Diari Més

Enrique Martín: Entrenador del Gimnàstic de Tarragona

«Yo no vendo humo, vendo mi ilusión»

«El equipo no está físicamente como queremos que esté», avisa el entrenador, que opina que «la calidad es importante, pero el futbolista no puede vivir exclusivamente de ella»

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—¿Cuál es el equipo que se encontró al llegar?

—Cada uno monta su equipo en función de sus creencias y, para llegar al equipo que yo quiero, necesito muchas mejoras en muchos aspectos. Esta es la primera semana que entrenamos con todos los sacramentos, en el sentido que tenemos tiempo para todo, incluso para descansar. En diez días no ha habido tiempo para imprimir el ritmo físico que nosotros exigimos.

—¿El nivel de la plantilla equivale a la posición en la clasificación o cree que sus jugadores están infravalorados?

—Cuando las cosas no salen como uno pretende, da la sensación que pueda haber este tipo de dudas, pero creo que esta es una plantilla más de Segunda División. A partir de aquí, tenemos que competir cada fin de semana. Aunque hay equipos con mayores posibilidades económicas, en Segunda A nadie es más que nadie. Creo que de la posición doce hacia arriba se puede partir un poco, pero arriba no hay sitio para todos. Por lo tanto, por la parte baja también podemos tener visitas inesperadas.

—¿Como la de su próximo rival, el Zaragoza?

—Sí, por ejemplo. Hay equipos que en su momento estuvieron en Primera División, consiguiendo grandes cosas, pero que ahora no están pasando su mejor momento.

—Parecía que nunca acabaría el culebrón de su fichaje, aunque duró un par de días. Ahora sí, ahora no y, finalmente, sí. Supongo que tardó en dar el visto bueno a su fichaje a causa del interés de otros equipos en contratarlo.

—Había hablado con gente, pero siempre tengo una máxima: el equipo que venga a por mí de verdad, es el que me fichará. No espero a un equipo que esté en la parte media-alta de la tabla. Vinieron otros equipos, pero con más dudas, y el Nàstic de Tarragona fue claro y directo. Llegamos a un acuerdo y mi ilusión es máxima.

—¿Cómo está el equipo físicamente?

—No diré cómo está, pero sí que diré como lo quiero, y no está como lo quiero. Ahora bien, eso son puntos de vista, ya que nadie tiene la verdad absoluta. Yo tengo mi verdad y, para que mi equipo esté en la exigencia que le pediré, tiene que coger otro ritmo. Exigiremos mucho más de lo que hemos exigido esta semana. El jugador no puede vivir exclusivamente de su calidad, ya que, para ofrecer un alto rendimiento, primero se tiene que privar bien físicamente. A partir de aquí, está en el camino de la mejora. La calidad viene después de un gran nivel físico y psíquico. Después, la calidad puede marcar diferencias.

—¿Si el equipo hubiera estado físicamente como Usted quería, habría hecho el mismo partido en Albacete?

—Ni valoro el partido del Oviedo ni el albaceteño. Es un proceso. El día del Oviedo podría haber acabado en empate o en derrota y, este viernes, nos marcaron los dos goles más incomprensibles de todos, ya que nuestro portero paró ocasiones más claras. Este no es mi equipo y, el equipo que jugó contra el Oviedo, es el 20% de lo que les exigiré a los jugadores.

—Con respecto a objetivos, Usted comentó en su llegada que quería estar fuera del descenso en Navidad y que, después, ya veríamos. ¿Qué significa este ya veríamos?

—A mí me gusta jugar con ciclos cortos y creo que el trayecto de aquí a Navidad nos tiene que dar para estar en una gran disposición de competir y salir de donde estamos. La ansiedad no conduce a ningún lado y nos lo tenemos que tomar con naturalidad. Lo que tengo muy claro es que, cuando salimos de aquí, es para no volver. Es un trayecto calcado al del Albacete del año pasado. Parte del trayecto es salir del descenso y, después, como decís aquí, ya hablaremos.

—En Albacete, recuerdo que cuando la temporada pasada el Nàstic ganó 0-1, la prensa le pedía más. Y eso que había sacado al equipo del pozo y estaba en una situación privilegiada. ¿Cree que le puede pasar lo mismo aquí?

—No tengo miedo a nada, me ilusionaría que fuera así. La exigencia me motiva y el primero que se autoexige, soy yo. Lo que no quiero es que alguien, equivocadamente, opine en este sentido. Yo no vendo humo, vendo mi ilusión. No me puedes decir después que os he ilusionado y que no he cumplido. Yo me ilusiono y trato que todo el mundo se ilusione conmigo, con el riesgo que eso comporta. En Albacete, faltando dos meses, estábamos a cuatro puntos de la promoción. Después, pasaron cosas, como todos sabemos, que nos afectaron mucho, pero estábamos en una disposición máxima. Me podrán sacar muchas cosas, pero nunca la ilusión. Mis jugadores podrán ser más altos, más guapos, podrán tener mejores coches, pero ya te digo que más ilusión de la que tengo yo, no tiene nadie. Yo vendo mi moto, el que quiera subir, que suba y, si después, cae, es su problema. Yo seguiré así y nunca cambiaré, como dice la famosa canción.

—Algunos jugadores me han comentado que Usted es un entrenador incómodo.

—Sí, claro está. La exigencia incomoda. Yo lo que hago es exigir, siempre por el bien del jugador y, al final, también del grupo. Estamos en un momento en el cual la exigencia no gusta. Para no exigir, me quedo en casa.

—Pero también me ha comentado el gran Vicente Moreno que Usted es muy buena persona.

—A Vicente, a Dani Pendín (segundo entrenador), a Maestro (entrenador de porteros) y a Javi Recio (director deportivo), que están todos en la Mallorca, les he tenido como futbolistas. Mi tía me dijo: Martín, podrás ser mejor o peor, pero tienes que ser buena persona. Uno trata de colaborar siempre en la mejora futbolística y personal de los jugadores.

—Ha demostrado que no lo importa decir que un futbolista está mal o que ha jugado un mal partido. ¿Por qué cree que entre la mayoría de entrenadores es tabú?

—A mí me gusta hablar muy claro y muy directo. Con los jugadores, hago lo mismo. Esta es mi forma de actuar. Si un jugador ha estado mal, ha estado mal. Ahora, sin embargo, con las redes sociales, al futbolista se le dice lo que quiere escuchar. Enrique Martín les dice la pura verdad.

—¿Hay algún jugador del Nàstic al cual le haya dado tiempo ya a molestarse por algo que Usted ha dicho?

—No, pero es su problema. Si alguien se ha molestado, es cosa suya. Siempre hablo con respeto. ¿Sabes qué ventaja tengo con respecto a los futbolistas? Que antes de que les vayan, yo ya vuelvo. Todo lo bueno que les pase, ya me ha pasado. Todo el malo que les suceda, ya me ha sucedido a mí antes. ¿Hicimos el ridículo en Albacete? Yo lo he hecho mucho antes que ellos. Sé lo que sienten con este partido, ya que yo lo he hecho multiplicado por cuatro. He jugado bien, he jugado mal... En ningún caso nadie me pillará. Y si se enfadan, mejor.

Enrique Martín confía plenamente en las posibilidades de su equipo y recuerda que su experiencia puede ser muy útil para ayudar a sus jugadores a mejorar.

«Yo no vendo humo, vendo mi ilusión»Gerard Martí

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