Diari Més

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He coincidido en la puerta del Museo de Arte Moderno de Tarragona con Pau Ricomà. ¿Qué esperáis que diga si soy un pelota? Efectivamente, es un tipo cojonudo. Nos hemos saludado i le he preguntado si había sido investido. Una buena presentación, ¿no? De hecho, se lo debería preguntar a todos los cargos políticos, porque, tal como está el patio, será una pregunta que tendríamos que hacer a partir de ahora. El motivo es que a lo mejor han prometido la sacrosanta con los dedos cruzados por detrás.

Le he comparado mentalmente con los últimos alcaldes de la ciudad que conocí, y creo que son todos muy diferentes. Recuerdo a Recasens, pausado, seriote, con su pipa y sus profundos conocimientos de los romanos. Después un joven Joan Miquel Nadal de los años 80, impulsivo, orgulloso y creo que efectivo. Ballesteros (le echo un poco de menos) es John Fitzgerald Kennedy, pero al pobre le ha caído encima un marrón que hace once años no imaginaba. Un tema difícil de torear. Pau Newman, aunque trabajó en una caja de ahorros, me ha parecido llano y sencillo, en el sentido noble de la palabra. Lo he visto joven y me ha sorprendido que me dijera que era abuelo. Le he mirado mucho al pecho porque he recibido una carta de un lector que dice, literalmente: «ahora chupará de una buena teta». Entiendo que es alguien que se interesa por mi sobrepeso.

Ahora que pienso, de eso de las cajas de ahorros tendrían que hacer un Cuarto Milenio para saber los misterios que esconden. Sobre el tema de cómo funcionan las otras cajas, las que no son de ahorros, necesitaríamos una serie de Netflix. Ya sé que os estáis perdiendo, pero, si hablo muy claro, escribiré estos artículos desde Mas Enric… y allí no tienen «teta».

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