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Les decepcions són constants a Tarragona, tot i que ara només cal pensar en aconseguir la permanència sigui com sigui.

¿Qué le pasa al Nàstic?

Les decepcions són constants a Tarragona, tot i que ara només cal pensar en aconseguir la permanència sigui com sigui.

Desastre total

Dos errores infantiles condenan a un Nàstic que sigue complicándose la permanencia a pesar de mantenerse a cuatro puntos del infierno

Actualizada 07/05/2018 a las 10:32

Desastre absoluto en Tarragona. Si dolió la derrota del Nàstic en Lorca (1-0) domingo pasado, la de este domingo no ha sido para menos. Delante de su gente, el Nàstic también demostró la suya peor cara y perdió 0-2 contra Osasuna en un partido que podría haber acabado 0-3 o todavía de una forma peor y que estuvo marcado por el error de Javi Jiménez en el primer gol y del equipo entero en la segunda diana, en una jugada que, por ridícula, quedará en la retina de los más de 5.000 espectadores en que se acercaron al campo.

Queda una jornada menos para cerrar el campeonato. Sólo cuatro, la misma cifra de puntos que distancian en el Nàstic de la zona de descenso a Segunda División B. Después del mal partido y del peor resultado, la única nota positiva es que el infierno está, para|por el Nàstic, a la misma distancia que después de marcharse de Lorca.

El entrenador grana, Nano Rivas, se la jugó al todo o nada. En una convocatoria en la cual ya no eran ni el lesionado Julio Pleguezuelo ni los sancionados Sergio Tejera y Álvaro Vázquez, tampoco hicieron acto de presencia Jean Luc y Juan Muñiz, dos futbolistas que han disfrutado hasta ahora de toda la confianza de su técnico, pero que no entraron a la lista. El desastre de Lorca dejó muchos efectos colaterales a todos los niveles, y eso se tenía que traducir en cambios en el equipo.

Pero las novedades más sorprendentes fueron las del once inicial. Nano Rivas decidió apostar por realizar cambios en todas las líneas excepto en la portería, donde Dimitrievski continuó a la titularidad. Para poder derrotar en Osasuna, el técnico del Nàstic se decidió por una defensa formada, de derecha a izquierda, por|para Kakabadze, Xavi Molina, César Arzo y Javi Jiménez.

En el centro del campo, la baja por sanción de Sergio Tejera hacía indicar que Fali y Javi Márquez serían los titulares, pero no fue así. Ni se pareció. Javier Matilla y Jon Gaztañaga, que parecían al olvido, son los dos pívots|pivotes. Por delante, banda|lado derecha para Tete Morente, Abrahám a la izquierda y Uche y Barreiro para completar un 4-4-2 con mucha pólvora y muchos cambios no sólo con respecto al once de Lorca, sino también con respecto a todas las alineaciones de las últimas semanas.

Esta temporada no es la del Nàstic, un equipo que es capaz de lo peor, y del todavía peor. Se demostró a la primera mitad, cuándo el equipo protagonizó uno de los ridículos mayores que se recordarán en las próximas semanas, y seguramente meses. Fue al final de los primeros 45 minutos, concretamente en el 43’, con el segundo gol de los navarros, una diana que nunca tendría que haber subido al marcador si todo el mundo hubiera estado por la labor.

Antes, sin embargo, hasta en dos ocasiones se pudo adelantar al conjunto grana. Al minuto y medio de juego, Uche tuvo el gol en su bota izquierda, pero no se lo creyó suficiente. Buena centrada de Javi Jiménez por banda izquierda y, en el área pequeña, el africano no pudo ni controló la esférica, ni la remató. Había empezado bien el Nàstic, sobre todo por banda|lado izquierda, con Abrahám y Javi Jiménez, este último triste protagonista posteriormente, muy enchufados. Una falta botada por Matilla a los ocho minutos de juego también inquietó a Sergio Herrera, que tuvo que volar para intervenir y desviar el peligro. Diez minutos muy buenos del Nàstic para, después, volver a la cruda realidad. Osasuna simplemente equilibró fuerzas y se limitó a esperar los errores del rival, que llegaron. ¡Y qué errores!

La primera, individual, de Javi Jiménez. Centrada desde la izquierda de Quique que, en condiciones normales, a un defensor la desvía. Pues no fue así. Se le escapó la esférica al andaluz con la mala suerte de que, en el segundo palo, había un futbolista, un Ibáñez que la empujó hacia dentro.

Ahora bien, si se tiene que hablar de errores, la del minuto 43 es para estudiarla. Un centro que llega a pies de Xisco. Levanta el banderín al juez de línea, pero quien manda es el árbitro, un Guillermo Cuadra Fernández que no señaló nada. Ante esta situación, con la defensa del Nàstic parada y pensante que era fuera de juego, Xisco, el más listo de todos, lo ve, y remata con de tacón. Dimitrievski también estaba parado, y el gol subió. Ridículo mayúsculo que hará la vuelta al mundo. Si era fuera de juego o no, que no lo era, es indiferente. Un equipo no se puede quedar parado si no escucha el silbato del árbitro.

Obligados a la proeza
El segundo gol dejó helados a los tarraconenses, ya que los obligaba a obrar una proeza prácticamente imposible. No por lo que exigía el rival, que tampoco era mucho, sino más bien porque después de los primeros debe minutos de partido el Nàstic prácticamente desapareció.

La solución que encontró Nano es un cambio de cromos. El mismo dibujo, idéntica idea, pero sin Tete Morente en el campo y con Omar Perdomo sobre el verde. No cambió nada la historia con respecto a lo que se pudo ver en el primer acto (excepto los primeros diez minutos). Manu Barreiro, con mucha voluntad pero sin encontrar agujeros claros para marcar. Uche, intentando aparecer. Omar, entrando de fuera dentro y recibiendo una falta y otra. Gaztañaga y Matilla, más pendientes de pasarla atrás para no perderla, y evitando arriesgar ni una migaja en cada pase.

Un nuevo desastre en el Nou Estadi después de una segunda mitad que se hizo muy larga. De ocasiones claras del Nàstic, pocas, para no decir que cabe ni una. De opciones de al menos intentar empatar, tampoco. El público, más preocupado de criticar todo lo que hacía el árbitro que de otra cosa. No es que alguna cosa no funcione en Tarragona, es que casi no funciona nada.

Mesa y Dongou
Maikel Mesa por Abrahám Minero fue el siguiente cambio de los locales, pero no cambió absolutamente nada. El equipo seguía sin verlo claro y se volcó al ataque sin ningún tipo de sentido. Cuando Uche no pudo más, lo sustituyó Jean Marie Dongou. Estuvo bien el punta grana a pesar de los pocos minutos de qué disfrutó, pero, a nivel de equipo, no sirvió absolutamente para nada.

De hecho, este hecho de salir adelante sin orden ni sentido motivó que Osasuna tuviera en sus manos acabar de redondear una goleada que todavía habría sido peor. Lucas Torró, con un gran rasgo|tiro desde fuera del área, se estrelló con el palo. La afición demostró su malestar con gritos contra jugadores, director deportivo y contra la situación en general, que no es precisamente buena.
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