Diari Més

José María Grau recibe el más caluroso de los homenajes

El Nàstic y su afición recordaron al que fue su delegado con homenajes, cánticos y mucho sentimiento

Pili, la mujer de Grau, recibiendo el apoyo de los suyos.

José María Grau recibe el más caluroso de los homenajesGerard Martí

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José María Grau centró la mayor parte de la atención del partido entre Nàstic y Alcorcón, un duelo disputado entre viento y lluvia y que reunió a unos 5.000 espectadores (ni el club ni LaLiga ofrecieron ninguna cifra de público porque no se llegó ni al descanso) a un Nou Estadi que fusionó los gritos de ánimo hacia sus futbolistas con el recuerdo imborrable e infinito hacia lo que fue el delegado del primer equipo grana las últimas dieciocho temporadas.

La Budellera fue un constante homenaje a una persona que lo dio absolutamente todo por el Nàstic y que, hasta el último momento, tuvo la camiseta puesta. De hecho, en su multitudinario y sentido funeral, que tuvo lugar el jueves en el Santuario del Loreto, la camiseta del Nàstic no se separó del ataúd, como tampoco lo hicieron jugadores, cuerpo técnico, amigos, exjugadores, exentrenadores, antiguo personal del club, socios del Nàstic y todo el mundo que le quiso dar el último adiós.

Nunca será el último, ya que, con días como este domingo, queda demostrado que Grau siempre estará presente en la memoria de todo el mundo. El monolito del Nàstic fue el escenario, tres cuartos de hora antes de empezar el enfrentamiento, de un caluroso homenaje en el cual no faltó nadie: todo el mundo que quiso o quien pudo recordó a aquel Grau que era todo sonrisa, todo bondad y que nunca, absolutamente nunca, tuvo ninguna mala palabra para nadie.

Dentro del campo también hubo muchos momentos para recordarle, como en el minuto de silencio previo al duelo (se hizo a todos los campos de Segunda División A de esta novena jornada de Segunda División A) o el hecho de que todos los jugadores llevaran el brazalete negro. Un emotivo vídeo en el videomarcador del Nàstic también sirvió para recordar los mejores momentos de un Grau que caló mucho fondo en el corazón de los nastiqueros y de todo el mundo del fútbol en general.

A los diez minutos de juego, todo el Nou Estadi se levantó para, al mismo tiempo, recordar el número del día en que murió Grau: el 10 de octubre. Aplausos que duraron un minuto exacto y en los cuales participó absolutamente todo el mundo. Ramos de flores en el puesto de trabajo de Grau en el campo complementaron un día que sólo se ensució por el mal tiempo, por la suspensión y por, sobre todo, un resultado que deja el Nàstic herido casi de muerte y con pocas o casi nulas opciones de conseguir alguna cosa positiva.

De afición, mañana no se prevé tanta (no es que la cifra ayer fuera excesiva) por varios motivos. Uno, porque es un día laborable y muchos trabajan o estudian. Dos, porque pocos querrán volver después del desastre que se pudo ver sobre el césped. Y tres, porque el desánimo se ha instalado en Tarragona después de un inicio de temporada decepcionante, que ha motivado que la afluencia de público no sea, ni mucho menos, la que se esperaba durante la pretemporada.

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