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Enric Parés Domingo. De Tarragona en San Antonio de los Baños (Cuba)
Parés i la seva dona, Yolanda, durant un trajecte en cotxe pel Malecón.

«Me encantaría llevarme la alegría de los cubanos: ser feliz con lo que tengas»

Parés y su mujer, Yolanda, durante un trayecto en coche por el Malecón.

Cedida

«Me encantaría llevarme la alegría de los cubanos: ser feliz con lo que tengas»

Cuatro meses residiendo junto a la Habana han servido a este tarraconense enamorado del Caribe para «disfrutar de la vida» y hacerlo «a otro ritmo»
  • Redacció

Actualizada 25/01/2019 a las 14:48

Enric Parés (Tarragona, 1969) es asesor comercial de Toyota. Desde septiembre, y a partir de una excedencia, ha trasladado su casa a una isla donde se para el tiempo.

-—¿Qué motivos lo llevaron a marcharse de casa para ir a vivir en el extranjero?
—La decisión de cambiar de vida vino porque nos dimos cuenta que, con el trabajo de Yolanda, mi mujer –actualmente también con una excedencia–, y mi trabajo en Toyota, nuestros horarios nos dejaban muy poco tiempopara la vida en pareja. Y hace 28 años que estamos casados. Creo que se trabaja más de lo que se disfruta en la vida y siempre he pensado que se tiene que trabajar para vivir. Escogimos Cuba porque es un país que conocemos bien, ya que hace más de 26 años que lo visitamos y porque, si escogemos un pueblo, nos permite adaptarnos a un presupuesto más modesto. No tiene nada que ver si se quiere vivir en la Habana, pero aquí estamos a sólo 35 kilómetros de la capital.

—¿Cuál fue su primera impresión del país al llegar?
—Después de 26 años viniendo a Cuba una o dos veces el año, de vacaciones durante siete, nueve o trece días, ahora queríamos estar mucho más tiempo disfrutando del país. No nos ha sorprendido mucha cosa de Cuba, ya que la conocemos muy bien. Esta vez no tenemos que hacer todo aquello que hace un turista en una sola semana: nosotros tenemos mucho más tiempo para recorrer Cuba entera y vivir su día a día.

—¿Cuáles son las principales diferencias entre Cuba y Catalunya?
—Son dos mundos completamente diferentes. Todo cambia. Con respecto a los horarios, aquí se come a las doce del mediodía y se cena a las seis de la tarde. En la gastronomía, el único rey es el arroz, que acompaña todos los platos. En Cuba puedes encontrar un concierto a cualquier hora del día, la casa es mucho mayor y tenemos todo el tiempo del mundo para compartir entre nosotros. ¡Y desde el 20 de septiembre, estoy todo el día en pantalón corto!

—¿Cuáles son los lugares más característicos de su nueva ciudad de acogida?
—La Habana es como dos veces Barcelona en extensión. ¡Imagina si hay cosas para ver! Pasear por el Malecón, visitar museos y teatros, perderse por La Habana Vieja. O probar, con mesura o no, los cócteles cubanos. También ir a bailar a las Casas de la Música , con las mejores orquestas de salsa del mundo. E ir a playas espectaculares cualquier época. En mi pueblo se puede escuchar la música cubana más tradicional, como el grupo Yawar. Hay los auténticos paladares cubanos y tardes de conversación con los vecinos mientras los niños juegan a la calle sin inseguridad. Ya parezco un jubilado (ríe).

—¿Qué destacaría de la manera de trabajar del país?
—Las diferencias son abismales, ya que los cubanos tienen unos horarios muy diferentes. Al mediodía no se cierra nada porque hacen jornadas intensivas y a las cuatro o las seis de la tarde todo el mundo está en casa. La disciplina de trabajo es diferente. Se nota que ningún negocio estatal tiene el propietario vigilante, como pasa en Europa. Todo funciona, pero sin prisas.

—¿Desde que llegó ha vivido o le ha pasado algo curioso de que no se hubiera esperado?
—Lo más curioso ha sido ver las tradiciones de Fin de Año. A las doce se enciende un muñeco delante de casa que representa el año que se ha marchado. Después, los cubanos echan un cubo de agua desde el portal para sacar todo lo que es malo del año anterior. Y algunos dan una vuelta en el barrio con una maleta vacía para atraer las opciones de viajar al extranjero.

—¿Qué echa de menos? ¿Qué costumbre se llevaría a Catalunya?
—Echamos de menos a la familia, aunque con internet hablamos cada día con ellos. También echamos mucho de menos a todos los amigos, que al fin son familia, y no olvidamos los compañeros de trabajo que reencontraremos a la vuelta. En casa, me encantaría llevarme la alegría de los cubanos, intentar ser feliz con cualquier cosa y disfrutar del tiempo, que no se compra.

—¿Volverá pronto?
—Tendremos que volver, y lo haremos con toda la ilusión. Los ahorros no nos durarán toda la vida. Sin embargo, no hay una fecha todavía. Como cada tres meses tenemos que salir de Cuba por el tema del visado, aprovechamos para visitar Cancún, Miami, República Dominicana. Eso no duele en nadie.
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