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Joan Esculies.Autor del libro 'Ernest Lluch. Biografia d'un intel·lectual agitador'

«Ernest Lluch defendía un diálogo donde siempre se estuviera dispuesto a cambiar de opinión»

Joan Esculies presentará la biografía de Ernest Lluch este viernes a las 18h en la Biblioteca Maestra Maria Antònia de Torredembarra
  • Cristina Serret

Actualizada 24/01/2019 a las 16:00

—¿Por qué escogió hacer una biografía de Ernest Lluch?
—Por dos motivos. Uno fue mi propio interés, en el sentido que pensaba que la vida de Ernest Lluch, y aquello que hizo, nos podía ser útil para el momento político actual. Y después, por el interés de la Fundación Ernest Lluch al hacer una biografía. Estos dos intereses se encontraron y de aquí salió el proyecto.


—Biografiar a una persona contemporánea le ha permitido acercarse a testigos presenciales.
—Es enriquecedor y, a la vez, difícil. Cuando investigas personajes como los que yo había tratado hasta ahora, por ejemplo de la época de la Segunda República, te basas sobre todo en correspondencia o hemeroteca, normalmente no encuentras personas vivas que los hayan conocido. En este proyecto tuve muy presente que tenía que contrastar al máximo lo que me explicaban a las personas, sabiendo que en ocasiones hablaban desde el recuerdo, y que el paso de los años podía haber hecho cambiar su percepción de las cosas. Al historiar un presente reciente siempre hay este riesgo. En más, en las presentaciones que he ido haciendo me he encontrado con personas que me llaman que un episodio que está explicado de una manera, ellos lo recuerdan diferente. Es un puzzle de momentos que hay que encajar, y eso es una dificultad añadida. Me ayudó el hecho que la Fundación Ernest Lluch, con motivo de una exposición que hizo en el 2007, había hecho unas sesentena de entrevistas. Me las miré todas, pero al fondo de la Fundación falta material, porque hay correspondencia que se estropeó. Al ver que habría material que me faltaría, decidí hacer entrevistas.

—¿Hay consenso en torno a la figura de Ernest Lluch?
—Consenso no, pero en lo que sí que coincide todo el mundo es en que era una persona polifacética, o poliédrica. Yo estoy de acuerdo, pero siempre partiendo de la concepción que Lluch tenía de sí mismo como intelectual. Es decir, que todo aquello que hacía eran distintas facetas de este yo sede intelectual. Cuando actuaba en política, pretendía trasladar sus ideas, llevarlas a la práctica, cuando escribía artículos o hacía de tertuliano, igual. Después, con el paso del tiempo, y a raíz de su asesinato, se lo ha asociado mucho a la palabra ‘diálogo’, y en eso sí que se puede considerar que hay un consenso. Pero en cualquier caso, el diálogo en lo que siempre se refirió Lluch era un diálogo siempre dispuesto a cambiar de opinión. Es decir, hablamos para reforzar nuestros argumentos, para ver si los de nuestro interlocutor son mejores y, si hay que cambiarlos, los cambiamos. Pero este diálogo tiene que ser pleno, que no sea sólo con que se encuentren dos personas y hablen, porque entonces sólo hacemos dos monólogos.

—¿Es una figura que se puede reivindicar de manera transversal, más allá de la órbita socialista?
—Sí, porque en el fondo lo que plantea es buscar puntos de encuentro, y eso va más allá del ámbito socialista, tendría que entrar dentro de los parámetros de todos los partidos. Él mismo se consideraba un outsider  dentro del partido socialista, sobre todo los últimos años. Era una persona con ideas que parten del socialismo pero que son lo bastante eclécticas para que todo el mundo se sienta apelado.

—¿De qué manera piensa que nos puede ser útil, este trabajo, en el momento político actual?
—Un repaso a la vida de Ernest Lluch es un repaso a la vida de Catalunya y, por extensión, del estado español desde los años del franquismo hasta el 2000. Nos sirve para ver muchos episodios olvidados, porque normalmente la reformulación política que se hace del pasado está construida en gran parte desde un mensaje político de la actualidad. Las circunstancias de entonces no son las actuales, hay una especie de presentismo histórico. La biografía de Lluch sirve para ver lo que había en aquel momento, las dificultades a vencer y que las personas lo hicieron como buenamente pudieron. Explica por ejemplo las dificultades para construir el socialismo valencianista en la Comunidad Valenciana, las complicaciones que tuvo el Ministerio de Sanidad y Consumo para sacar adelante la Ley General de Sanidad, o las dificultades que sufrieron él y otros para ejercer como profesores en la Universidad de Barcelona.

—¿Cómo ha sido profundizar tanto en una vida tan llena sabiendo que al final el protagonista murió en manos de ETA?
—Ernest Lluch no se murió. Lo asesinaron, que es muy diferente. Eso es una ignominia, pero el hecho en sí también explica, a través de su persona, aquello que sufrieron muchos otros, acabaran asesinados o no. Durante muchos años hubo muchas personas que vivieron angustiadas por la presión a la cual los sometían a los terroristas. Lluch, sobre todo en 1999 y en el 2000, sintió mucho el aliento de ETA, sabiéndose un objetivo factible para los terroristas, y eso se deja ver en el libro. A medida que te acercas al final, aunque sepas lo que acabó pasando, te acompaña la angustia. Y a mí me ha acompañado mucho. Al lector sólo pasa una vez, pero yo he pasado muchas veces, y ha sido muy difícil.
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