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L'escriptor Josep Gironès, aquest dilluns a la ciutat de Tarragona.

El escritor Josep Gironès, este lunes en la ciudad de Tarragona.

«A los jóvenes la guerra les cortó todo»

En 'El camí dels Morts', el autor de la Fatarella relata la historia de un chico que se tiene que esconder durante la guerra

Actualizada 05/07/2022 a las 21:37

— ¿Qué es el camí dels Morts?

Es uno de los caminos del Camp de Tarragona con más mal augurio. Inicialmente, unía el Castillo-Monasterio de Escornalbou con la Catedral de Tarragona, porque por allí llevaban a los canónigos que morían en Escornalbou y que, por su rango, tenían derecho a ser enterrados en la Catedral. Hubo un momento en que, por la peste, aquel camino se dejó de usar, porque pasaba por ciudades como Reus o Riudoms, e hicieron uno nuevo. Por todo ello, aquel camino que no llevaba a ninguna finca y por donde sólo pasaban los muertos, tenía muy mal augurio.

— ¿Qué hay de realidad y qué de ficción, en la historia que narra en su novela?

— Diría que el 95% de lo que explico es real, aunque haya aspectos que puedan ser difíciles de creer, como algunas tradiciones de la Fatarella. Pero si digo que había gente que llevaba colgada una lengua de serpiente, o que una mujer a quien le mataron al hombre se hizo pasar por la mala gana comiendo ratas, es porque eran cosas que se hacían así de verdad. El año 36, en la Fatarella ya había una carretera, pero sólo hacía unos quince años que la tenían. Hasta entonces, había sido un pueblo totalmente aislado, sometido a determinadas particularidades y sin ningún tipo de capilaridad con los pueblos de los alrededores. El único nexo de unión eran las noves que les llevaban a los campesinos.

— ¿Cómo le llega la historia que explica en el libro?

En casa, en la Fatarella, la madre era campesina y el padre albañil. Cuando era tiempo de trabajar la tierra, nos quedábamos a dormir en la masía, un espacio donde había el establo del asno con el pesebre y un poco de fuego para cocinar. Y aquí se acababa... Pero era divertido, lo recuerdo con añoranza. Allí todo el mundo explicaba cosas, y una de las contalles era la de un hombre a quien, durante la guerra, le había comparecido en la masía un chico de Vila-seca que huía del anarquismo, porque había tenido que matar un faista que quería violar a la madre. Y todavía me sorprendió más cuando supe que se lo habían encontrado en un escondite de piedra. Así que me propuse novelar la historia de este chico que huye y se esconde en la Fatarella. Allí encuentra mucho contraste con la forma de vivir, que considera muy retrasada con respecto a Vila-seca, la cual está sólo a 60 kilómetros en línea recta.

— Precisamente en el libro se hace un retrato preciso, del municipio de Vila-seca, de su historia y de sus lugares.

Sí, estaba un poco en deuda con Vila-seca. Vivimos allí 25 años muy intensos que coincidieron con la segregación de Salou y la trabajadísima implantación de PortAventura. Tengo muy buena relación con la gente y un conocimiento exhaustivo del territorio, y tenía ganas de explicarlo. Literariamente todavía no lo había tratado nunca.

—Su historia nos habla de la guerra del 36 desde el punto de vista de los que no combatieron, y también de la de los jóvenes, a quienes el conflicto restañó la vida.

Sí, los dos puntos esenciales de la novela son la gente que se metió en escondites como si fueran conejos, y los jóvenes que vieron cortada su progresión vital, y que personificó en la parejita protagonista, unos chicos alegres y vitales, que ven cómo todo les queda cortado. Las personas mayores me habían explicado que, durante la guerra, los chicos no sentían ningún tipo de deseo, y a las chicas se les cortaba la regla, podían estar tres años sin tenerla, a causa del sufrimiento, el miedo, el hambre...

—También está la voluntad de contribuir a la memoria histórica, y precisamente desde esta perspectiva, menos habitual.

Aunque no sea lo habitual, tendría que ser obligatoria, porque no puede ser que nos quedemos con lo que nos han explicado interesadamente. Tenemos que hacer un esfuerzo para conocer la verdad: si aquello que pasó fue un golpe de estado, no podemos decir que fue una guerra civil, y si hubo miles de muertos, represaliados, torturados, encarcelados y secuestrados por el franquismo, no puede ser que hoy todavía se estén quejando por los 3.000 muertos del faisme. Dentro de la ignorancia se vive muy bien y es muy cómodo, pero mientras vives en la ignorancia los otros te llevan por el camino que quieren. Yo lucho contra eso.

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