Dubái, una ciudad donde el coche es imprescindible para ir a cualquier sitio

Autofoto de Natàlia Valls en un restaurante de Dubái.

«La sociedad de los emiratos es patriarcal pero cada vez hay más mujeres con poder»Cedida

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—¿Qué la ha llevado a vivir a Dubái?

— Hace muchos años que me fui de casa. En 2005 fui a Londres para estudiar inglés. Le ofrecieron a mi marido un trabajo en Dubái y, después de analizar los pros y contras, decidimos dar el paso.

—¿Cómo se organizan políticamente los Emiratos Árabes?

—Están formados por siete emiratos. Cada uno de ellos tiene su familia real, pero también tienen un gobierno con los ministros y consejeros. La capital es Abu Dhabi y su jeque también es el presidente de los Emiratos Árabes.

—¿Cómo ha sido su trayectoria profesional hasta ahora? —Aquí he tenido la oportunidad de empezar mi carrera en el ámbito de los Recursos Humanos, ya que, hasta ahora, no había trabajado nunca.

—¿Fue muy sorprendente el cambio?

—Me sorprendió totalmente, ya que desde Europa no sabía dónde estaba Dubái ni cómo era. No me imaginaba que hacía tanto calor en verano.

—¿Qué lo ha sorprendido más?

—Dubái no tiene nada que ver con ninguna ciudad europea. Es impensable ir andando por la calle de un sitio a otro. Tener piscina en la comunidad de vecinos es lo más normal del mundo. Lo más curioso es que durante el ramadán está prohibido comer y beber en público en las horas de sol. Aunque la mayoría de restaurantes y cafeterías están cerrados, cada vez abren más locales, pero ponen cortinas negras para impedir que se vea desde fuera. Todos los edificios tienen aire acondicionado: en casa, en el centro comercial, en las oficinas e, incluso, las paradas de bus. Todo está muy limpio y puedes dejar el bolso en una mesa , ir a pedir la bebida y nadie te robará. Hay gente que deja los ordenadores en la mesa mientras van al lavabo, algo impensable en Cataluña.

—¿Donde vive de la ciudad?

—Dubái está formado por barrios, separados por grandes carreteras. El mío se llama Jumeirah Village Cirle, a 25 minutos en coche del centro. Cuando llegué en 2015 había pocos edificios y mucho terrenos vacíos. Hoy hay el doble de edificios y todo está en una fase constante de construcción. También hay muchos parques para pasear.

—¿Qué sitios no se tendría que perder el visitante?

—Los mercados souqs que están en la parte antigua (en el Creek) y el Burj Khalifa y Dubái Mall son impresionantes. También aconsejo visitar el Burj Al Arab (conocido como el hotel Vela) y las playas, donde el agua se mantiene caliente durante casi todo el año. También está muy limpia.

—Explíqueme algún hecho curioso que le haya pasado.

—He aprendido a esquiar en Dubái, en un centro comercial que tiene una pista de esquí en su interior.

—¿Cuál es el papel de la mujer?

—Es una sociedad patriarcal donde los hombres tienen el 95% del poder, pero eso va cambiando y se nota, cada vez más, que hay más mujeres con poder. En el día a día no notas ninguna diferencia con otros países. Una curiosidad sobre este tema es que el metro tiene un vagón sólo para mujeres.

—¿Cuáles son las principales actividades de ocio de los Emiratos?

—La mayoría de actividades se concentran en Dubái y Abu Dhabi. Hay mucha cosas que hacer, desde ir a los centros comerciales (sobre todo en verano, ya que fuera hace mucho calor), donde puedes patinar sobre hielo, visitar un acuario, ver las fuentes del Burj Khalifa (por las noches hacen shows de música y agua), esquiar, ir al cine, juegos recreativos para los más pequeños, etc. Las playas también son muy visitadas por los turistas y extranjeros. En Abu Dhabi abrieron el Louvre y también hay parques de atracciones y acuáticos.

—¿Es difícil encontrar sitios que sirvan alcohol?

—No, sirven en todos los hoteles y en algunos restaurantes. También hay tiendas escondidas en los parkings de la mayoría de los centros comerciales. Para poder comprar alcohol necesitas una licencia que cuesta unos 50-60 euros.

—¿Tiene intención de volver pronto?

—No creo, mi marido es de Madrid y yo de Tarragona, es difícil que nos podemos de acuerdo (ríe).

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