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Jaume Mulé, davant un dels coneguts canals d'Amsterdam.

«No habría imaginado nunca que pagaría las entradas de conciertos más baratas»

Jaume Mulé, delante de uno de los conocidos canales de Amsterdam.

Cedida

«No habría imaginado nunca que pagaría las entradas de conciertos más baratas»

Jaume Mulé lleva dos años a Amsterdam, donde trabaja como ingeniero de software en el sector de las telecomunicaciones

Actualizada 02/03/2018 a las 09:50

–¿Qué motivos lo llevaron a marcharse de casa para ir a vivir en el extranjero?
–El sector de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) evoluciona constantemente y tiende a globalizarse. Es inevitable que se formen nuevos hubes o núcleos donde se aglutina industria, innovación y conocimiento. Holanda es, hoy, un núcleo internacional creciente lo bastante importante en el sector. No quise dejar perder la oportunidad de formarme profesionalmente.


–¿Cuál fue su primera impresión del país?
–Todavía no lo había visitado, y el primero que noté y que sigo valorando hoy en día es la eficiencia de esta sociedad moderna que ha sabido integrar personas venidas de todas partes. Te ves casi como a casa cuándo ves que en tu alrededor hay tantísimas personas que han tomado la misma decisión, y te sientes en la obligación de hacer lo mismo por los recién llegados.

–¿Fue muy sorprendente el cambio?
–Te tienes que oír cómodo y tienes que encajar, por qué el cambio es plausible. Tienes que tener claros los pros y los contras, que no serás capaz de analizar hasta establecerte. Vas una pequeña temporada a probar y, si te sientes bien, te quedas. El más sorprendente es la tolerancia y el ambiente internacional. El hecho de que vivan muchas personas jóvenes también ayuda. Creo que es bastante mejor de lo que lo había imaginado, aunque los comienzos son difíciles, sobre todo en el ámbito personal.

–¿Cuáles son las principales diferencias entre Amsterdam y su casa?
–Acostúmbrate a no ver el Sol durante semanas y recibir lluvia con rachas de viento mientras vas en bicicleta. Sí, bien, cogerás la bicicleta aunque no siempre sea cómodo, por qué es la ciudad de las bicicletas. Por qué es más barato, más accesible, más rápido, no te quedará más remedio si sales con amigos y... te gustará. Ya es bastante sabido qué se puede llegar a hacer en Amsterdam, pero eso no es lo más importante, sino que es el fondo: la tolerancia de base. Acostúmbrate a hablar inglés siempre y a compartir espacio con más de ciento ochenta nacionalidades. Echarás de menos muchas cosas, sí, no hay montañas donde esquiar ni playas donde tomar el sol, ni croquetas de la abuela. No obstante, cada día es una nueva historia para explicar.

–¿Cuáles son los lugares más característicos de su nueva ciudad de acogida?
–Me quedo con los parques, los museos, las salas de conciertos y la cerveza local. Eso es más reciente, pero está en crecimiento. Si vas a pie no te olvides cerrar el mapa y perderte por las calles del centro, la mezcla entre arquitectura única y antigua, entre los canales, te hará olvidar que te encuentras en una capital europea. Popularmente se llama la Venecia del norte. También puedes pasear por el barrio rojo y visitar coffeshops: tanto la prostitución como la marihuana están permitidas y son un atractivo turístico.

–¿Qué destacaría de la manera de trabajar del país?
–Son eficaces, de eso no queda duda. En mi sector profesional, que es el que conozco mejor, se trabaja intensamente pero al mismo tiempo se invierte en recursos humanos. Horarios de nueve a seis con una hora para comer, con cocina en la oficina y sala recreativa. Siempre hay máquinas de café operativas y 'snacks' para picar. Según la empresa, también está permitido trabajar a distancia y se anima el aprendizaje en horas de trabajo si es conocimiento que puede ayudar en el equipo. Todo eso es bastante americano, pero se implementa. Ahora bien: la distribución de cargos en las empresas acostumbran a ser mucho menos verticales y el trato con los superiores mucho más próximo. El código de vestimenta no es un factor. En general tienden a tener o a potenciar una cierta cultura interna: deporte en equipo, sesiones de cine, cervezas entre semana y bebidas con comida en la oficina los viernes después del trabajo; como ejemplos. Se valora y se requiere la comunicación directa, la subjetividad, la crítica positiva y la proactividad.

–¿Le ha pasado algo curioso desde que llegó a Amsterdam?
–No habría dicho nunca que pagaría las entradas de los conciertos más económicas que en nuestra casa, cuando el salario mínimo interprofesional en holanda duplica el español. Y es que el IVA para cultura es razonable (6%, enfrente del 21% español). Eso potencia la presencia de giras internacionales y la reinversión en salas de conciertos: cualquier ciudad del tamaño de Reus o Tarragona tienen salas equipadas con material de calidad, capaces de acoger a un gran número de personas. Y el mismo pasa con música electrónica, que es un referente, y tantos otros géneros musicales; otros sectores de la cultura, como el teatro y el cine, y del arte en general. A la gente hacemos uso.

–¿Qué es lo que más echa de menos de casa?
–Aparte de los amigos y la familia, también el deporte de montaña, la playa y la cultura popular. Aunque intento bajar a menudo para recibir una dosis de cada.

–¿Qué costumbre del país se llevaría a Cataluña?
–Holanda y Catalunya todavía pueden aprender mucho el uno del otro. Combinando lo mejor de los dos países tendríamos uno casi perfecto, para mi gusto. Aunque me encanta poder hablar y opinar de cualquier cosa sin ambages, y eso me lo llevaría.

–¿Tiene intención de volver pronto a su casa?
–Pronto o no, las circunstancias dirán. Pero volver a Catalunya: sin duda.
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