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Salou y La Pineda, las zonas donde los edificios presentan más patologías

El uso de hormigón aluminoso en los años sesenta y la proximidad al mar propician la aparición de aluminosis y carbonatación

Imagen de una viga afectada por la carbonatación.

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Las zonas costeras que experimentaron un gran crecimiento urbanístico durante la década de los sesenta, como Salou o La Pineda, presentan un mayor número de edificios con patologías en el hormigón, como pueden ser la aluminosis o la carbonatación. Durante aquellos años hubo una gran demanda del uso del cemento aluminoso, que permitía acelerar la fabricación de vigas y se utilizaba regularmente en las construcciones. A este hecho se le suma que la humedad existente en las zonas marítimas acelera el proceso de deterioro y propicia que el número de obras de reparación esté por encima de la media en estos lugares. Edificios construits en aquellos años –que a menudo tienen uso de segunda residencia– pueden acabar desarrollando la aluminosis o la carbonatación si no se realiza un mantenimiento adecuado. En Cataluña se estima que son 467.000 las viviendas que están afectados por aluminosis. Además, la humedad en el ambiente puede provocar la carbonatación aunque no se hubiera utilizado hormigón aluminoso durante su construcción.

El presidente del Colegio de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de Edificación de Tarragona (COATT), Adolf Quetcuti, explica que el cemento aluminoso se utilizó para la construcción de viviendas entre 1955 y 1970. «Según datos del Instituto de Tecnología de la Construcción de Cataluña, se utilizaron vigas de cemento aluminoso en la construcción de más de 467.000 pisos en toda Cataluña», apunta. Quetcuti expone que su uso no se limitó únicamente a zonas costeras, sino que se utilizó en las construcciones comprendidas en aquellos años también en municipios como Tarragona y Reus. «Los efectos que produce el cemento aluminoso en la estructura de un edificio sí que son más graves en zonas con ambientes agresivos, como los marinos. Y la falta de mantenimiento acelera también especialmente los procesos patológicos», señala. «Probablemente –no es un dato del cual disponemos–, Salou, la Pinedao Cambrils no tienen un censo superior al de Tarragona o Reus, pero la aceleración del proceso de las lesiones hace que el número de obras de reparación esté por encima de la media», explica.

«En sí, la existencia de cemento aluminoso, no representa un problema, eso claro está, siempre que la estructura reciba un mantenimiento adecuado. La desprotección de las armaduras y el incremento de la porosidad, hace que este tipo de estructuras sean especialmente vulnerables a atmósferas agresivas, por ejemplo ambientes marinos o zonas industriales,» indica. «Salou o el Pinar tienen un ambiente marino, agresivo por su alto contenido en sales. Y por lo tanto, independientemente de si está de cemento aluminoso o no, en estos municipios, las patologías de las estructuras de hormigón serán más frecuentes», afirma el presidente. «También hay que sumar que mayoritariamente se trata de segundas residencias, habitadas sólo una parte del año y con un mantenimiento, normalmente inadecuado. Estos factores hacen que, en las zonas costeras, las estructuras sean más vulnerables». «En Salou o el Pinar hay un número importante de patologías en fachadas y estructuras de balcones a causa de la agresividad del ambiente. Pero eso afecta a todo tipo de estructuras, con cemento aluminoso y sin», detalla.

El propietario de la empresa de rehabilitación de edificios Domustècnica, David Castellví, apunta que las zonas más afectadas por esta patología acostumbran a ser las zonas de la costa, ya que las edificaciones están más afectadas por la humedad y corrosión. Castellví afirma que, en algunos casos, «si la viga está bien protegida puede ser que tenga la patología, pero no se haya detectado».

«Cuando se detecta una deficiencia, donde se aprecia que hay una degradación del hierro o un óxido exagerado en la viga se porta a analizar para descartarlo o confirmarlo y así, la dirección facultativa del proyecto puede proponer la solución más adecuada por cada caso y la empresa constructora se encarga de llevarla a cabo», expone Castellví. «La empresa hace las actuaciones siguiendo la solución técnica que han aportado los profesionales en cada caso, que puede ser, o una reparación de la viga o una sustitución».

Xavier Capdevila Rodríguez es arquitecto técnico y ha trabajado en multitud de reparaciones de estas características. Capdevila apunta que la proximidad a la costa hace que puedan proliferar más patologías en los edificios de cemento que en ciudades situadas en el interior. «Es más habitual en la costa que en Reus, Valls o cualquier localidad más alejada del mar», explica. Capdevila indica que, cuando el afectado detecta cualquier problema en las vigas del edificio, avisa a un técnico cualificado|calificado, arquitecto técnico o arquitecto, y este es el encargado de proponer una solución concreta al problema. «Las soluciones pueden ser, o reforzar la viga con diferentes métodos o derribarla y sustituirla por una nueva», afirma Capdevila, que destaca que la patología concreta de la aluminosis se produce en los edificios construidos entre los años 60 y 70. Así y todo, destaca que la situación más usual es el refuerzo estructural de estos elementos.

El arquitecto técnico también apunta que hay otra patología más habitual que la aluminosis en las zonas de costa, la carbonatación. «La carbonatación es una patología en la cual el hormigón, tanto si es normal como aluminoso, se ve afectado por culpa del ambiente marino húmedo, que entra dentro del hormigón, oxida el hierro y lo estropea. El aire húmedo entra en el hormigón, oxida el hierro y provoca que aumente de volumen y acabe rompiéndose», dice. A menudo se reparan estos elementos afectados sin concluir si es por aluminosis o carbonatación, por eso no hay un registro.

El responsable de EspaiBlanch Arquitectura, Josep Lluís Blanch, destaca que hay muchos edificios en los cuales se utilizaron viguetas de hormigón aluminoso, pero que, como no se han visto alterados por temperaturas extremas o humedades, no han perdido las propiedades y no presentan problemas. «Si los edificios están bien cuidados, tener viguetas de cemento aluminoso no tiene que suponer un problema. No es una patología que nos encontremos habitualmente, más bien hay pocas», dice.

«En la zona de la costa, de lo que hay más afectación es de la carbonatación, que es un cambio químico en el hormigón. La carbonatación afecta no sólo en viguetas, afecta losas, forjados, etc. La mayoría de obras en la costa son porque sufren de carbonatación, porque el ambiente marino con sales hace que estén especialmente expuestos», explica. «La aluminosis está muy focalizada en unos años concretos, en cambio la carbonatación afecta a todos los hormigones, incluso edificios que hace 10 años que se han construido pueden presentar esta patología. La carbonatación afecta mucho más en el parque de viviendas», concluye.

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