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Recuperación desigual en la Conca de Barberà, un año después de la riada

Montblanc y l'Espluga de Francolí todavía esperan ayudas del Estado mientras viviendas y negocios se van reponiendo de los daños

Montblanc i l'Espluga de Francolí encara esperen ajuts de l'Estat mentre habitatges i negocis es van refent dels danys

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En la Conca de Barberà, un año después de la riada, la recuperación es bastante desigual. Mientras en algunos puntos los daños por el desbordamiento del río todavía son bien visibles -como el pont Vell de Montblanc, con barandillas provisionales, o el puente de la Font Baixa de l'Espluga de Francolí, con escombros acumulados-, en otras zonas el aspecto ha cambiado notoriamente -los cauces están más limpios que nunca. Estudios geológicos que analizan este fenómeno lo describen como una ola . Los vecinos llevan un año intentándose rehacer de la noche del 22 de octubre. De los seis desaparecidos, dos no se han localizado. Los ayuntamientos todavía esperan las ayudas prometidas del Estado. Se quiere pasar página de una catástrofe que destrozó casas y negocios, pero hizo aflorar la solidaridad.

En Montblanc y l'Espluga de Francolí preparan actos institucionales en recuerdo de la riada. Serán actos sobrios, en la calle, donde pasó todo. «Un año después todavía no tenemos las ayudas prometidas al día siguiente de la inundación», lamenta el alcalde de Montblanc, Josep Andreu. El decreto de ayudas por el temporal se aprobó hace dos meses, pero falta firmar convenio y los ayuntamientos siguen sin saber a qué se podrán acoger. Las pérdidas fueron millonarias. «El pont Vell no lo tendremos arreglado hasta pasado el 2021, estaremos dos años viendo las cicatrices de la riada», concluye.

En l'Espluga de Francolí también se aprecia el rastro de la crecida del caudal del río en el puente de acceso al pueblo, y que fue un cuello de botella. «Eso es zona inundable y estamos decidiendo urbanísticamente qué podemos hacer; no podemos volver a cometer el mismo error de tener edificaciones», apunta al concejal de Servicios Municipales, Xavier Rossell. Una de las ideas para el parque fluvial es habilitar lo que denominan el «camino azul», una especie de paseo que discurrirá al lado del río Francolí, entre la Cova y Montblanc, en dirección a Tarragona, donde desemboca.

La crecida repentina del río afectó a otros municipios de la comarca y estropeó infraestructuras comunes, como los sistemas de saneamiento, que se vieron gravemente afectados. Según el Consejo Comarcal, el ente gestor, los tres sistemas de saneamiento de la Cuenca se encuentran totalmente restaurados y tratando la totalidad de las aguas residuales en las depuradoras, tanto en Montblanc desde mayo ,com en l'Espluga de Francolí y Vimbodí, desde este mes de septiembre. A día de hoy se puede confirmar que no hay ningún punto de vertido al río Francolí.

Rendé Masdéu: del vino de barro en una cava singular

En la Font Baixa de la Cova, los escombros de la bodega y restaurante arrasados por el agua llevan meses amontonados. Nadie lo ha retirado. Todavía se entrevé lo que había sido la sala de embotellar de Rendé Masdéu. Un mensaje en una pared medio destruida informa que la bodega ha reabierto en las afueras. La propietaria, Mariona Rendé, muestra orgullosa el nuevo espacio habilitado a Simó de Palau, un restaurante que llevaba tres años cerrado. En el subsuelo se esconde una antigua cava medieval, un espacio singular que en su origen era un molino harinero, propiedad de los monjes de Poblet.

