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Dos socorristes de la Creu Roja patrullant per la platja de l'Arrabassada de Tarragona durant aquest agost.

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Dos socorristas de la Cruz Roja patrullando por la playa de l'Arrabassada de Tarragona durante este agosto.

«El socorrista no es para molestar, sino para que la gente disfrute de la playa con seguridad»

La Cruz Roja de Tarragona detecta este año menos casos de saltos en el mar desde zonas rocosas

Actualizada 26/08/2019 a las 09:04

Las disputas con los bañistas imprudentes son un mal trago para los socorristas de las playas. «El usuario viene a la playa a disfrutar y a nadie le gusta que le digan aquello que no puede hacer. Algunos lo entienden perfectamente, pero hay otros que no y se enfrentan con nosotros», explica el coordinador de Salvamento y Socorrismo de Cruz Roja en Tarragona, Hugo Núñez. Los socorristas no están considerados agentes de la autoridad y no tienen capacidad de sancionar. Por eso, en ciudades como Tarragona recurren a la Guardia Urbana para hacer desistir los imprudentes y, en ocasiones, salvarles la vida. Estas conductas se dan cada temporada, si bien este año la Cruz Roja ve menos casos de saltos al mar desde las zonas rocosas del municipio.

La de este verano está siendo una campaña de playas normal en la costa de Tarragona, sin ningún factor que destaque especialmente. Ha habido bastantes días con mar plano y bandera verde, y otros con bandera amarilla y roja y un mar bastante movido. Con respecto a la presencia de medusas, no se han registrado situaciones excepcionales.

Uno de los trabajos más incómodos para los socorristas es el de perseguir e insistir a aquellos bañistas que no hacen caso de las recomendaciones de seguridad. Según el coordinador de los socorristas en Tarragona, el bañista desobediente no tiene un único perfil. Muchos son adolescentes y jóvenes, pero también hay que son adultos, ya sea de la propia ciudad o foráneos.

«A veces nos encontramos situaciones extremas que nos impactan como el caso de un turista francés que estaba con su hijo en la playa de la Mora. Una compañera le dijo que saliera de un punto peligroso y él le respondió con insultos y le hizo el dedo. Al final todo tiene que ver en cómo se lo toma la persona en aquel momento y la educación que ha recibido en casa», reflexiona Núñez.

Casos como los del martes pasado en que la Guardia Urbana acabó multando a cinco jóvenes por no hacer caso de una socorrista y bañarse en bandera roja, pasan a menudo. De hecho, este verano la policía ya ha impuesto una cuarentena de denuncias –con multas de hasta 100 euros. «Es nuestro día a día. Nos encontramos muchísimos casos en que el usuario no nos hace caso y, a veces, increpa o amenaza el socorrista», apunta Núñez.

Según el responsable de los socorristas, habría que procurar que todo el mundo recibiera una educación correcta sobre los riesgos en torno a la costa. El problema, sin embargo, tiene difícil solución a corto plazo porque en los días de más afluencia en Tarragona un único socorrista puede ocuparse de un área con entre 2.000 y 3.000 bañistas. Así, el colectivo tiene asumido que en un día soleado con bandera roja habrá que estarse casi toda la jornada «a pie de agua» para disuadir los imprudentes o temerarios.

Esta temporada de verano una de las conductas de riesgo que «va a la baja» es la de saltar desde las rocas al mar. «Nos ha sorprendido bastante porque otros años hacíamos mucha prevención. Este año se ha reducido bastante el número de actuaciones de información, a pesar de que sí que tenemos puntos como el Fortí de la Reina donde es inevitable que la gente salte. Si los vemos, vamos y los avisamos. A veces vuelven cuando nos vamos y llamamos a la Guardia Urbana», relata Núñez.

El responsable de la Cruz Roja insiste en la peligrosidad de saltar desde estos puntos elevados y recuerda que, en cualquier caso, hace falta haber inspeccionado la profundidad del mar en aquel punto, mantener una buena posición de salto y observar el comportamiento del oleaje. «La profundidad es importante porque la arena va y viene de un día al otro y puede ser que un salto que un día era seguro, al día siguiente ya no lo sea tanto», alerta.

Hugo Núñez, que hace trece años que ejerce como socorrista en las playas tarraconenses –nueve como coordinador, admite que a la playa «se va a disfrutar», pero recuerda que hay una normativa y unos consejos básicos a seguir para que todo el mundo pueda hacerlo. «Hace falta que la gente sea consciente de que el socorrista no está para molestar a nadie, sino que para que uno pueda disfrutar de la playa pero con la máxima seguridad», defiende.

En general, la tarea de los socorristas se basa mayoritariamente en la prevención, los patrullajes y el contacto con el usuario de las playas. También hacen pequeñas curas y se ocupan del servicio de baño adaptado. Los rescates y asistencias a personas en riesgo, afortunadamente, son prácticas mucho más puntuales.
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