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Un pagès collint un manat de calçots de la IGP Calçot de Valls a una finca del terme municipal de Valls.

La temporada de calçots llega al ecuador con dificultades para remontar

Un campesino cogiendo un manojo de calçots de la IGP Calçot de Valls en una finca del término municipal de Valls.

La temporada de calçots llega al ecuador con dificultades para remontar

El confinamiento comarcal asfixia al sector de la restauración, que intenta salvar los muebles a través de las ventas online

Actualizada 01/03/2021 a las 11:37

La temporada de calçots llega al ecuador con dificultades para remontar. La IGP Calçot de Valls, que aglutina una cincuentena de productores de Alt Camp y comarcas vecinas, evita cuantificar la caída de las ventas hasta a final de temporada. Los campesinos –conscientes de las perspectivas, plantaron un 25% menos calçots– ya firmarían de cerrarla con la misma producción del 2020. Tanto productores como restaurantes las pasan magros.

El confinamiento comarcal asfixia al sector de la restauración. «Hacemos un 4% de las calçotades que llegábamos a hacer», dicen desde Casa Fèlix en Valls. Intentan salvar los muebles a través de las ventas por Internet y a domicilio, una estrategia más con buena intención que resultados, en términos económicos, para salvar la temporada.
Campos llenos de calçots y restaurantes vacíos de clientela, un escenario que tendría que darse a la inversa y que denota la temporada atípica del cultivo de esta cebolla dulce. El clima, de momento, juega a su favor y el calçot crece a un ritmo tranquilo. Mientras, los campesinos hacen lo imposible por poder vender la producción, después de que el año pasado el coronavirus truncara una temporada que se preveía de récord.

Se registraron 16 millones de calçots recogidos, quedando sin arrancar el 25% de la cosecha –unos 5 millones de calçots. Este 25% es el que este año se ha dejado de plantar. «Si se consigue vender las mismas unidades que el año pasado, que fue un año malo, ya sería positivo; si son menos será fatal», afirma el presidente de la IGP Calçot de Valls, Francesc Xavier Amill.

Al ecuador de la temporada, la IGP no osa hablar de cifras. Amill explica que cada socio tiene una realidad desigual en función de dónde vende su producción –buen ritmo en Mercabarna, estancamiento en el Mercado del Camp de la Canonja, caída de las ventas a restauradores, e irregular al detalle a particulares. Algunos se han aventurado a vender calçots cocidos, una fórmula que, quien ya se dedicaba antes de la pandemia, ha notado un fuerte incremento de ventas. Pero no se llega a compensar la bajada de calçotades a los restaurantes, algunos de los cuales permanecen cerrados.

Es muy difícil de equilibrar, teniendo en cuenta que había restaurantes que pedían 50.000 y 60.000 calçots a la semana; aquí el gran reto son los restaurantes, están sufriendo mucho y sin su plena apertura no hay nada que hacer», añade.

Uno de los restaurantes del Alt Camp que se puede mantener abierto, a pesar de las limitaciones, es la Casa Fèlix de Valls. «Porque tenemos hotel, si no fuera por los huéspedes del hotel quizás ya estaríamos cerrados», asegura Roc Aneas, director del negocio. En un año normal a Fèlix cocían más de 10.000 calçots en un fin de semana. Ahora hacen prácticamente a la demanda.

Los restaurantes ofrecen la opción del take away, un completo menú para llevar por sólo 20 euros, otra fórmula que se ha ingeniado raíz de la pandemia. Pero también queda muy lejos de compensar el volumen de comidas en que se movían. «Vivimos de los clientes de Barcelona, Lérida, Zaragoza... La gente de la comarca consume los calçots en masías particulares; lo estamos viviendo muy mal, estamos pasando muy mala época», se lamenta Aneas.

Bajada del 80% de calçotades en los restaurantes
La Asociación de Restauradores de Valls y comarca cifra la caída de las calçotades en más de un 80%. El hecho de que se alargue la limitación comarcal supone «un golpe muy duro» para el sector, declara a Joan Francesc Mira, presidente de la asociación. Sólo en Valls hay una setentena de restaurantes y casi la mitad ofrecen calçots en sus cartas.

La restauración tuvo que reinventarse ofreciendo el menú de la calçotada para llevar para cubrir gastos. «La venta online es un nuevo mercado que funciona muy bien», destaca Mira. Con la venta de calçot cocido para llevar, tanto restauradores como productores comen del mismo pastel y entran en cierta competencia para subsistir. El fomento de la cocina del calçot a través de Instagram también busca revitalizar la temporada, entre otras estrategias.

Degustaciones en carruaje y en el aire libre
En esta nueva realidad de las calçotades, una empresa puso en marcha una ruta con carro tirado por caballos que incluye degustación de productos entorno el calçot –pan de calçot, vino y salsa. La actividad se planteó el año 2019, pero ha cogido mucha fuerza desde la pandemia.

Este domingo se ha llevado a cabo la primera salida de la temporada. Una familia de Valls y Picamoixons se ha apuntado a esta ruta bautizada De la redolta al calçot , que se emplaza en torno a Nulles e incluye visita guiada y cata en la bodega modernista de Adernats. Lo impulsa Experiencias Rurales, que ya montaba paseadas en carro por la comarca y se readaptó, incorporando las calçotades, en una nueva ruta tematizada. El año pasado se hicieron una quincena, con 120 participantes de todas las edades.
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