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Lluís Fernández i la seva filla Núria actuant des del balcó de casa seva a Freginals.

Jotas cantadas desde un balcón de Freginals para neutralizar los miedos y la soledad del confinamiento

Lluís Fernández y su hija Núria actuando desde el balcón de su casa en Freginals.

Diverses veïnes de Freginals seguint des del carrer la cantada de jotes de Lluís Fernández.

Jotas cantadas desde un balcón de Freginals para neutralizar los miedos y la soledad del confinamiento

Varias vecinas de Freginals siguiendo desde la calle el concierto de jotas de Lluís Fernández.

Jotas cantadas desde un balcón de Freginals para neutralizar los miedos y la soledad del confinamiento

La iniciativa del exalcalde y maestro jubilado Lluís Fernández distrae pero también motiva a los vecinos de la población

04/06/2020 a las 08:53

Ha sido uno de los municipios donde, oficialmente, no se han registrado casos de Covid-19. Sin embargo, los cerca de 350 habitantes de Freginals, un pueblecito situado en el regazo de la sierra del Montsià con una demografía bastante envejecida, han encontrado fórmulas para combatir los miedos y la soledad del confinamiento. El exalcalde y maestro jubilado Lluís Fernández pensó que, ante la gravedad de la situación, había que lanzar mensajes positivos, tanto en las redes sociales cómo utilizando el lenguaje por excelencia del folclore ebrense que él conoce como músico: la jota. Sus actuaciones cada domingo por la noche desde un balcón, acompañado de su hija, no sólo han ayudado a distraer el vecindario sino también a motivarlos para hacer frente al episodio colectivamente.
 
Cuando todavía falta un rato para que toquen las siete de la tarde algunos abuelos y abuelas ya esperan, sentados con sus sillas sobre la acera y la mascarilla puesta, el inicio del recital de jotas. A las proximidades del balcón que hace las funciones de escenario van llegando más personas, que se alinean ordenadamente y de forma espaciada a lo largo del tramo de calle. Al final, son más de una treintena y muy pocas se han dejado la mascarilla en casa.

«Confinados, confinados, empezaron a venir cuatro o cinco personas. Después se iban añadiendo. Algunos se ponían en el lado, un poco separados, pero siempre con la mascarilla y guardando bastante bien la distancias, aunque en Freginals hemos tenido la suerte de no tener ningún enfermo», relata el mismo Fernández. Pocos minutos después de la hora establecida, con la guitarra en las manos, aparece en el balcón con su hija Núria, que lo acompaña a la percusión y disparando algunos sonidos pregrabados. Será la última actuación que hacen desde la casa, que es propiedad de la familia, después de que la mejora de la situación sanitaria haya permitido flexibilizar la rigidez del confinamiento.

Arrancan con una jota. Caerán diversas, incluso, una de las que habitualmente interpreta Quico el Célio, el Noi y el Mut de Ferreries. También algunos temas con aires 'country' o el omnipresente 'Resistiré'. Las dedican al personal sanitario, de los servicios básicos, a las entidades del pueblo o a los escolares. Fernández ha adaptado las letras a los acontecimientos informativos del momento para homenajear a los protagonistas en positivo de la crisis. Tampoco falta un toque de atención una «censura» para los gobernantes «que no han sabido hacer bien las cosas». Todo a ritmo de jota. Desde el público, compañeros y compañeras de la coral lo acompañan con la letra a la mano o instrumentos muy simples de percusión. Aplausos y agradecimientos se van alternando entre canción y canción.

Cambiar el chip
La idea de todo, según explica, era contrarrestar la negatividad que podían generar las primeras noticias sobre la llegada de la pandemia al Estado español. Especialmente delante del alud de mensajes alarmistas, y a menudo falsos, que corren por las redes sociales. «En la coral tenemos un grupo de personas mayores, de edad avanzada y muchos viven solos. Cuando llegan tantas noticias negativas eso los puede influir negativamente. Pensé que nos podríamos hacer daño: cogeremos una depresión y nos sentiremos todos muy mal.... ¡Cambiemos el chip!», exclama.

Fernández propuso difundir a través de las redes sociales mensajes positivos, espoleando sus compañeros y compañeras a pensar y escribir frases, relatos o canciones en esta línea. También hizo correr las grabaciones de las jotas que interpretaba desde el balcón. «Si ponemos en la red cosas buenas, en la gente responsable, médicos o sanitarios, también les llegarán cosas positivas. Si alimentamos la red con cosas negativas, eso también les dará malestar. Ya tienen bastante malestar que no tienen bastantes recursos para que les llegue de la sociedad cosas negativas. Así empezó la iniciativa: vamos a hacer el que es típico nuestro de las Terres del Ebre, las jotas», expone.

El papel de las redes sociales
Al lado de esta genuina forma de expresión de la cultura popular y tradicional ebrense, las redes sociales han jugado un papel clave en la propagación del espíritu de esta iniciativa a escala local. Personas de edad adelantada que, hasta estos momentos, prácticamente no habían tenido contacto con las nuevas tecnologías han encontrado en el confinamiento una oportunidad no sólo de reciclarse, sino de aprender a utilizar las redes sociales como un potente medio de comunicación, especialmente en su entorno más próximo.

«Gracias a las nuevas tecnologías hemos tenido la cabeza siempre ocupada: la gente me decía que no tenía tiempo de hacer las cosas que necesitaba para ella misma», apunta. Desde buscar citas en libros hasta pensar las fotos que podían acompañar el texto. «Algunos, incluso, se han levantado a las tres de la madrugada para escribir cosas y después las han colgado», añade. De todo este intercambio con sus compañeros y vecinos a través de las redes sociales durante el confinamiento, Fernández ha ido recogiendo por escrito diariamente las principales aportaciones y reacciones. Una especie de dietario de experiencias vivida y de aprendizaje, con referencias históricas, científicas o lingüísticas.

El pueblo estaba triste
El concierto de jotas se ha alargado casi media hora, bises incluidos. Más reconocimientos y aplausos finales antes de devolver hacia casa. «El pueblo ha respondido muy bien y está muy contento, porque teníamos la gente muy triste», reconoce satisfecha Mercè Accensi, presidenta de la coral 'Cingles del Montsià'. Una repercusión positiva también en el ámbito intergeneracional, destaca. «La gente joven han ayudado mucho porque muchas personas mayores las nuevas tecnologías no las saben hacer funcionar lo suficiente bien. Cuando se les averiaba el móvil llamaban y les decian que no podían enviar mensajes y los jóvenes se lo arreglaban. Ha sido una piña total», concluye.

«Nos ha dado mucha vida, de verdad. Hablé con unas personas que me llamaban como de pesado había sido el confinamiento. Pues para mí no –respondió. Y me miraban extrañados», apunta por su parte Elma Miralles, vecina y cantante de la coral. «Ha sido una ilusión continua, sin dejar de pensar en la ilusión que teníamos, pero nos ha pasado el tiempo volante. Los de fuera no pueden imaginar lo que hemos vivido nosotros», cierra su compañera Paquita Fabregat.
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