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Educación
Dues professores amb mascareta amb dos infants a la llar d'infants del Pallars Sobirà.

Algunos niños vuelven al jardín de infancia donde las educadoras se esfuerzan en mantenerlos distanciados

Dos profesoras con mascarilla con dos niños en el jardín de infancia del Pallars Sobirà.

Algunos niños vuelven al jardín de infancia donde las educadoras se esfuerzan en mantenerlos distanciados

Los pequeños descubren una «nueva realidad» que contradice todo lo que habían aprendido, sin juego colectivo ni abrazos

Actualizada 01/06/2020 a las 13:44

Uno de los jardines de infancia que ha abierto este lunes es el hogar municipal Xip Xap de Sant Carles de la Ràpita. Con sólo el 20% de los alumnos, el primer día ha servido para aprender los nuevos protocolos. Los niños y niñas, una vez más, han demostrado una gran capacidad de adaptación todo y que alejarse de los amigos, costa. Como ha explicado la directora del jardín de infancia Xip Xap, Maria Carles, lo más difícil es mantenerlos distanciados y darlas unas órdenes que les parecen contradictorias con «la filosofía» que habían aprendido en el hogar antes de la covid. No pueden tocarse ni abrazarse, no hay juego colectivo, se ha sectoritzat el patio y la desinfección por allí donde pasan es la nueva rutina en la escuela.
 
Este lunes a primera hora los padres han tenido que esperar en las puertas del jardín de infancia Xip Xap sin poder entrar en el centro para dejar a sus hijos. En la entrada, unos adhesivos en el suelo con el nombre de cada alumno los indica donde tienen que dejar los zapatos que llevan de la calle y se las cambian por otras para entrar en el centro. Las personas que tienen que acceder a la escuela también se tienen que desinfectar los zapatos, llevar mascarilla y limpiarse las manos antes de entrar.

Este es sólo el primer paso del estricto protocolo en que se ha convertido volver en la escuela. En los pasillos del hogar Xip Xap, las pocas batas vistas en las perchas ya indicaban la cantidad de alumnos que se vería dentro de las aulas. Con un máximo de tres o cuatro alumnos por clase, el jardín de infancia ha reabierto las puertas después del confinamiento, con el retorno del 20% de los alumnos. Por el espacio y la organización la ratio máxima sería del 35%.

En el suelo de las aulas, más adhesivos de colores. Estos tienen forma de estrella y marca a los niños donde se tienen que sentar cuando la maestra les llama a cantar el 'Buen día' o cuando llega la hora de explciar cuentos. Desde los bebés a los mayores se han sentado sin protestar. El juego colectivo tampoco es posible. En cada rincón de la clase se han repartido los juguetes en diferentes ambientes para que cada uno escoja a uno y juegue solo. Mientras uno cocina, otro construye y el tercero hace de mecánico pero muy alejados los unos de los otros. Antes de desayunar, manos limpias y distribución de mesas. Cada niño se ha sentado en una punta de la mesa. El agua se la beben con vasos de plástico que se tirarán al acabar y cuando ya han desayunado llega el turno de desinfectarlo todo. Las educadoras con los esprays, que ya son herramienta imprescindible de trabajo, limpian mesas, sillas y juguetes: una por una.

En el patio la tarea de mantenerlos distanciados se complica. El espacio se ha dividido con vallas por sectorialitzar-lo de manera que los alumnos de las aulas no se mezclen pero con las motos, las palas para la arena y el juego al aire libre los pequeños de cada área del patio, no dejan de ir unos detrás de los otros. «La seguridad con los niños pequeños es más fácil en la teoría que en la práctica pero vemos que los dos metros de distancia es un poco imposible mantenerlos. Lo intentamos a través de los juegos separados pero ellos están acostumbrados a buscarse y tener un juego colectivo. Nuestra filosofía siempre era que se hicieran abrazos y besos y ahora les tenemos que decir el contrario, que no se acerquen, y es un poco contradictorio», ha lamentado la directora del hogar, Maria Carles.

Los pequeños se han adaptado lo bastante deprisa y los padres que han optado por llevar a los hijos al jardín de infancia lo han hecho confiados y en parte resignados. «No tienen otra porque están trabajando y muchas familias de la escuela no tienen familiares con quién dejarles. Han estado muy agradecidos de que volvamos a empezar la escuela», ha destacado Carles. «Somos conscientes de que es una reapertura para facilitar la conciliación familiar y laboral», ha añadido.

De entrada, las educadoras recibieron la noticia con miedo pero puesto todo el protocolo en práctica este primer día se sienten aliviadas. «Cuando comunicó el Departamento la reapertura teníamos sentimientos de desazón y dudas pero cuando hemos empezado a trabajar vemos que se puede hacer, aunque la distancia es lo que más nos preocupa con los niños porque es muy complicado, también cuando lloran, están enfadados o caen, pero lo tenemos que hacer y hemos visto que era menos de los que pensábamos. Es más llevable», ha apuntado a la directora.
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