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Judicial

Empieza el juicio a la madre que mató a su hija de 10 años ahogándola en la bañera después de drogarla

El fiscal pide prisión permanente revisable por asesinato, el primer caso que llega a la Audiencia de Gerona

Actualizada 01/03/2021 a las 20:46

Un tribunal popular ha empezado a juzgar, este lunes en la Audiencia de Girona, a la madre que mató a su hija de 10 años ahogándola en la bañera después de drogarla. Por la mañana han escogido los miembros del jurado y por la tarde han declarado testigos y los investigadores de los Mossos d'Esquadra. Después de hacer ingerir unas 80 pastillas de benzodiacepinas disueltas en agua a la pequeña y de sumergirla en la bañera, la acusada alertó a dos vecinas del edificio. Las dos han subrayado que la notaron «muy fría», e incluso han dicho que actuaba como un «robot» o como si estuviera «sonámbula». También han declarado al padre de la pequeña y la hermana de la procesada, que han expuesto que la mujer tenía un largo historial de tratamiento psiquiátrico.
 
La clave del juicio es si la madre que mató a la hija de 10 años el 30 de diciembre del 2019 en Girona sufrió, en el momento de los hechos, alguna alteración psíquica que le afectara o anulara las capacidades. Este lunes ha empezado el juicio, en la sección tercera de la Audiencia de Girona, con al elección del jurado popular. Por la tarde, han declarado en la sala de vistas los testigos de los hechos, los investigadores de los Mossos d'Esquadra y los familiares directos de la víctima y de la acusada.

Los hechos tuvieron lugar en el piso donde vivían la madre y la pequeña, situado en la ronda Ferran Puig de Girona. La misma acusada fue quien alertó, a través de las redes sociales, a un periodista del Diari de Girona de lo que había hecho y, un rato después, fue a buscar a dos vecinas del edificio. Finalmente, también fue la acusada quien llamó al teléfono de emergencias 112 pocos minutos después de las tres de la tarde.

Una vecina de 90 años con quien tenía una relación «muy buena» y que ha explicado en el juicio que amaba a la niña «como si fuera una nieta», ha declarado que la mujer llamó a su casa. Tan pronto como abrió la puerta, la mujer entró al domicilio. «Estaba rígida como un palo, como si estuviera sonámbula», ha explicado a la vecina. Cuando preguntó qué pasaba, le dijo que había matado a la niña. De entrada la mujer no se lo creyó y pensó que estaban jugando al escondite.

No fue hasta que entró al piso que vio a la niña en la bañera, ya sin signos vitales. La vecina intentó sujetarla y le dijo a la acusada que fuera a buscar a la otra vecina para ayudarla a sacarla del agua. Enseguida se añadió la otra mujer e instaron a la procesada a llamar al teléfono de emergencias. Las dos vecinas han subrayado que la acusada actuó en todo momento con 'frialdad', sin mostrar ningún tipo de emoción y una de las mujeres la ha definido como un «robot».

Cuando los servicios de emergencias llegaron al piso, intentaron reanimar a la pequeña. El SEM la acabó trasladando al hospital Trueta pero no pudieron salvarle la vida.

Los investigadores de los Mossos d'Esquadra también han destacado que la mujer explicó detalladamente los hechos, con coherencia y de manera cronológica. Uno de los policías incluso ha asegurado que la actitud de la madre le «chocó»: «Estaba más conmovido yo que ella». Sin embargo, los investigadores apuntan que, según su relato, actuó con premeditación porque dijo que la idea de matar a la niña hacía días que le rondaba por la cabeza y que aquel mismo día, antes de ir a buscarla enaclases de mecanografía, fue a comprar más medicamento para hacerle ingerir.

La acusada dijo a los Mossos que venció las reticencias de la pequeña a tomarse las 80 pastillas disueltas en agua diciéndole que eran para cuidarle el dolor de garganta que tenía.

Ingresos psiquiátricos
La hermana de la acusada y su exmarido han explicado que tiene un largo historial de ingresos psiquiátricos y que ya el año 2013 intentó suicidarse. El mismo 2019 estuvo en la unidad psiquiátrica del parque hospitalario Martí i Julià de Salt en diferentes periodos. El ingreso más largo fue a partir de agosto y, exceptuando algunas salidas puntuales, no recibió el alta hasta principios de diciembre. Unos días más tarde, volvió a ir a visitarse porque decía que no se sentía bien, y volvió a ingresar desde el 18 hasta el 24 de diciembre.

El día 27, según consta en el historial, volvió a ir a visitarse. En esta ocasión, sin embargo, no pidió ni a su hermana o a su exmarido que la acompañaran. Entonces, los profesionales descartaron un nuevo ingreso.

El padre de la pequeña ha lamentado que los psiquiatras no lo comunicaran a la familia: «Yo ya lo he perdido todo, pero una llamada no hubiera estado de más para, como mínimo, avisar a la familia. Y si los protocolos no lo permiten, se tienen que cambiar porque no se entiende».

El exmarido ha explicado que la mujer arrastraba problemas de salud mental desde hacía tiempo pero no sospechó nunca que pudiera hacer daño a la pequeña. En todo caso, creían que la mujer podría intentar autolesionarse o quitarse la vida. De hecho, ha subrayado que la mujer amaba mucho a la niña y que la familia creyó que, estar con ella, podía ser un revulsivo para recuperarse: «Nos equivocamos, es la realidad».

La hermana de la acusada, sin embargo, también ha apuntado que, un tiempo antes de los hechos, la relación madre-hija se había ido deteriorando y había un cierto «distanciamiento emocional».

Prisión permanente revisable
El fiscal Enrique Barata acusa a la madre de un delito de asesinato a una persona especialmente vulnerable, con una agravante de parentesco y una atenuante de confesión. Solicita que le impongan la pena de prisión permanente revisable. En concepto de responsabilidad civil, quiere que indemnice al padre de la pequeña con 200.000 euros por daños morales.

En nombre del padre de la víctima, la acusación particular encabezada por los letrados Óscar Álvarez y Óscar Ballester acusan a la parricida de un delito de asesinato con una agravante de parentesco y una atenuante de alteración psíquica y solicitan 20 años de prisión. En concepto de responsabilidad civil, piden 300.000 euros de indemnización y consideran del Instituto de Asistencia Sanitaria (IAS) también tendría que responder como responsable civil.

El abogado de la defensa, David Muñoz, sostiene que la mujer tenía las capacidades volitivas y cognitivas totalmente anuladas por el trastorno mental. El letrado señala que la misma acusada reconoció y confesó los hechos, pero considera que no puede ser responsable penal por falta de imputablidad. Por eso, solicita que le apliquen una eximente completa de alteración psíquica y que la absuelvan, previendo la medida de seguridad de internamiento en un centro psiquiátrico para continuar el tratamiento.

El juicio continuará el martes, cuando declaren a los peritos psiquiátricos que evaluaron la acusada. La declaración de la procesada está prevista para el miércoles.
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