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La vallenca Noelia González, als carrers de Venècia.

La habitante de Valls Noelia González, en las calles de Venecia.

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«Fui a trabajar a Italia hace más de dos años y ahora el amor hace que me quede»

Tiene 21 años y aprovechó una oferta laboral para ir a vivir a un país que le ha cautivado y a una de las ciudades más atractivas del mundo

Actualizada 27/07/2017 a las 21:22

—-¿Cuánto de tiempo hace que vive en Italia, entre Verona y Venecia?
—Desde mayo del 2015.


—¿Cómo ha sido su trayectoria profesional hasta ahora?
—Como la espuma, subiendo muy rápidamente y felizmente. Ahora soy azafata de vuelo de la compañía Volotea.

—¿Qué motivos la llevaron a ir a vivir al extranjero?
—El trabajo me llevó hasta aquí hace más de dos años y, ahora, el amor hace que me quede.

—¿Cuál fue su primera impresión del país al llegar?
—Había visitado Italia con el instituto y ya me enamoró, pero es completamente diferente ir de vacaciones que a trabajar. Sin lugar a dudas, es mejor vivir allí.

—¿Fue sorprendente el cambio?
—Para ser un país mediterráneo, el cambio no es demasiado chocante, pero sí que hay pequeñas cosas que te hacen diferenciar Italia de España, pero no muchas.

—¿Cuáles son las principales diferencias con su casa?
—Como en cualquier país, a los italianos les gusta mucho todo aquello que proviene de la misma Italia, desde la comida y productos alimenticios hasta coches e instrumentos e, incluso, diferenciando entre regiones. Todavía no me he acostumbrado a comer a las 12 y cenar a las 8 de la tarde. Desde fuera se ve Italia como una gran galería de arte de la época clásica, pero más allá de eso, los italianos están muy orgullosos del arte y la arquitectura de todas las épocas.

—¿Cuáles son los lugares más característicos de su nueva ciudad de acogida?
—Venecia se tiene que visitar entera. Todas las pequeñas islas son destacables, sin embargo, más allá de la parte turística, la judería judía de Venecia y las calles donde vive la gente que realmente reside en la ciudad son preciosos y están llenos de vida, de personas que no tienen carnet de conducir, pero sí el de barca, porque es lo que necesitan en su día a día. Un poco en el norte de Venecia se encuentra Treviso, una antigua ciudad medieval amurallada, con pequeños canales y mucha vida universitaria y artística que te hace enamorar. Y Verona es una ciudad increíble y no demasiado grande. Sólo entrar, te recibe la Puerta Nuova. Hace que te sientas en un lugar completamente diferente. El más típico es la casa de Giulieta (de Shakespeare) y su tumba, además de la Arena, un anfiteatro romano que se usa todavía por conciertos y óperas. También decir que en Navidad el norte de Italia se llena de mercados como los de las ciudades de Alemania, ya que muchas personas son de ascendencia germánica.

—¿Las conductas son similares o diferentes de las de aquí?
—Depende del lugar. El norte y el sur de Italia son completamente diferentes de la hora de afrontar el trabajo. En general, puede parecer un poco caótico, pero todo sale bien. ¿Y las condiciones? Bien, mi compañía es española, pero el contrato es italiano, así que tengo un mix.

—¿­­­Des que llegó, ha vivido o le ha pasado algo curioso que no se hubiera imaginado nunca?
—El primer año que llegué a Verona me costó encontrar piso. No hablaba una palabra de italiano y eso, a la gente, a veces les hace dar un paso atrás. Por mis horarios locos, por Navidad no podía volver a casa, a Valls, pero en el momento que el propietario de mi piso lo supo, me invitaron a cenar el día de Navidad con toda su muy extensa familia y con los brazos abiertos. Al principio, los italianos pueden llegar a ser distantes, si eres extranjera que no habla italiano, pero cuando te acercas son muy acogedores y te hacen sentir|oír como casa.

—¿Qué es lo que más echa de menos de casa?
—El mar. En Italia hay playas increíbles y gastronomía marítima impresionante, pero en el sur, y yo estoy en el norte. La laguna de Venecia o el Lago di Garda son preciosos, pero no es el mar Mediterráneo ni las playas de Tarragona.

—¿Tiene intención de volver pronto?
—Pues no lo sé, en parte me gustaría volver, pero ahora estoy cómoda y feliz. La familia viene a verme cada uno o dos meses.
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