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Joan Maria Ramon: Vecino de Constantí, víctima de abusos sexuales por parte del mosén Pere Llagostera

«Hace falta una medida más efectiva que el traslado del mosén de aquí para allá»

Joan Maria Ramon fue uno de los monaguillos que en los años setenta sufrió tocamientos del mosén de Constantí en salidas a los Pirineos

Actualizada 05/02/2019 a las 13:02

— Ayer hizo público por primera vez que el mosén Pere Llagostera abusaba de niños de Constantí, entre ellos Usted. ¿Cómo se siente?
— Estoy sorprendido por la repercusión. Si me dijeses un deportista de élite que ha hecho un récord, pero un tema de estos siempre he considerado que es un tema menor.


— ¿Cuál ha sido la reacción de amigos y conocidos después de hacerse público su caso?
— Sobre todo de apoyo, que ha sido algo valiente, que era importante que lo dijera, que tiene que servir como ejemplo, que están conmigo, a favor.

— ¿La noticia ha hecho que algún vecino también perjudicado por la misma situación también se manifieste?
— He tenido un par de llamadas de excompañeros, pero no han llegado a decirme que se pronunciarán, sino que me dan apoyo y que lo pasaron bastante mal, pero que prefieren mantener el anonimato, que es respetable evidentemente.

— ¿Por parte de la Iglesia lo han llamado?
— Se emitió un comunicado típico que hacen por protocolo, que ya debe estar montado de esta manera, cambian el nombre en función de quien es la víctima y adelante.

— ¿Cómo tomó la decisión de hacerlo público?
— En el momento en que los hechos pasan vivimos en Constantí y la familia tenemos un comercio, que no puede tener un color político ya que estás cara al cliente. Cuándo lo dije a mis padres me dijeron que sobre todo que eso no saliera de casa, que es un mal momento de una persona y que se tiene que perdonar. Estos días pasados, antes de hacerlo público, ni fu ni fa. Hoy ya no están en contra, entonces sí.

— ¿Hasta donde llegaba la influencia de la Iglesia en el pueblo?
— Más que la Iglesia y su poder era su valor a nivel social. La clase media para estar valorada tenía que haber tenido una vinculación con la Iglesia y eso quiere decir oficios, actos, Semana Santa... Allí se encuentra todo el mundo que figura en el pueblo. Y si puedes participar en los Pastorets, en el Coro de la Iglesia, todo eso hace que tengas una piña con la misma gente. No es la propia Iglesia la que te puede castigar y quedarte sin clientela, sino que por el hecho de no pertenecer a este colectivo pues ya estás fuera.

— La situación ya no es la misma, ahora.
— De todos modos yo pienso que el cop de cap lo hice raíz de ver el documental Examen de conciencia, y de ver las consecuencias en algunas personas que todavía no han digerido lo que había pasado y, en caso de haberlo digerido, lo han digerido mal. Con una vida más de perdición, de apoyarse en la droga o la bebida. Pienso que ahora es el momento porque la gente se ha envalentonado un poco, ha perdido el miedo al poder fáctico y eso quiere decir que van saliendo casos cada día. No hundiremos a la entidad pero sí que probablemente pondrá alguna medida como mínimo que sea más efectiva, que no sea el sencillo traslado del mosén de aquí hacia allí y ya se cuidará por si solo.

— ¿Conoce algún caso que haya sufrido consecuencias psicológicas?
— Sí, como mínimo tenemos cuatro personas que han sufrido unos perjuicios por este tema. De hecho, no han vuelto a hacer nada bueno. Cambiaron de grupo, más valientes a la hora de probar sustancias psicotrópicas o mezclas de tabaco, y todo raíz de intentar negar unos hechos que no sabían como poder arreglarlos. Hay personas de estas que ya no están porque han desaparecido.

— ¿Qué edad tenían los afectados en el momento en que pasó?
— Como mínimo tenían diez años, menos no, que sería la generación de Joan Reig, que venían justo detrás mío. Joan es del 63, yo del 60.

— ¿Una vez los afectados vuelven a Constantí y lo explican a los padres, les obligan a volver a mantener contacto con el mosén?
— Todos los padres lo hacen. Yo voy el primer año, paso por caja, segundo año pienso que la cosa se habrá calmado, volvemos a pasar por caja, y a partir de este segundo año yo creo que el 80% nos desentendemos de la escolanía y de la Iglesia. Ya tenemos 13-14 años y aparecen en nuestro mundo las motos, tenemos un pequeño circuito de cross en el pueblo y ya tenemos alternativas a la misa y a hacer el vermú.

— ¿Pedirán algún tipo de consecuencia, aunque sea a nivel simbólico?
— No, yo no estoy por la labor. Mi interés no es persecutorio, no es la institución, una recompensación económica ni que me traten. Lo que me interesa es poner de manifiesto que había personas asediadas que fueron haciendo su vida, y que los padres que tengan hijos que puedan ser acosados, que estén pendientes de los pequeños, que les transmitan confianza y que cuando el pequeño quiera decir algo estén por el pequeño. No le gires la cara porque no te interesa el tema.

— Antes hablaba de Joan Reig. Ha sido la cara mediática del caso. ¿Ha hablado con él?
— Somos del mismo pueblo, tenemos muy buena relación, pero este tema no se ha hablado prácticamente con nadie, sólo entre compañeros. A raíz de la entrevista publicada en El Periódico, el sábado estuvimos en su casa hablando de todo, de la repercusión, que él todavía esta en muchas entidades y que se tenía que tener en cuenta que podía haber un día siguiente de la noticia.
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