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Restauración

Discreta arrancada de los restaurantes en las Terres de l'Ebre con optimismo y recelo

Los restauradores confían en el aumento del turismo nacional este verano para «sobrevivir» este verano

Las mesas distanciadas en el bar restaurante Farcit de Tortosa con la camarera en el fondo limpiando y preparando para servir el menú diario.

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La arrancada de los restaurantes en el Ebro con la fase 2 del desconfinamiento está siendo discreta. El porcentaje de negocios que han reabierto es bajo pero lo han hecho con optimismo y asumiendo la desazón de la clientela a volver a sentarse en mesa. El sector se reactiva con la confianza depositada en un aumento del turismo nacional este verano y la perspectiva de «sobrevivir» en «la nueva normalidad» de esta temporada y recuperar todo el músculo el año que viene. La lluvia ha deslucido en el Ebro otras actividades previstas este lunes, como la reanudación del mercado ambulante en Tortosa o del baño a las playas. Los ayuntamientos preparan los protocolos para los bañistas pero la gran extensión de playas salvajes del Delta hará fácil evitar las aglomeraciones.
Vicent Guimerà es chef del Antic Molíde Ulldecona, lo único de los tres restaurantes con estrella Michelin en el Ebro que se ha puesto en marcha este lunes, autorizada la fase 2 del desconfinamiento en el territorio. El establecimiento ha reabierto sólo el espacio bistronòmic, y ofrece menús diarios más económicos. De momento, el menú gastronómico ha quedado aparcado así como la carta y el chef Guimerà propone para los fines de semana un menú cerrado de 35 euros. «Ofrecemos una degustación de cuatro platos más unos postres. La propuesta es esta porque no puedo incorporar parte del equipo. Estoy solo en la cocina con una persona que me ayuda y dos personas en la sala. Abrimos puertas con cuatro personas e intentamos poner en marcha así este motor que hace mes y medio que tenemos cerrado», ha detallado Guimerà.

De momento, los clientes se muestran recelosos. «Esta nueva normalidad supone volver a empezar de cero. Al volver a abrir ves que la gente no circula, tienen miedo y es como al principio del negocio, que te tienes que ganar la confianza para que vengan y se sienten a comer. Económicamente la gente también tiene miedo», ha apuntado Guimerà. «La semana pasada que hacía bono, sólo vimos a algunos motoristas de paso en el pueblo pero no se detuvieron en el único bar que estaba abierto. Hay desconfianza, se llevan la comida, y la gente no tiene dinero porque se han quedado sin trabajo», ha apuntado también Christian Funes, propietario del restaurante Can Parrado de Horta de Sant Joan..

La esperanza está toda puesta en cuánto la fase 3 de la desescalada esté implantada en todo el país. «El sector aquí en el pueblo tiene buenas perspectivas. Tenemos la sensación que la gente devolverá y saldrá. En las Tierras del Ebro ya no tenemos prácticamente ningún contagio y las playas del Delta están por explotar y son magníficas. Confiamos en que no se masificará la Costa Daurada y vendrán más hacia las Terres de l'Ebre. Esperamos que haya mucho turismo nacional, que prefiramos también que sea así,» ha explicado Funes. Cuando haya libertad habrá que empezar a plantear cómo nos seccionamos en la restauración. Quiero ser positivo y pensar que todo estará igual pero visto como estamos ahora nos tendremos que replantear muchas cosas», ha reflexionado Guimerà. El objetivo principal de esta temporada, como ha apuntado el chef, es «tener las puertas abiertas el año que viene».

En Tortosa, donde los restaurantes tienen buena parte de la clientela semanal entre los trabajadores de la capital ebrense, eran pocos los negocios que este lunes volvían a ofrecer menús diarios. El Jeroni Gómez, propietario del restaurante Farcit en el barrio del Temple, se ha aventurado a testar la situación, con menos personal y menos mesas, pero con optimismo. «Empezamos a probarlo y ver qué pasa. Estamos animados porque la gente preguntaba cuándo abriríamos y delante de eso hemos pensado que valía la pena abrir. Somos positivos y creo que irá bien», ha apuntado. «Empezamos pocos y la caja manda. Veremos cómo evoluciona», ha añadido.

Los restaurantes han aplicado punto por punto las medidas exigidas en la desescalada: recepciones individuales, papeles y gel hidroalcohólico a disposición de los clientes, carteles con las recomendaciones, desinfección constante a los servicios, pantallas en las cocinas y mesas separadas a más de dos metros, entre otros. Al Antic Molí han adaptado el espacio acristalado de los aperitivos de las bodas para ubicar el actual comedor. En el restaurante Farcit de Tortosa, han sacado la mitad de mesas del local –pasando de 13 a 7-, y en Can Parrado de Horta se ha ampliado la terraza para poder mantener el aforo.

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