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Laura Pérez: De Tarragona a Porto
La Laura Pérez al riu Duero, des del Palacio de Cristal.

«La ciudad de Oporto tiene una belleza única y decadente que me atrapa»

Laura Pérez en el río Duero, desde el Palacio de Cristal.

Cedida

«La ciudad de Oporto tiene una belleza única y decadente que me atrapa»

Laura Pérez estudió en el 2013 un Erasmus en Oporto, ciudad donde reside desde el 2017, trabajando como nutricionista

Actualizada 07/12/2018 a las 12:04

—¿Cómo ha sido su trayectoria profesional hasta ahora?
—Estudié el Grado de Nutrición. Cuando acabé quería trabajar para conocer qué papel podría tener en el mundo laboral y decidir si quería seguir ampliando los estudios. Trabajé en Gran Canaria durante un año como nutricionista y después luché por una oportunidad laboral en Oporto y aquí continúo.


—¿Qué motivos la llevaron a marcharse de casa para ir a vivir al extranjero?
Todo empezó el año 2011 cuando tuve la oportunidad de hacer unas prácticas del CFGS (Técnico Superior en Dietética) en Roma durante dos meses. Cada día vivía nuevas experiencias y emociones que me despertaban curiosidad y afán para aprender de lo que es inesperado. Me enganché de cierta manera a esta sensación y, cuando pude optar a hacer un Erasmus, no me lo pensé dos veces.

—¿Cuál fue su primera impresión del país al llegar?
—En Oporto ya había estado antes con una amiga de vacaciones el verano antes de hacer el Erasmus, y la ciudad me encantó. Cuando llegué con las maletas para quedarme una temporada larga para estudiar tuve la impresión que la ciudad no había cambiado. Oporto es una ciudad muy peculiar. Particularmente me atrapa su belleza única y decadente. Es un placer perderse por las callejuelas del barrio de la Ribeira donde los balcones pueden estar llenos de ropa tendida, uno de los sellos de identidad de la ciudad invicta.

—¿Fue muy sorprendente el cambio o fue, más o menos, tal como se lo había imaginado?
Muy sorprendente no, ya que somos dos países que compartimos territorio y algunas tradiciones y costumbres son semejantes.

—¿Cuáles son las principales diferencias con Tarragona?
Cuando estudié aquí me llamó mucho la atención que es un país lleno de formalidades: el primer contacto entre personas adultas nunca empieza por un «tú» y por muchos años que pasen nunca se tutean. El título universitario te otorga el distintivo de doctora para siempre. Otra diferencia es que a las doce del mediodía en Portugal ya se está poniendo la mesa. Comer a las tres de la tarde o cenar a las diez es muy tarde aquí. Otra diferencia es que el descanso en el trabajo para comer es de una hora u hora y media como máximo, cosa que te permite salir del trabajo a las 18 h. por ejemplo.

—¿Cuáles son los lugares más característicos de Oporto?
—El modelo arquitectónico del casco antiguo, proclamado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996, está basado en una decadencia propia de ciudades que fueron importantes en un pasado y, eso, le da un toque mágico y único. Cuando paseo por la ciudad tengo la sensación que estoy en un pueblo grande y no en la segunda ciudad más importando del país. Eso se debe al carácter amable de sus habitantes.

—¿Qué destacaría de la manera de trabajar del país?
—Lamentablemente los sueldos no acompañan a la calidad de la formación y como se desarrollan en el trabajo. Se fijan mucho en los detalles y están continuamente creciendo y aprendiendo de ellos mismos y de otros países. La tendencia a trabajar muchas horas y poner en riesgo la productividad es la misma que en España.

—Desde que llegó, ¿ha vivido o le ha pasado algo curioso de que no se hubiera imaginado nunca?
—Bueno, como pasa en muchos idiomas, existen los «falsos amigos» (palabras en otra lengua que por la forma que se escriben o se pronuncian se parecen a una palabra en castellano o catalán, pero tienen un significado diferente). Un día le dije a un camarero que la comida estaba exquisita, que significa extraña, y no deliciosa. Lo mismo pasa con la palabra espantosa, que significa espectacular.

—¿Qué costumbre se llevaría a Cataluña?
—Las series y películas en versión original, la palabra saudade, que significar «echar de menos» y el café que sirven aquí.
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