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Aurea Ayón, treballadora de la llar, amb el davantal

Trabajadoras del hogar: "Cuando los hombres hacen un trabajo feminizado se les profesionaliza, nosotros tenemos que dar gracias para trabajar»

Aurea Ayón, trabajadora del hogar, con el devantal «Tengo derecho a tener derechos» bordado per ella.

Trabajadoras del hogar:«Cuando los hombres hacen un trabajo feminizado se les profesionaliza, nosotros tenemos que dar gracias para trabajar»

Trabajadoras del hogar y de los cuidados piden que se «dignifique» un sector precario agravado por la pandemia

Actualizada 06/03/2021 a las 09:46

Trabajadoras del hogar, de los cuidados y de servicios de atención domiciliaria denuncian la precariedad del sector y aseguran que la pandemia lo ha agravado. Aurea Ayón (40), trabajadora del hogar en una cooperativa y miembro del sindicato Sindillar, dice que se encuentran «desprotegidas». «Cuando los hombres entran en un trabajo que hacemos generalmente las mujeres, a ellos sí que se los profesionaliza», se queja, y lamenta que las mujeres casi tienen que dar las gracias por trabajar. Pilar Nogués (52) es trabajadora del Servicio de Atención Domiciliaria (SAD) de Sant Feliu de Llobregat y presidenta del sindicato SAD de cuidadoras municipales de toda Cataluña. Ellas también piden que se las «dignifique» y defienden que hay que remunicipalizar el servicio.
Ayón recuerda en declaraciones a la ACN que la crisis del coronavirus y el estado de alarma cayó como una jarra de agua fría a muchas mujeres trabajadoras del hogar, que limpian casas o cuidan personas mayores o dependientes, tanto en domicilios como en residencias.

«En muchas nos despidieron a través de Whatsapp, nos decían que ya no necesitaban nuestros servicios...», relata. En su caso particular ella no fue despedida pero sí que vio cómo se reducía su jornada laboral y eso repercutió en su economía. Eso sí, cuando ya pudieron trabajar tenían que comprarse ellas guantes y mascarillas para no contagiarse.

Otras compañeras del sindicato, que aglutina mujeres en diferentes situaciones laborales, fueron despedidas para pedir material o un reconocimiento similar a un ERTO. «Estamos expuestas a eso», lamenta. Según ella, sigue estando en «la impunidad» porque son trabajadoras del hogar y de los cuidados.

Afirma que tanto las mujeres en situación regular como las que no tienen papeles se encuentran «desprotegidas» y «olvidadas» y exige que los cuidados «dejen de ser parte de la vida privada».

Pilar Nogués, del SAD de Sant Feliu, asegura que las cuidadoras municipales vivieron los inicios de la pandemia con «mucha angustia», sobre todo porque atienden personas vulnerables. Reivindica el reconocimiento del servicio que hacen como a sociosanitarias de atención domiciliaría y afirma que la precariedad la sufren «de hace tiempo» pero ha empeorado en el último año.

Al inicio, señala, empezaron a trabajar sin mascarillas, después la empresa dio una a la semana y poco a poco y a base de reclamarlo las trabajadoras consiguieron una al día y han ido mejorando en dotación de epis. De hecho, al fin y al cabo motivó que varias trabajadoras se coordinaran en plena pandemia para unirse en un sindicato, el sindicato SAD de cuidadoras municipales, presentado hace sólo unos meses.

El problema, desde su punto de vista, es que los ayuntamientos externalizan los servicios de cuidados «a los peores postores», empresas que «sólo tienen afán de lucro y no aportan nada». Como ejemplo, explica que no han recibido ningún tipo de formación en covid.

Condiciones laborales
Preguntada por las condiciones, Nogués se queja de que las jornadas son partidas y en ningún caso llegan a las 37 horas semanales. «Ni podemos hacer conciliación ni podemos buscar otro trabajo para complementar sueldos bajos», apunta, y los sitúa en 600-700 euros mensuales.

También señala como con la externalización se ha perdido la figura de la trabajadora familiar y en lugar de un equipo interdisciplinar están «solas» con el usuario. «Las coordinaciones de las empresas sólo son para decir dónde tienes que ir y a qué hora», resume. Para reconocer a las trabajadoras se las tiene que «dignificar», dice, y para dignificarlas la única manera es «acabar con las externalizaciones».

El Aurea Ayón afirma que entre las mujeres Sindillar hay contratado por familias, por ETT o incluso autónomas, pero la mayoría trabajan para familias. Muchas, dice, trabajan en economía sumergida y se encuentran con problemas. Por ejemplo, menciona el hecho de que a las familias no se hacen inspecciones de trabajo o incluso puede haber casos de racismo o acoso que queden impunes por el miedo de las mujeres a ser deportadas.

Desde el sindicato de trabajadoras del hogar piden derecho en paro, a las bajas por maternidad, a la ley de riesgos laborales y a una jubilación contributiva. También piden eliminar la ley de extranjería y que el gobierno español se implique y aporte una parte de la contratación de estas trabajadoras, por parte de familias.

Durante los últimos meses, mujeres como el Aurea han podido salir adelante y pagar el alquiler gracias a la autoorganización de Sindillar, que creó una caja de resistencia para recaudar fondos.

El lunes hará huelga y tiene claro que es un día para «visibilizar» su lucha.
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