El restaurante también se encuentra cerca del río. La bodega no quieren alejarse de sus orígenes. De hecho, en las nuevas dependencias, que triplican el espacio que tenían dentro del pueblo, el episodio de la riada estará mucho presente, con proyecciones y fotos de la recuperación de las botellas se han comercializado como «vino de barro» y una vieja tina destruida con aspecto de meteorito. «Nos hace mucha ilusión este nuevo proyecto-museo, queremos demostrar la superación», afirma Rendé. «Estas nuevas instalaciones están muy bien, pero aquello era nuestra casa», dice emocionada.

Drac Actiu frena las obras

Mientras la bodega Rendé Masdéu ya ultima los detalles para inaugurar el nuevo espacio, otro negocio que quedó muy afectado por la riada, Drac Actiu, dedicado a los deportes de aventura, se ve obligado a parar las obras de restauración de su edificio por falta de recursos. El seguro sólo les cubre una quinta parte del coste de la rehabilitación, presupuestada en unos 350.000 euros. «Hemos invertido todo lo que tenemos, pero ahora no podemos hacer nada más, con el coronavirus hemos sufrido una segunda riada», reconoce Gonzalo Gil, responsable de la empresa.

Drac Actiu compró una antigua destilería y construyó su sede, inaugurada hace diez años atrás. No descarta que en el fondo de una gran balsa, cerca el edificio, permanezcan enterrados todos sus equipos. En el rocódromo todavía se aprecia el nivel hasta donde llegó el agua. Igual que la bodega, ni pueden ni quieren olvidar la riada. De hecho, han incorporado una ruta por el río en su oferta de actividades deportivas, aunque ahora el trabajo escasea. Asegura que sin la ayuda del pueblo no saldrían adelante. «Un niño nos dio tres euros, eso para nosotros tiene mucho valor», recuerda Gil.

La implicación ciudadana

Paradigma de generosidad ha sido el movimiento ciudadano ‘Riada Solidaria’, que ha organizado múltiples actividades para recaudar fondos para los damnificados. Hay particulares que todavía tienen mucho trabajo a hacer. Un inmueble junto a pont Vell de Montblanc continúa apuntalado, inhabitable. En este punto los vecinos quieren reconstruir un muro exterior, junto a río, en una lucha de trámites pesada e interminable. «Hemos presentado toda la documentación y esperamos respuesta de las administraciones, con la inseguridad que entre cualquiera,» dice Mariette Cuña.

Las huertas del río Francolí, arrasadas por la riada, también es un entorno que tampoco se ha podido recuperar. «Tres las hemos podido recuperar, pero otras quedaron tan estropeadas y los daños son tan grandes que, si no tenemos una ayuda directa, no conseguiremos que se repongan», dice el alcalde Pep Andreu. «Si ahora sufriéramos una riada como la de hace un año, la afectación no tendría tanta magnitud, porque el cauce del río ahora está limpio, pero entonces estaban muy sucias de árboles y vegetación, y hubo un efecto de morrena, en cada puente era uno pantà«, explica.

Prepararse para futuras riadas

Poco después de la catástrofe, el ACA hizo un estudio de inundabilitat del Francolí. Varios científicos catalanes también se han interesado por la riada, con el fin de evitar episodios futuros, y están a punto de llegar a importantes conclusiones. «Fue una inundación muy violenta y focalizada, más que una riada fue como una ola y podría haberse originado por un puente roto», adelanta el geólogo montblanquí a Jordi Pujadas. «Estamos investigando por qué hubo daños en unos puntos tan concretos y esperamos tener terminado este estudio en unas semanas», afirma el geólogo.

El grupo GAMA, del Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Barcelona, que lleva casi cuarenta años estudiando inundaciones, se ha interesado en la riada de la Cuenca, sobre todo por la vertiente humana. «Nos interesa reconstruir el acontecimiento desde una perspectiva holística», expone Maria del Carme Llasat, coordinadora del grupo. El estudio, en la recta final, analiza qué falló y por qué la Cova acumula una quincena de casos de inundaciones desde 1994. «Han tenido y volverán a tener; se trata de convivir y que causen el mínimo daño posible», concluye.

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