Diari Més

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Ya os dije que soy el José Luis Balbín de los coloquios que se hacen en el Teatro Tarragona después de las obras. Las obras de teatro, no las otras. Para los que habéis nacido más tarde que «la Bola de Cristal», Balbín era un señor gordo -como yo- que fumaba en pipa -como yo-, y parecía inteligente -como Boye-. El sábado fui a ver al Mag Edgard, con un espectáculo de magia en un entorno misterioso y barroco. El show se titulaba Déjà Vu, pero yo lo habría bautizado como «Elecciones». En medio del coloquio, pedí a Edgard que me trajese dos superhombres para solucionar la crisis catalana, también conocida como «conflicto interno», o también como «la morena del Pedrito». Sí, ya sé que su mujer es rubia, pero me refería a una morena que le ha salido donde la «Esquerra» pierde su nombre.

El Mag Edgard, un tio excelente, lo tuvo claro. Gritó las palabras mágicas: «¡Negociad-de-una-puta-vez!». ¡Frash! En el escenario aparecieron Superman y Spiderman acompañados de un tío bajito, con gruesas gafas y una cartera. Pregunté quien era aquel señor y me dijeron que un relator, pero que, como estaba en el paro, trabajaba en la Junta Electoral. Superman veía clara la solución a la crisis catalana, pero que con sus poderes podía solucionar sólo la mitad. Spiderman tenia «La Clave» para arreglar la otra mitad. Yo aproveché para hacer un chiste del Balbín, pero no me hicieron ni caso. Entonces aquel pequeño relator gritó que nos metería a todos en la cárcel. Superman lo envió a Bonavista de un tortazo y yo, ya solo con los héroes, pregunté ilusionado: «así que si os juntáis los dos, podéis poner fin a todo esto». Pero dijeron que no podían… por la separación de poderes.

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