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Fiesta Mayor
Els elements de foc van tornar a generar divisió d'opinions: alguns infants es divertien amb l'espectacle d'espurnes i altres tenien por.

Los elementos de fuego volvieron a generar división de opiniones: algunos niños se divertían con el espectáculo de chispas y otros tenían miedo.

El Ball de Pere Joan Barceló va liderar el Seguici.

El Ball de Pere Joan Barceló lideró el Seguici.

Els Gegants, un any més, van tornar a ser alguns dels elements més aclamats.

Los Gigantes, un año más, volvieron a ser de los elementos más aclamados.

El Santuario se vuelve a iluminar en un día de Misericordia como los de antes

Ni la lluvia ni las restricciones de la pandemia se dejaron ver en el día grande de la Fiesta Mayor

Actualizada 26/09/2022 a las 07:27

«A la paz del Santuario, el gentío viene con fervor. Virgen de Misericordia, miradnos con ojos de amor». Ha costado, pero los versos de los Gozos a la Virgen han vuelto a ser ciertos. Ya no había vallas, ni mascarillas, ni distancia de seguridad, ni limitación de aforo como el año pasado. Pequeños y grandes volvieron a llenar ayer el paseo de Misericordia para ver y vivir el día principal de la Fiesta Mayor.

El sábado ya presagiaba lo que acabaría sucediendo. La lluvia se presentó sin invitación al Rosario de Antorchas, cuando ya era oscuro, e hizo que se cancelara la peregrinación hacia el Santuario. A pesar de todo, la áurea luz del retablo invitó a los fieles a unirse a la plegaria nocturna. Si ayer quedaba alguna nube traviesa que quisiera hacer fechorías, los trabucos de los miembros del baile de Pere Joan Barceló se encargaron de asustarlas pasadas las 11 horas. Justo detrás, la Víbria y el Dragón empezaron a rociar el paseo con sus chispas. El agua fue sustituida por el fuego. Los reusenses abrazaban el infierno. Los chillidos de alegría se mezclaban con pasmos de puro terror. La adrenalina y el miedo se dividían entre los más pequeños.

Los Críos no tardarían a hacer acto de presencia para enjugar las lágrimas y ofrecer sus mejores abrazos. Entre los curiosos asistentes, brillaban los ojos de un husky que contemplaba los capgrossos con devoción. Quería acercarse y saludarlos con la patita, formar parte del bestiario festivo, pero una vez oyó los petardos y vio las llamas que los que le precedían, reconsideró su decisión. Ya se había cansado de desfilar. Era hora de volver a casa.

«¿Que lleváis las fiestas de Misericordia a la sangre?», preguntaba Eduard a sus hijos, de seis y diez años. «¡Claro está que sí, son muy guais!», respondía el grande. Estaban ansiosos por ver a los Gigantes y, por suerte, no tuvieron que esperar mucho. El Lleó, el Basilisc, la Mulassa, el ball de Galeres y el resto del Seguici Festiu continuaron su trayecto hacia el Santuario, con la imponente Àliga en la cola del desfile. Sabía que todavía no había llegado su momento. Por la tarde, el protagonismo sería todo suyo.

Iluminando la noche
Después de recuperar fuerzas con una comida de hermandad, los Gigantes, los Nanos, los dansaires y el bestiario volvieron a actuar, los Xiquets de Reus acariciaron el cielo y, a continuación, se hizo el silencio. Pasadas las 19 h., la Àliga entró en el Santuario y le ofreció a la Virgen de Misericordia su baile solemne corto. Seguro que la patrona lo estuvo contemplando con «ojos de amor», cautivada de felicidad. No sólo por lo que acababa de ver, sino también porque los reusenses volvieron a demostrar su devoción por la ciudad una vez superados los mil y uno obstáculos de los últimos años. «¡Estaba esperando que devolvieran|volvieran las fiestas, y tanto!», exclamaba Àngel Munné.

Si el corazón de los asistentes ya estaba en paz, en el paseo de Misericordia había empezado otra peregrinación, pero esta vez la protagonizaban los Diablos y no los fieles. No venían a hacer el mal, sino a sumarse a las celebraciones del Santuario. La Víbria y el Dragón también se añadieron al espectáculo hasta que la Pirotecnia Igual, encargada de sorprender año tras año con los truenos, encendió el cielo con el castillo de fuegos, bañando de color –y ceniza– la clausura de un día como el que hacía dos años que no se vivía.

La Fiesta Mayor de Misericordia, sin embargo, todavía no ha acabado. Hoy, a las 9 h., se celebrará el primer desayuno de las Misericordias en la Boca de la Mina. Ellas llevarán la bebida, los anises y el bolado  para quien quiera. Y a las 18 h., todos los elementos del Seguici Petit se congregarán en la plaça del Mercadal después de que su salida, que se tenía que hacer el viernes, se suspendiera por las inoportunas precipitaciones.

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