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La directora de l'ACAB, Sara Bujalance.

La directora de la ACAB, Sara Bujalance.

El 47% de chicas adolescentes quiere adelgazar, un 'claro incremento' del riesgo del trastorno alimentario a raíz de la pandemia

La ACAB informa de que tanto en el 2020 como en el 2021 registrará unas 5.000 atenciones, cuando el 2019 hizo unas 2.000

Actualizada 29/11/2021 a las 20:24

Casi la mitad de chicas adolescentes de Catalunya quieren adelgazar. En concreto, el 47% de las chicas ha expresado el deseo de perder peso en la encuesta anual de la Associació Contra l'Anorèxia i la Bulímia (ACAB), que este año se ha realizado en 5.135 adolescentes del país. En la encuesta anterior, en lo referente al curso escolar 2019-2020, este dato se quedaba en el 32% de las chicas. En el mismo sentido, también los chicos aumentan la voluntad de adelgazar, pasando del 15% al 21%. Así, según la psicóloga y directora de la entidad, Sara Bujalance, eso está vinculado al hecho de que «la pandemia ha disparado los factores de riesgo de salud mental» y, por lo tanto, también se ha vivido «un claro incremento» de los casos preocupantes con respecto a los trastornos alimentarios.
 
La asociación catalana que se encarga de combatir estas enfermedades informa de que la pandemia ha supuesto un punto de inflexión que ha disparado las atenciones que realizan anualmente. Si el año 2019 bordeaban los 2.000 casos, el año pasado ya llegaron a las 5.000 atenciones por situaciones de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y la previsión es que este año se acabe con una cifra similar, ha expresado Bujalance.


El informe presentado este lunes también ha revelado que hay un 41% de las adolescentes entre 12 y 16 años que ha intentado hacer dieta sin ningún control profesional, mientras que en la encuesta anterior la cifra era del 34%. El hecho que 4 de cada 10 chicas ya haya intentado perder peso sin recurrir a expertos «alarma especialmente» la directora de la ACAB porque «es la conducta de riesgo precipitante de trastorno de la conducta alimentaria más importante». Eso, según la psicóloga, implica que no siempre que se haga una dieta sin control médico se acabará en un caso de TCA, pero se tiene que tener en cuenta porque «la gran mayoría» de personas que desarrollan el trastorno lo ha iniciado a través de esta conducta.

El dato que ha seguido la misma tendencia creciente es el de los adolescentes que explican que podrían estar sufriendo un trastorno alimentario, que se ha doblado. Si el curso 2019-2020 el 4,5% de los encuestados apuntaba tener sospechas de estar viviendo esta situación, el último curso esta cifra ha llegado al 8,7% de los alumnos. Más estable ha sido la percepción del entorno, que ha situado en un 32% a los compañeros que creen que alguien de la escuela puede estar atravesando un TCA. En este caso la encuesta es anónima, pero en algunos casos la vergüenza o miedo de explicar el caso también es un factor a tener en cuenta. Como parte implicada al llegar a los centros educativos realizando talleres de prevención, el psicólogo de la ACAB Joel Guillen explica que «hay alumnos que hablan de ellos mismos pero explicándolo como si fuera un compañero» y que, a posteriori, confiesan que los que viven la situación de trastorno alimentario son ellos.

En este mismo contexto, los datos de la encuesta sitúan también un crecimiento de la importancia del aspecto físico con respecto al contenido de las burlas que reciben los adolescentes. El estudio apunta que un 42% de los encuestados explican haber sufrido escarnio y que en un 86% de los casos el comentario tenía que ver con su cuerpo. El año 2019, el porcentaje era del 76%.

La pandemia y las redes sociales
En torno al incremento de indicadores preocupantes con respecto a la incomodidad con el aspecto físico, Sara Bujalance valora que con la pandemia ha llegado «la tormenta perfecta» a la hora «de aumentar los factores de riesgo». En este sentido, la experta ha advertido que se han mezclado el aumento de situaciones «estresantes» como la gestión de pérdidas de personas amadas o la crecida de la exposición a violencias en casa con la reducción drástica de los factores de protección clásicos, como son las relaciones sociales, el tiempo libre en el exterior o los proyectos de vida de los jóvenes.

Por el contrario, lo que ha aumentado es la exposición a las redes sociales y a los patrones físicos que se reproducen. Si bien ha reconocido que el aumento del uso de estos espacios digitales ha permitido mejorar las relaciones sociales en un momento de distanciamiento social, la directora de la ACAB también ha expresado que «entre los jóvenes la presión social relacionada con el culto al cuerpo está mucho presente en redes y es de manera muy dañina». En este sentido, la psicóloga ha advertido que hay «muchas imágenes y mensajes irreales» que «los jóvenes todavía no tienen bastantes herramientas para poder protegerse» como lo hacen los adultos. Este hecho, según la experta, ha favorecido el incremento de la insatisfacción corporal, el aumento de las conductas de riesgo y la aparición final de una «diagnosis mental grave» vinculada al TCA.

En esta línea, el hecho de que se haya cambiado uno de los indicadores de protección más mencionados históricamente, como es el de hacer al menos una comida en familia al día, que a raíz de la pandemia ahora se ha subido hasta el 70% de los encuestados, no ha repercutido de manera destacada en el freno de los riesgos relacionados con las conductas de riesgo. La asociación concluye que el aumento de las contrariedades ha sido tan superior en los de los elementos positivos que la diferencia en este ámbito no ha sido suficiente.

Visitas a la privada por la falta de recursos a la pública
Crítica con los recursos públicos actualmente destinados a la prevención y gestión de los casos de trastornos alimentarios, Bujalance ha explicado que se está detectando un alto índice de pacientes que escogen dirigirse a las clínicas privadas para gestionar las enfermedades. «El porcentaje no lo tenemos, pero puedo decir que en el día a día de la atención que damos a las familias es una cosa muy frecuente» y es «más de lo que nos gustaría», ha sentenciado la directora de la entidad.

La explicación de este fenómeno se encuentra principalmente en los problemas tanto para ofrecer una primera visita, que en algunos casos puede alargarse más de un mes en el sistema público, como por la frecuencia y duración posterior de estos encuentros para hacer seguimiento del tratamiento. En casos en que se llegan a presentar autolesiones físicas, «una visita de 45 minutos al mes» acaba resultado insuficiente, ha reflexionado Sara Bujalance. Así, la representante de la ACAB ha denunciado que «faltan recursos, personas y especialización» y ha incidido en la necesidad de un Plan de Prevención de los TCA, apelando a la administración pública. Por otra parte, ha mencionado la mejora que supondría dotar a las escuelas de un protocolo con contacto directo con la atención primaria, y ha recordado la puesta en marcha este año de un plan con el departamento de Educación de la Generalitat para formar profesionales especializados en la detección y prevención de los trastornos alimentarios.

La importancia de la familia
Uno de los aspectos centrales de la gestión de los casos de personas con conductos vinculadas a los trastornos alimentarios es el entorno. En este ámbito, la familia juega un papel clave. Su implicación sirve «tanto a la hora de prevenir como a la hora de ayudar una vez se ha desarrollado» el TCA, ha reivindicado Sara Bujalance.
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