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La víctima del Montmell también recibió amenazas del propietario de la casa donde vivía, según varios testigos

Un testigo protegido se desdice de lo que declaró en instrucción porque lo hizo «amenazado» por la familia del muerto

Actualizada 09/03/2021 a las 16:14

Varios testigos han declarado este martes en el juicio por el homicidio de un hombre en el Montmell (Baix Penedès), en agosto del 2017, que el propietario de la casa donde vivía a la víctima también la había amenazado en varias ocasiones por deudas relacionadas con el impago del alquiler y, según algunos de ellos, presumiblemente también por un tema de drogas. Durante la vista, un testigo protegido se ha desdicho de lo que declaró en instrucción y ha justificado que lo hizo «amenazado» por la familia del muerto. Las declaraciones han confirmado la mala relación entre los dos principales procesados, Joaquín y Bacari Junior, y la víctima, Diego. El entorno de los acusados también ha señalado al muerto como una persona maltratadora -con la mujer y los hijos- y manipuladora.
 
La segunda sesión de la vista oral ha empezado con la declaración de Sebastián, hijo de la mujer de la víctima y sobrino de los acusados, que entonces tenía 19 años. El chico ha confirmado que el día de los hechos Diego iba a encontrarse con Joaquín en la casa donde tenían la plantación de marihuana y ha explicado que él propuso acompañarlo porque, después de que su tío le hubiera dicho que «le reventaría la cabeza», sabía «que se iban a pegar y que Joaquín no iría solo».

El joven ha relatado que no tuvieron más noticias de él y que, preocupados, decidieron ir a la casa de la calle la Haya del Mirador del Penedès, donde no encontraron nada ni nadie. Respondiendo a una pregunta del abogado de la defensa, el chico ha afirmado que no percibió que allí hubiera habido un crimen. También ha dicho que aquel día no vio a los dos principales acusados y que al tercer procesado, su abuelo José, lo vio posteriormente en un bar.

Durante la visita que hicieron al día siguiente en la casa de Joaquín en el Prat de Llobregat para ver si sabían nada de Diego, el chico ha confirmado que a su madre la trataron de «loca» y que dijeron que no sabían dónde estaba. «Mi madre dijo que a cada cerdo le llega su san martín y mi abuelo le respondió que a ti ya te ha llegado, guapa. Eso me hizo creer que Joaquín había asesinado a Diego», ha declarado.

Además, el joven ha apuntado que tres o cuatro días antes del crimen su tío Bacari Junior le dijo «que mataría a Diego». El chico ha dicho, sin embargo, que no se lo creyó y que tampoco le dio mucha importancia porque, en su opinión, el procesado estaba fumando marihuana e iba drogado, y «cuando alguien está enfadado, todo el mundo dice tonterías».

El chico, que ha definido a Diego como un padre para él, también ha referido que la víctima tenía problemas con Moisés, un amigo de la familia que les había alquilado la casa donde vivían. «Como Diego no le pagaba venía él con otro hombre a intimidarnos. No eran amenazas de muerte, sino que decía que o pagábamos o nos marchábamos», ha manifestado el chico delante del jurado popular.

La madre del desaparecido, Luz Mery, ha confirmado que su hijo tenía problemas con el arrendador. «Fue a reclamar la deuda que tenían y a quererles echar acompañado de un gitano», ha declarado. Por otra parte, ha señalado que Diego hacía de «jardinero» para Joaquín y que le cuidaba las plantas de marihuana. También ha corroborado que el hijo tenía mala relación con Joaquín porque le reclamaba el dinero que había invertido en la plantación de marihuana y con el otro acusado, Bacari Junior, porque se habían peleado.

Respondiendo a las preguntas del fiscal, la mujer ha lamentado que desde el 14 de agosto del 2017 no ha tenido «la más mínima noticia» de su hijo, que nunca lo ha vuelto a llamar y que nadie más lo ha visto «como si se hubiera abierto la tierra, se lo hubiera tragado y se hubiera vuelto a sellar». «Parece imposible que ya hará casi cuatro años y nadie sepa nada de él», ha expresado.

Un testigo protegido se desdice porque declaró bajo amenazas
Un testigo protegido que ha dicho ser amigo de los dos principales acusados, Joaquín y Bacari, se ha desdicho de buena parte de la declaración que hizo en el juzgado de instrucción, en el cual consta que manifestó que estaba escondido con los procesados en un piso de Barcelona. El individuo ha afirmado que Mónica le dijo qué tenía que declarar porque, si no lo hacía, le podía pasar algo. «Me dijeron que los colombianos -la familia de Diego- tenían que cobrar su venganza y que si no era con Joaquín o Bacari, sería con el entorno y podía ser yo», ha relatado a través de videoconferencia.

Respondiendo al abogado defensor de los dos principales acusados, el testigo protegido ha afirmado que presenció cómo Diego amenazaba y maltrataba físicamente su pareja, a Mónica. También ha manifestado que Diego abusó de su hija pero que Mónica «no dejó que lo denunciara porque la víctima era menor. Además, ha declarado que Diego se dedicaba al tráfico de drogas y que Moisés, el hombre que le alquilaba la casa, «fue a buscarlo con unos gitanos porque le debía un dinero, no sé si por una deuda de drogas o de la vivienda».

Más testigos del entorno
Otro amigo de los acusados ha manifestado que Junior le comentó que Diego se había puesto en un problema y que «lo habrían hecho desaparecer», pero no ha dado más detalles. Un cuñado de los dos principales procesados también ha declarado que tuvo constancia que Mónica había amenazado a Joaquín con enviarle «a unos sicarios» y que «vendrían hermanos de Diego a matarlo».

Vanesa, hermana de Mónica por parte de padre y madre, y de los dos procesados sólo por parte de madre, ha dicho que la pareja «no se portaban bien» y que Diego pegaba al hijo de ella, Sebastián. Esta testigo también ha dicho que supo a través de los hijos que Diego maltrataba a Mónica.

El fiscal ha cuestionado que si la relación entre ellos era tan mala, él era un maltratador, pegaba al hijo y presuntamente «tocaba» una hija, Mónica se preocupara tanto a raíz de la desaparición y no se hubiera quedado «descansada». Vanesa, sin embargo, ha insistido en que Diego era una persona maltratadora y manipuladora.

El hallazgo de la furgoneta
Durante la vista de este martes también han declarado varios vecinos de Olivella (Garraf), dónde residía Bacari Junior. Según los investigadores, después de acabar con la vida de Diego los dos acusados se desplazaron con la furgoneta de Joaquín y con la furgoneta de Diego, y dejaron el vehículo de la víctima abandonado durante varias horas en una calle del municipio hasta la madrugada del 15 de agosto.

Un vecino de esta calle ha declarado que vio cómo un hombre aparcaba una furgoneta, salía y seguidamente lo recogían con otra furgoneta. El hombre sospechó y avisó a los Mossos, los cuales decidieron analizar la furgoneta estacionada porque detectaron manchas de sangre, tanto a fuera como dentro. Durante la madrugada, sin embargo, cuando los Mossos ya se habían marchado del lugar, el vecino ha explicado que alguien se la llevó.

Según la policía, los acusados recogieron esta furgoneta, que era de la víctima, la desplazaron a una pista forestal del término municipal de Sant Cugat de Sesgarrigues (Alt Penedès) y le prendieron fuego, dejándola completamente calcinada. Este miércoles el juicio continuará con la declaración de varios agentes de los Mossos d'Esquadra.
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