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El análisis de los móviles corroboró la información que los Mossos recibían del crimen del Montmell

La policía mantiene que los procesados mataron a la víctima, se deshicieron del cuerpo y quemaron su furgoneta

Actualizada 11/03/2021 a las 14:52

Los Mossos defienden que el análisis del posicionamiento y el contenido de los teléfonos móviles de Joaquín y Bacari Junior, los dos principales acusados por el crimen del Montmell en agosto del 2017, corroboró la información que les había aportado la familia de la víctima. Un miembro del grupo de homicidios ha defendido este jueves que el análisis de telefonía «no tendría razón de ser» si previamente no hubieran sabido que la furgoneta del muerto la observaron en Olivella, que una patrulla vio restos de sangre y que al día siguiente apareció calcinada. Además, ha afirmado que dieron credibilidad a la mujer de la víctima porque ella denunció que Diego había desaparecido después de quedar con su cuñado Joaquín, el cual le había dicho que lo mataría.
 
La defensa ha vuelto a cuestionar que los Mossos basaran la investigación en el análisis del posicionamiento de los teléfonos móviles y en relato de la mujer del desaparecido, pero la policía lo ha justificado y ha afirmado que rápidamente vieron que no estaban ante una desaparición voluntaria. Según el secretario del grupo de homicidios, el testimonio de la mujer de la víctima, Mónica, les pareció «fiable» porque lo pudieron ir corroborando. Por ejemplo, ha apuntado que posteriormente recuperaron los mensajes en que Joaquín amenazaba a Diego y corroboraron que mantenían un conflicto económico por una plantación de marihuana.


Este mismo testigo también ha confirmado que mediante el posicionamiento de los teléfonos móviles descartaron la participación de Moisés en el crimen. La policía sospechó de este individuo porque había amenazado a la víctima por no pagarle el alquiler de casa y porque unas horas antes de los hechos coincidió con Joaquín en una gasolinera del Prat de Llobregat. Sin embargo, se comprobó que, a partir de aquel momento, Joaquín y Moisés no volvieron a coincidir. Durante la vista también se ha informado de que Moisés murió ahogado en el mar, con posterioridad a los hechos, en un suceso de carácter accidental.

Un agente que se encargó de analizar la telefonía ha testificado que Joaquín y Junior fueron «siempre juntos» hasta el Montmell la tarde en que se sospecha que acabaron con la vida de Diego. El mosso ha detallado que sobre las siete de la tarde coincidieron en la misma zona los teléfonos de los procesados y el de la víctima, y que hacia las siete y media de la noche vieron que los terminales se desplazaban hacia Olivella. El teléfono de Diego «murió» hacia aquella hora, ha afirmado, dentro del ámbito de un repetidor de Llorenç del Penedès. La principal hipótesis es que durante el trayecto se deshicieron del cadáver, que todavía no ha aparecido.

Los investigadores han reiterado que Junior aparcó la furgoneta de la víctima en una calle de Olivella, que acto seguido Joaquín lo recogió con la suya y que se fueron juntos hacia el Prat. Un vecino de la calle donde dejaron el vehículo de Diego les reconoció sin embargo «con dudas», según los agentes. Posteriormente, las antenas indican que sobre las once de la noche volvieron los dos a Olivella pero que volvieron hacia el Prat sin la furgoneta. El motivo, según los mossos, es que vieron que una patrulla se había personado en el lugar a raíz de la llamada de unos vecinos que sospechaban del vehículo.

Siempre según el análisis de las antenas de telefonía, hacia las dos de la madrugada del 15 de agosto el teléfono Bacari Junior volvió a dirigirse hacia Olivella, mientras que el de Joaquín a aquella hora ya constaba como apagado y no volvió a dar señal hasta el 15 de agosto a media mañana. Según la policía, Bacari Junior se encargó de recoger la furgoneta de la víctima, la trasladó a una pista forestal de Sant Cugat Sesgarrigues y le prendió fuego.

Por otra parte, respondiendo a las preguntas de la defensa, la policía ha admitido que no consta que hubiera autorización judicial ni del inquilino con el fin de entrar el 15 de agosto de 2017 en la casa de la calle de La Haya, donde se localizó sangre de la víctima. Sin embargo, los Mossos han manifestado que cuando volvieron a entrar en octubre, ya con autorización judicial, encontraron «un montón de indicios de muestras de sangre». La defensa ha insistido, sin embargo, en que la casa no se precintó y que el escenario se podía haber contaminado por la entrada y salida de personas.

Este jueves también ha declarado un excuñado de los dos principales acusados, que ha dicho que después de la desaparición de Diego fue a la casa de la calle de La Haya con el fin de recoger un televisor, ropa y «cuatro trastos» que había a petición de Joaquín, que ha dicho que no podía ir en persona porque «se encontraba mal». El testigo ha aclarado que no pudo llegar porque antes se encontró con todo «el alboroto», con la familia de Diego buscándolo.

La vista se reanudará la próxima semana con la práctica de varias pruebas periciales el lunes y martes, mientras que la declaración de los acusados está prevista que se haga el miércoles.
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