Diari Més

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Ya sabéis que vivo en un quinto sin ascensor y también sabéis que acabo de cumplir 59 años. Gracias. Removed las dos cosas, las poneis al baño María y sabréis que el premio que más me gustaba del «1, 2, 3 Responda otra vez» es el ascensor del apartamento de Torrevieja. Soy el presidente de la escalera según los vecinos, pero dice el administrador de fincas que legalmente no lo puedo ser. Total, que he enviado un suplicatorio a mi mujer para que compremos un piso. Con lo que gano con este artículo y cuatro trabajitos a destajo que hago por Tarragona, podré pagar una hipoteca con la que paga Pablo Iglesias por la casita de sus perros. Así que he empezado a mirar anuncios por internet y veo varios fenómenos inquietantes. A) El fotógrafo: Señor que vende un piso de 200.000 euros e ilustra el anuncio con dos fotos desenfocadas: una del suelo del balcón y la otra del lavadero. B) El moderno: Tres fotos de su piso y una de ellas es del router, como diciendo «Ei, que son 160.000 euros pero hay Wi-Fi! Compra!. C) El intenso: 56 fotos en Idealista, 37 son de la misma esquina de la cocina y 19 del recibidor desde diversos puntos. D) El misterioso: oculta la dirección del inmueble y, a continuación, pone una foto del balcón donde se ve un restaurante famoso. E) El Lovebath: Un piso de 230 metros cuadrados y la lavadora está sobre el plato de la ducha. Li hace 6 fotos por si no la has visto bien. F) El guarro: Fotos de las habitaciones con las bragas sobre la cama y un plato con una piel de plátano sobre la mesa del comedor. G) El gótico: todas las fotos están oscuras. Debe vender un nicho. H) El urbanita: sólo pone una foto de la calle. Del piso, ninguna. Después está «el pobre». Este soy yo.

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