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Colas en las churrerías de Reus para no renunciar al desayuno el primer domingo sin bares

Caty Fernández: «Hemos acabado más tarde porque llegaba gente sin parar»

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Entre la cola de clientes de la churrería que regenta y que cada mañana del domingo instala en una de las plazas de Sant Josep Obrer, Caty Fernández detectaba ayer bastantes caras nuevas. El primer fin de semana con restricciones en bares y restaurantes para contener la segunda ola de la covid-19 «probablemente sí que ha hecho subir un poco» el público del establecimiento ambulante, donde «siempre tenemos mucha gente esperando pero no tanta como esta vez» y «hemos acabado más tarde porque no paraban de venir personas». Las limitaciones que el Procicat aplica en la hostelería –donde ahora sólo está permitido servir la comida para llevar, cosa que fuerza muchos locales a detener del todo la actividad– han llevado los habituales de la barra y la terraza a buscar otras opciones, y hay que han visto en las churrerías la alternativa para seguir desayunando diferente en día festivo.

La situación ha coincidido con la entrada del sector en la temporada alta, que arranca con la llegada del frío. Desde hace algunas semanas, «parece que se empieza a mover un poco la cosa, después de todo el tiempo que estuvimos sin poder trabajar por el confinamiento y de un verano donde el calor y el miedo hicieron que todo bajara», explica Fernández, que también lleva su churrería semanalmente en torno al Mercat Central y los domingos y festivos, aparte de la de Sant Josep Obrer, pone otra en el barrio a Gaudí de 8 a 12 h. En la reapertura, la gente nos esperaba y, con el paso de los días, «a la clientela fija, hemos notado que ahora se está sumando gente que no teníamos vista». El hecho de que las colas se formen al aire libre y que el género esté ya concebido para llevárselo refuerza esta tendencia. «Ahora pedimos por favor que no se vuelva a cerrar nada, ni los mercados ni nada porque, si no, ya podemos terminar», dice Fernández, a la expectativa de «como funcionará la cosa en los próximos días» y convencida que «lo hemos pasado muy mal en verano y nos hace falta intentar levantar cabezay recuperar parte de lo que hemos perdido». De hecho, en la actualidad, las suyas son seguramente de las únicas churrerías ambulantes que ofrecen servicio en la ciudad de Reus, después de que La Caspolina dijera adiós por jubilación y que la Churrería Xavi se encuentre haya hecho un paréntesis en la pandemia. Entre la clientela de Fernández hay «familias, que venden a por churros, porras y chocolate también para los niños, pero cada vez más gente joven».

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