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La cap del servei de prevenció i desradicalització de Vilvoorde, Jessika Soors.

Un año del 17-A: ¿«Habéis escuchado las noticias? Es la misma persona»

La jefa del servicio de prevención y desradicalización de Vilvoorde, Jessika Soors.

Un año del 17-A: ¿«Habéis escuchado las noticias? Es la misma persona»

La responsable de desradicalización de la región belga donde Es Satty intentó hacer de imán recuerda que la propia comunidad musulmana lo vetó gracias a la «sensibilización y la vigilancia»

Actualizada 06/08/2018 a las 09:02

Jessika Soors recuerda muy bien el momento en que se enteró del atentado a Barcelona. Estaba en un festival y, al llegarle la información, tuvo una «sensación extraña». ¿«Habéis escuchado las noticias? ¿Habéis visto el nombre? ¿Es la misma persona»?, reclamó a sus compañeros de la policía local tan pronto como oyó el nombre de Es Satty en las noticias. Le resultó familiar enseguida. Soors está al frente del departamento de prevención y desradicalización del Ayuntamiento de Vilvoorde desde que se creó esta área, ahora hace cinco años. Además de ver marcharse a combatir a una treintena de jóvenes locales en Siria, Vilvoorde, en el Bravant flamenco de Bélgica, es también el lugar donde residió el imán de Ripoll Abdelaki Es Satty mientras estuvo en el país, en el 2016. Las autoridades locales estaban al corriente que el imán había intentado sin éxito ejercer en la mezquita de Diegem, un pueblo próximo. De hecho, observación Soors, fue un imán local quien contactó a la policía belga para pedir más información sobre Es Satty y, al ver «algunas cuestiones poco claras en su expediente», se decidió no colaborar con él. Un año y medio más tarde el imán de Ripoll aparecía a las noticias como el cerebro de los atentados en Barcelona y Cambrils.

«Estamos muy involucrados con todas las comunidades musulmanas en Vilvoorde y los consideramos actores colaboradores, fue un contacto para proporcionar información, no un incidente destacable», explica Soors en una entrevista con la ACN sobre la información intercambiada entre la mezquita de Diegem, el ayuntamiento y la policía en relación a Es Satty.

Según la experta, los atentados han enseñado que es «muy importante» tener un sentido de sensibilización dentro de las comunidades musulmanas sobre los riesgos potenciales de empezar a colaborar con personas que «no son de confianza». Y un ejemplo de eso es el que muestra el paso de Es Satty por Bélgica.

«Que haya este canal abierto [entre mezquitas, ayuntamiento y policía] quiere decir que nuestra red es eficiente», dice Soors. Preguntada por los atentados del verano pasado en Cataluña, sin embargo, prefiere no hablar de «qué falló» para prevenirlos. «La realidad también me ha enseñado que a menudo sólo es mirando atrás que puedes entender lo que podías haber hecho», concluye.

En Vilvoorde, dice, hace años que invierten en tener esta «sensibilización y vigilancia» también dentro de las comunidades musulmanas y celebra la cooperación entre actores como el ayuntamiento, las mezquitas locales o la policía.

La ciudad, de unos 44.000 habitantes -Ripoll tiene 10.000-, se puso a trabajar en el 2013 después de ver cómo 29 jóvenes se marcharon a Siria entre el 2013 y el 2014 para combatir. El objetivo: evitar que más adolescentes, como pasó con los jóvenes de Ripoll, se radicalicen. En el 2015, dos años después de iniciar el plan de prevención, ningún joven se fue a Siria desde Vilvoorde aunque el mismo año hubo un pico en diferentes regiones europeas, según datos facilitados por el consistorio.

Para Soors, el enfoque social y la inclusión de familias, escuelas o la comunidad musulmana son «necesarias» para crear «resiliencia» y «evitar que personas como el imán de Ripoll pongan un pie en tierra». Reconoce que conseguirlo es un «esfuerzo a largo plazo» y que es «difícil» demostrar que la prevención sirve realmente para evitar alguna cosa. Con todo, afirma que «sigue valiendo la pena invertir, porque está donde la radicalización puede ser detectada».

La conexión con Bélgica
Después de conocer la conexión entre Bélgica y Cataluña a raíz de Es Satty, Soors ha mantenido contactos con Barcelona a través de los Mossos D'Esquadra o el Institut de Seguretat Pública de Catalunya. Poder hacerlo justo después de los atentados, afirma, fue «muy útil» para ser capaces de seguir trabajando «a nivel local» sin todo el «alboroto» alrededor sobre si hubo o no «errores» en el intercambio de información policial.

Según explica, mantiene contacto con diferentes personas del Estado involucradas en la Red europea de Sensibilización sobre la Radicalización. Tal como ha podido saber la ACN, cerca de 300 personas del Estado participan en esta red. Entre los actores implicados destacan los Mossos D'Esquadra, las conselleries de Justicia o Interior, el Ayuntamiento de Barcelona, la Universitat de Barcelona, la fundación CIEDES o víctimas de los atentados del 17-A.

Además, Soors ha visitado algunos proyectos en Cataluña sobre diversidad religiosa. «También sé que se está haciendo un trabajo enorme sobre cómo trabajar con bandas juveniles y creo que puede ser muy útil mirarlo porque muchos de los sistemas detrás podrían funcionar a la hora de trabajar en desradicalización», añade.

Detectar una radicalización
«No soy nadie para hablar de Ripoll ni conozco los esfuerzos que se están haciendo, sólo puedo mirar a nuestro pasado en Vilvoorde», repite la experta cuándo se le pregunta por Cataluña.

Con todo, admite empatía hacia Cataluña. «Es porel tipo de trabajo que hago, me siento muy vinculada a cualquier cosa que pase, esté donde esté», dice. La clave, según la experta, es «crear confianza entre los diferentes actores».

En el caso del municipio flamenco, el grupo de prevención y desradicalización ha tenido que enfrentarse, por ejemplo, a ‘Sharia for Belgium’, una organización yihadista que reclutó en el pasado diferentes residentes. «Nosotros hemos aprendido nuestra lección encontrándosenos con los retos que nos hemos encontrado», añade.

Y al respecto destaca que es «muy necesario» entender por qué personas jóvenes pueden sentirse atraídas a «ciertas narrativas». Soors emplaza a preguntarse quién podría detectar una radicalización. «Padres, amigos, vecinos, la red local a su alrededor, quizás las escuelas», responde.

En cualquier caso, las personas que se radicalizan no necesariamente lo hacen en espacios como las mezquitas, sino también a través de canales como las redes sociales o en espacios privados. Llegar a estos espacios, confesa Soors, es un «gran reto} y por eso cree precisamente que es tan importante hablar con las familias.

En Vilvoorde, por ejemplo han incluido en los grupos de apoyo a padres y madres que ya existen la radicalización como uno de los temas que se tratan. «La madre de alguien que se marchó a Siria me explicó que cuando tenía 20 años y estaba a punto de dar a luz era consciente que tendría que motivar a su hijo para ir a la escuela, apartarlo de las drogas, hacer buenos amigos, etc. pero nadie la advirtió que la radicalización también era un riesgo», recuerda.

La experta explica que los jóvenes pueden estar en estos espacios informales pero al mismo tiempo ir a la escuela y, en este sentido, defirmfr, «si no se puede llegar a ellos por una vía se puede por otra».
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