Diari Més

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Tengo un disgusto terrible después de saber que la Fundación Francisco Franco se irá al extranjero si el Gobierno la ilegaliza. Es más o menos el mismo sentimiento que cuando anunciaron que la jubilación se alargaba hasta los 67. Estoy muy desanimado, pero siempre he sido un hombre solidario y me gusta ayudar a la gente, por eso he pensado en posibles lugares donde una fundación con ánimo de lacra, pero muy noble, podría erigir su sede. Lo primero que me ha venido a la cabeza es la isla Sentinel del Norte, en la India. Allí necesitan mucho orden, estructura política, ah, y pantanos. Pensad que aquellos pobres indígenas sólo saben comer personas (según Intereconomía) y eso es perfecto para los que tienen el noble hobby del fusilamiento. Sería como abrir un Mercanibal, con sección de carnicería y limpieza.

Poco después de tener esta gran idea, he puesto la tele y he visto una noticia de aquellas que sólo se ven cada diez años. No, no hacía referencia a la herencia de un presidente, ni a la amante de un rey jubilado. Resulta que ¡Hay vida en Venus! Sí, aquel planeta donde hay un monte muy famoso. Pero no lo he acabado de entender, porque los de Mecano ya iban en barco hace cuarenta años. Entonces lo he visto claro: la Fundación Francisco Franco tiene que ir a Venus. Allí podrían construir un gran edificio con un wáter enorme que presidiese el famoso Monte de Venus. Estarían más cara al sol y podrían vivir como lo hacen ahora, alejados de la realidad social y política, como en Españñña. Además, se ve que los científicos lo han descubierto gracias a la presencia de un gas que, según explican, es terriblemente apestoso y asqueroso. No hay duda, ¡Aquello es un pedo de Franco!

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