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Economía

Los camareros avisan de que será un verano de récord, pero, «el peor» en condiciones de los empleados

Los negocios de la restauración afrontan la temporada con falta de personal por los malos horarios y los sueldos bajos

Actualizada 28/05/2022 a las 10:16

La hostelería anticipa un verano marcado por la recuperación y el retorno del turismo internacional a Cataluña, después de dos años marcados por el covid. Según la mayoría de restauradores y patronales como Fecasarm, los próximos meses pueden, incluso, mejorar las cifras previas a la pandemia. No obstante, la actividad turística encara un problema que hace meses se arrastra: la falta de trabajadores por la temporada alta a causa de los malos horarios y los sueldos bajos. «Si pagamos lo que se merecen, el ticket medio se tendría que duplicar», advierten desde el sector. Sin embargo, camareros y trabajadores de hoteles avisan de que las buenas expectativas de negocio pueden ser a costa que sea «el peor» en condiciones laborales.

Los camareros entrevistados por la ACN denuncian las «malas condiciones» con que trabajan día si día también. Los empleados han notado un cambio sustancial después de la covid, ya que las empresas han optado por mantener plantillas reducidas y rebajar al mínimo los servicios externos como la limpieza, para recuperarse de la bajada de facturación de los últimos dos años.

Los procesos de selección de personal de los últimos meses se han encontrado que «no viene casi nadie o la calidad de la gente que viene es pésima», ya que gran parte de los trabajadores habituales de la hostelería han ido a otros ramos como los supermercados o la logística, con sueldos más altos y horarios menos exigentes. «En algunos casos entras a trabajar y no sabes cuándo terminarás. Los descansos no se cumplen y tampoco los días de fiesta», ha explicado Marc Valerí, delegado de la CGT.

Valerí, que también es trabajador de un bar céntrico de Barcelona, denuncia que el «volumen de trabajo es brutal» y que, en cambio, hay menos manos que nunca. «Antes llevabas 15 mesas y ahora tienes 20 o 25», explica Valerí.

«Cada día es agónico. La gente sale con estrés, llorando se dan situaciones muy críticas», coincide Hèctor (nombre ficticio), un camarero de un hotel con más de 35 años de antigüedad que denuncia que «nunca» había vivido una situación así. Los empleados miran con preocupación esta campaña turística después de «dos meses al máximo». «No quiero pensar cómo será el verano», dice antes de antes de confesar que hay trabajadores que dejan el trabajo de un día por otro cuando encuentran otra opción, aunque se les pague sólo un poco más. «La gente por 50 euros más se marcha», simplifica.

El convenio de la hostelería está caducado desde el 2019 y las negociaciones para renovarlo hace meses que se alargan. En una reunión esta semana, los sindicatos presionaron a los gremios de hoteles y de restauración para incluir cláusulas de revisión salarial y para llegar a un acuerdo antes de la temporada alta para poder trasladar el incremento salarial cuanto antes mejor.

Los representantes de los trabajadores están centrando la negociación en los sueldos porque ven con buenos ojos el resto del texto. Según los sindicatos, el problema se encuentra en el cumplimiento de la normativa y no su contenido. De hecho, algunos de los empresarios reconocen estas prácticas y la dificultad en garantizar el cumplimiento de los derechos laborales en un sector tan atomizado y con poca tradición sindical.

En este sentido, el presidente de la Asociación de Campings de Girona, Miquel Gotanegra, constata que la falta de personal es ya un problema generalizado y emplaza el sector a una «profunda reflexión». «Si se aplican las tablas salariales que tocan, en el sector turístico los sueldos no son bajos», apunta al empresario antes de pedir en el sector que no esconda «la cabeza bajo el ala» y aplique mejoras.

Según Gotanegra, hace falta desestacionalizar y consolidar las plantillas. «La clave es poder ofrecer lugares de larga duración», remarca. Por otra parte, recomienda racionalizar horarios y hacer turnos que permitan una mayor conciliación para hacer más atractivo el sector. «Todo es un gran reto. (...) Estamos empezando la temporada y, si las cosas van bien, puede ser mucho buena. Tenemos que ser capaces de organizar equipos que estén motivados», insiste.

Los propietarios de negocios reconocen que la pandemia ha hecho estragos en el sector y que, incluso, cuesta encontrar gente para el resto del año. Además, la situación ha llevado a algunos bares de temporada a subir la persiana más tarde por falta de personal. «Volvemos a hacer un poco lo que hacíamos antes: yo he vuelto a la cocina, mis hijos están al negocio y tiramos así en invierno y, por suerte, a base de ir preguntando hemos podido encontrar gente para hacer la temporada», destaca Àngel Campos, propietario del restaurante Ca la Margarita de Roses, que normalmente duplica su plantilla en verano.

«Ahora tengo 12 personas y normalmente en verano 20, pero ahora mismo estoy buscando a cinco personas y no encuentro», apunta por su parte Miguel, que tiene un establecimiento que sirve comidas y copas y está abierto de 8 de la mañana hasta la medianoche.

Algunos empresarios reconocen que el personal tendría que cobrar más, pero advierten de las consecuencias de una subida de salarios generalizada. «Todo se ha encarecido y si tenemos que pagar lo que realmente se merecen, el ticket medio se tendría que duplicar», opina Xavier Martí, propietario y chef del restaurante Casa Macarrilla.

«No digo que nosotros paguemos mal pero si comparas el trabajo de un camarero con cualquier operario que trabaja de lunes a viernes de nuevo en seis no compensa», admite Martí, que lo contrapone, por ejemplo, con el trabajo de un cerrajero, que si se activa de urgencia cobra «unos 150 o 200 euros por venir un domingo más el trabajo que hace». «Nosotros estamos todos los domingos y festivos», sentencia.

Martí también ha sufrido las consecuencias de la falta de personal. «Nos cuesta encontrar gente, yo tengo una plantilla cerrada, pero he tenido que eliminar la terraza y también algunas mesas de dentro», añade Martí, que también es el presidente de la Asociación de Hostelería de Cambrils.

Según la asociación, los ochenta de restaurantes de esta población turística y pesquera también tienen dificultades para encontrar personal desde la pandemia, ya que se encuentran con que es un trabajo «mal pagado» a diferencia de otros de fin de semana. De la misma manera, el sector hotelero -que representa el 26% del PIB tarraconense- busca alcanzar la temporada a 8 meses. «Una contratación de fijo-discontinuo ayuda a dar estabilidad», afirma el presidente de la patronal hotelera de la Costa Daurada, Jaume Orteu.

En cambio, en el Pirineo la falta de población activa es una situación que hace años que se arrastra. «En el Pirineo falta gente. Es una problemática que hemos tenido toda la vida», ha dicho el presidente Federación de Hostelería de Lleida, Josep Castellarnau. A los problemas para hacer atractivo un sector con mucha carga de trabajo y sueldos bajos, en las comarcas pirenaicas hay una dificultad añadida: encontrar alojamiento para los trabajadores. «Muchos establecimientos tenemos que buscar alojamiento para los trabajadores y cada vez se hace más difícil porque hay falta de vivienda», ha dicho Castellarnau.

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